El arte como manifestación feminista

El arte como manifestación feminista

Like
86
0
Viernes, 26 Abril 2019
Noticias

El empoderamiento femenino ha tomado una gran fuerza en Bucaramanga, así que actualmente han surgido diferentes agrupaciones que, a través del arte, buscan reivindicar la igualdad de género, tal y como lo hace “La Colectiva”, un equipo de 7 mujeres artistas que en los últimos dos años han presentado exposiciones dedicadas a reconocer la importancia de la mujer en la ciudad. Este año La Colectiva presenta Sin-Vergüenzas, una muestra artística que parte de la investigación de la antropóloga Virginia Gutiérrez, denominada: honor, familia y sociedad de la estructura patriarcal, y en este caso, la exposición pretende relacionar tal concepto de familia con la tradición en Santander para entender cómo se construye la identidad regional a partir de la familia.

Esta es la historia de Klaudia Amorocho, una artista plástica de 43 años e integrante de La Colectiva, que se ha encaminado en esta búsqueda de la igualdad de género a través de diversos proyectos y experiencias personales que han significado mucho en la construcción de su trayectoria de vida.

Klaudia Milena Amorocho Galvis nació en Bucaramanga el 8 de abril de 1973 y vivió la mayor parte de su vida en el municipio de Floridablanca, Santander. Hizo su primaria en el Colegio Liceo Patria de la Quinta Brigada y su infancia transcurrió entre la ciudad y el campo, donde disfrutó gran parte de estos años en ambos sectores y vivió las mejores experiencias de su niñez, pues su padre fue caficultor en una finca de Rionegro.

“Digamos que ese era como el orden de las cosas, siempre vacaciones, todo ese tiempo era para la finca. Eran como los dos espacios donde convivíamos y pues con esa cultura del campo también. Fue muy agradable, yo creo que de las mejores experiencias fue haber tenido esos años de vida y disfrutar no solamente de lo que es la ciudad sino del campo, de todo lo que se hacía allá”

Varios años después, cuando Klaudia inició el bachillerato, su familia entró en una época de tensión y temor pues nunca se imaginaron que vivirían la guerra de una forma tan directa. Un día, su padre llegó a la casa en una hora un tanto inusual, y era extraño que él arribara de esa forma y más con unas personas desconocidas, así que reunió a su familia en el segundo piso, mientras mantenían la inquietud de saber por qué esos sujetos, además de ser extraños, estaban armados en su casa.

 “Nos dijo “bueno, quiero que sepan que ellos son guerrilleros, son de las FARC, quieren saber dónde vivimos, qué hacemos, y tienen que alistarse porque el comandante quiere que vayamos todos allá. Entonces vístanse porque nos vamos para la finca”.

Su familia, luchando contra esta desesperación que tardó unos cuatro largos años, llegó a ser víctima de secuestro e incluso de amenazas y acoso tanto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, como de las Fuerzas Armadas, pues durante varios meses las FARC no les permitieron salir de su casa o hacer ciertas cosas sin el permiso de quien los tenía retenidos allí, pues querían evitar que el Ejército descubriera los actos ilegales que realizaban en la finca de los Amorocho.

“Una de las guerrilleras se vino con mi papá y venía a hacer no sé qué cosas y nos tenían en la casa, no podíamos abrir las ventanas ni contestar el teléfono, ella contestaba el teléfono, si íbamos a salir a alguna parte ya no le pedíamos permiso a mi mamá sino a ella para poder salir. En fin, fue bastante tremendo”.

Además, su papá fue considerado un auxiliar de la guerrilla y tuvo que establecerse en los límites con Venezuela durante unos meses para evitar que los paramilitares le arrebataran su vida, por lo que este período fue de extrema preocupación para toda la familia de Klaudia.

“Tener una guerrillera en la casa hacía que, si a él le pedían que tenía que llevarlos o transportarlos, o si tenían que comprar unas drogas y entregarlas en Sabana de Torres por allá a media noche, se lo llevaban. En fin, a él le tocaba hacerlo porque había una persona en la casa”.

Finalmente, lograron deshacerse del poder de las FARC cuando su padre le vendió la finca a uno de los cabecillas de ese sector a un precio muy injusto, con la condición de nunca volver allí. Hoy en día se encuentra bajo un proceso de reparación de víctimas y restitución de tierras por el daño que esos años le ocasionaron.

“Fue muy muy duro de todas maneras vivir ese conflicto, muy complicado, aunque no estábamos allá todo el tiempo, sí lo sentíamos mucho”.

Sin embargo, toda la disputa contra este grupo insurgente no fue un impedimento para que Klaudia cimentara su amor por el dibujo, pues el acercamiento a la naturaleza durante su infancia y adolescencia le permitió aproximarse cada vez más al arte en todo su esplendor, ya que aprovechó los materiales orgánicos que podía encontrar en su finca como hojas, ramas o piedras, y así crear sus propias obras de arte.

