Del conflicto nació un escritor

Del conflicto nació un escritor

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martes, 10 noviembre 2020
Entrevistas

Por: Valentina Quintero

Unab Radio · Entrevista Sergio Andrés Pérez Lozano

Para nadie es un secreto que el conflicto armado en Colombia ha dejado más de 7 millones de personas desplazadas por la violencia. Esa violencia que acabó con vidas, hogares, escuelas y pueblos enteros.

Esa fue la vida de Sergio Andrés Pérez Lozano.

“Yo nací en el municipio de San Vicente de Chucurí, en el municipio cacaotero de Colombia”.

En 1985 nació Sergio Lozano en una vereda llamada La Plazuela, que en los años90 fue azotada por la violencia de las guerrillas y los paramilitares.

“Para más o menos en los años 90 el conflicto armado en Colombia se empezó a acrecentar en todo el territorio y más en San Vicente”.

San Vicente de Chucurí es el cuarto municipio de Santander con más víctimas de desplazamiento; y el sexto con más reclamaciones de restitución de tierras, según informes de la Defensoría del Pueblo y la Unidad de Restitución de Tierras.

Su madre, Sara Lozano, era enfermera de un puesto de salud en la vereda La Plazuela donde ella debía atender a la población cercana sin importar su ideología política.

“Ella debía recibir a cualquier persona sin importar su ideología, sin importar de donde provenía, sin importar quién era”.

En las veredas de este municipio los chucureños eran tildados de guerrilleros”, de manera que, en los noventa los bombardeos fueron más intensos.

En una de esas masacres la mamá de Sergio Pérez se vio obligada a auxiliar a unos combatientes, sin saber que ese sería el motivo para dejar su hogar.

En ese entonces, algunas brigadas del Ejército Nacional pasaban con listas en mano por la zona rural, acusando a los campesinos de pertenecer a grupos al margen de la ley, lo que provocaba que muchos dejaran sus parcelas y se refugiaron en los Albergues de Campesinos Damnificados por la Guerra.

La familia de Sergio Lozano recibió muchas amenazas de muerte…

“Y pues por esa situación que tuvo ella inconvenientes con otras personas de otro bando, entonces recibió amenazas y por esas amenazas tuvimos nosotros que salir de La Plazuela”.

Como si fuera poco, el hermano mayor de Sergio, Jaider Fernando Lozano, sufrió un accidente en la espalda y su mamá tuvo que lidiar con el cuidado de su hijo mayor y las intimidaciones de grupos armados.

De un día para otro Sergio, su mamá, y hermano mayor y menor dejaron San Vicente de Chucurí y recorrieron de una manera particular el país…

“Nosotros fuimos protegidos por el Estado y el Estado nos llevó a Cúcuta, nos llevó a Sabana de Torres, nos llevó a Barrancabermeja”.

Fue un momento que Sergio no comprendía a su corta edad y se preguntaba constantemente cuando volvería a la vereda.

“Como que se empieza a preguntar porque no regresamos a la casa, porque no regresamos a la vereda, que porque no continuamos con lo que estábamos haciendo antes”.

Una de las cosas que más le costó a Sergio fue adaptarse a ese modo de vivir, pues era un niño de 11 años que no tenía amigos, juguetes ni televisión.

“Claro, fue terrible porque yo recuerdo muy bien que tenía una vida establecida donde tenía mis juguetes, mis libros, donde veía televisión y de un momento a otro sin saber porque, pues no conocía nada, sin saber ni entender que era lo que sucedía, pues tuvimos que salir, así como tan deprisa, tuvimos que de la noche a la mañana levantarnos normal y en la noche ya estar en otro lugar”.

Los primeros meses los pasó en un cuarto de hotel en Cúcuta donde no podía recibir visitas ni tampoco ver o hablar con alguien.

“Pues yo me la pasaba solo, sin juguetes, porque no teníamos nada. A mi mamá no la dejaban entrar ni salir, ni nada, no nos dejaban recibir visitas de nadie, ni de familiares”.

En medio de la soledad y el aburrimiento Sergio empezó a escribir historias y cuentos que invadían sus pensamientos. Escribía vagos bocetos de lo que hoy son sus novelas publicadas.

“Y en esa misma soledad fue que yo también empecé a desesperarme porque no tenía juguetes, no tenía televisión, no tenía libros. Y pues ahí fue donde de cierta forma se empezó a desbordar mi imaginación”.

Lo que empezó como entretenimiento y salida de escape terminó siendo su actual profesión.

“Empecé a crear mundos ficticios, imaginarios, situaciones imaginarias, y eso creo que fue el fortalecimiento de mi habilidad para crear historias”.

En su adolescencia le costó mucho socializar y hacer amigos pues era un poco introvertido. Su situación de la infancia no lo ayudaba.

“Pero yo seguía siendo muy retraído, muy ensimismado, entonces tenía pocos amigos”.

Las cosas cambiaron cuando llegó a Girón: su mamá consiguió trabajo, Sergio terminó el bachillerato y amplío su círculo de amigos.

“Pues soy un poco más expresivo, soy un poco más amigable, soy un poco más abierto, pero porque también comprendí es que uno no puede lograr las cosas solo”.

Sentado en el parque principal de Girón, su actual hogar, Sergio mira la copa de los árboles y recuerda con tristeza y nostalgia esa época solitaria que vivió encerrado.

“Claro, a veces me pongo a imaginar y a recordar esos momentos siento mucha nostalgia, pero también mucha tristeza porque tenía más o menos 10 años para ese momento y estaba encerrado, y dure un tiempo encerrado en donde no podía ni siquiera hablar con nadie, no podía salir a un parque, no podía comerme un helado, no podía vivir la vida que viven los niños normalmente”.

Ahora escribe sobre el conflicto armado en Colombia, pero no relatando las
muertes y masacres que ha dejado esta era de violencia, sino una nueva visión enfocada a cambiar las acciones del día a día para que esto no se repita.

“Dejando esos rencores, esos odios, para cambiarlos ahora por una idea de que se puede trabajar haciendo el bien hacia los demás.”

Aparte de su trabajo como escritor y docente de literatura, también apoya las luchas sociales, que son evidentes en sus novelas. Aunque sus personajes son ficticios se asemejan mucho a la realidad pues buscan la forma de ayudar a la comunidad a resolver un problema, así como él lo hace en la vida real.

“Que en el país todavía, a pesar de que se haya firmado un acuerdo de paz, pues todavía vivimos un conflicto, y ese conflicto quiere volver a renacer, están surgiendo nuevos grupos, está surgiendo una nueva violencia, y esa es la violencia que nosotros debemos detener”.

Aunque muchas personas le hacen la misma pregunta sobre el peligro que corre por ser un líder social, Sergio siempre tiene la misma respuesta.

“Sergio, pero usted porque se dedica a esas cosas, a ayudar, si eso le puede
generar un peligro. Y pues yo digo no tanto, porque lo único que yo hago es
motivar y trabajar para que todos puedan, de forma en conjunto, pues defender sus propios derechos”.

Él junto con algunos de sus conocidos hacen parte de un equipo que se encarga de proteger de manera ambiental y social el municipio de Girón. En sus manos y voz tensa se manifiesta su descontento con algunas de las entidades del gobierno que no cumplen su labor.

“También pues en el país pareciera que las instituciones que dicen o tiene como función proteger los recursos naturales y proteger a la población no estuvieran cumpliendo con esa función”.

A lo largo de su labor como líder social y docente ha presentado varias quejas y tutelas. Una vez que gana una, no puede parar.

“Lo que pasa es que cuando uno da un paso, luego sigue el siguiente y el
siguiente y uno ya no sabe cómo parar”.

Ese pensamiento crítico y de lucha lo cultivó en la Universidad Industrial de
Santander, donde Sergio se gradúo como Licenciado en Español y Literatura.

Cuando la comunidad tiene algún problema, Sergio está listo para empezar a redactar tutelas.

“En donde la comunidad me dijo que como podíamos pasar una tutela y yo les dije pues yo la redacto. Yo he ganado una batalla, se sigue con la otra, y así seguimos nosotros. Pues no digo que todas las batallas las hemos ganado, pero en esas nos encontramos”.

No hay asomo de dolor en los ojos de Sergio Andrés Pérez Lozano cuando habla del presente. Pero sí cuando recuerda los momentos de soledad en su infancia, las tragedias de su pueblo y las batallas que ha perdido tratando de ayudar a la comunidad.

“Sin embargo la vida es de estar equivocándose y de estar siguiendo”.

Hoy Sergio no guarda rencor con la infancia que vivió y al contrario agradece por todo lo que pasó, pues gracias a eso su amor por el arte y la literatura sigue vivo en cada página que escribe.

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