“Recogía cosas y en mi tiempo me ponía y las dibujaba, o recuerdo, desde niña hacía como mini instalaciones en piedras y empezaba a recoger piedras y les ponía flores, y les ponía palos”.

Cuando Klaudia culminó el bachillerato en 1989, su familia vivió una fuerte ruptura pues sus padres se divorciaron. Además, aumentó su preocupación por producir y hacer algo con su vida. Klaudia no pudo iniciar sus estudios en las artes pues en la ciudad no había una carrera profesional dedicada a eso, así que a sus 16 años de edad empezó a trabajar como auxiliar de odontología y luego optó por estudiar tecnología empresarial en la Universidad Industrial de Santander a distancia porque trabajaba tiempo completo y el día de descanso lo mantenía ocupado en otros asuntos laborales, así que temporalmente dejó un poco las artes para concentrarse más en sus ocupaciones.

“Entonces digamos que eso quedó en ‘stand by’, solamente como mis intenciones personales de dibujar o hacer cosas así”.

Klaudia trabajó varios años en diferentes empresas y cuando, a sus 22 años de edad laburaba en una agencia de viajes, tuvo la oportunidad de viajar al exterior unas cuentas veces, como a Europa y Estados Unidos, y pudo conocer diversos museos que la inquietaban por las obras que allí habían, siendo unas visitas asombrosas que ayudaron a fortalecer esta relación estrecha con el arte. En estos viajes, ella se escapaba de donde se reunía con sus compañeros porque no le interesaba mucho lo que ellos hacían, así que ese tiempo lo aprovechaba para visitar los diferentes espacios artísticos de las ciudades que recorría.

“Mi locura era poder mirar las obras de todos esos artistas que yo había conocido por los libros, entonces para mí fue espectacular eso”.

Cuando se casó en 1997, fundó una empresa con su marido. Y en ese entonces surgió un programa no formal de bellas artes en la Universidad Industrial de Santander, por lo que su familia la apoyó incondicionalmente cuando a sus 28 años de edad ella decidió iniciar este curso, y a su esposo también le encantó la idea porque siempre reconoció sus intenciones en el dibujo, por lo que la ayudó en este desarrollo y en su necesidad por los materiales de trabajo. No obstante, muchas personas no lo tomaron tan en serio porque según ellos, Klaudia estudiaba artes plásticas como algo complementario, un pasatiempo, pero ella quería demostrar que sí quería desempeñarse en el arte por completo.

“Pero muchas personas decían “bonito el hobby, chévere el hobby que tiene”, a mí me molestaba muchísimo porque aún yo no estaba 100% en el arte, pero es que no es mi hobby, es lo que me encanta, es mi vida, o sea, yo quiero eso”.

Empezando el programa de bellas artes en 1998, Klaudia sentía una felicidad indescriptible porque estaba haciendo lo que soñaba desde hace muchos años.

“Era una felicidad total, de poder encontrar y empezar algo que me encantaba desde hace muchos años, entonces obviamente empezar a estudiar en la universidad, mayor”

 Sin embargo, muchos de sus compañeros y docentes fueron despectivos tanto con ella como con otras mujeres que iniciaron estos estudios ya casadas o siendo mayores porque las catalogaban como “las señoras del programa” y no creían que ellas estaban allí porque les apasionara el arte, sino que tenían un hobby. Pero esto no fue un obstáculo para que Klaudia siguiera centrada en lograr una de sus más grandes metas, pues a ella esos comentarios no le afectaron en lo absoluto.

 “A mí me da risa porque para muchas personas fue muy duro ese señalamiento de las señoras que iban a la universidad”.

Además, logró destacarse entre el resto de sus compañeros con notas altas en las materias más complejas por ser muy dedicada en su estudio y por supuesto, por su talento en el dibujo.

“Como lo mío era el dibujo, las clases más duras que habían, y era uno de los profesores más tremendos que teníamos que era Carlos Eduardo Serrano, es un gran artista, todo el mundo se quedaba en esas materias. Mis materias con él todas fueron cinco”.

El programa se vio bajo una serie de modificaciones y la universidad optó por formalizarlo para que las personas que se preparaban allí, pudieran graduarse como profesionales en artes plásticas. Por lo tanto, mientras Klaudia estudiaba, tuvieron que suspender el curso por un año para luego retomarlo con normalidad.

Después de 7 años de estudio se graduó en el 2005 como maestra en artes plásticas y siguió trabajando en la empresa con su marido como jefe de producción, hasta que se divorció en el año 2009 pues su matrimonio fue un completo caos aunque estuvo interesante empezando, tuvieron la casa de sus sueños, empleos estables y una situación excelente en cuanto al dinero, pero la ambición por parte de su esposo hizo que la relación decayera pues él creó vínculos con políticos y Klaudia detestó eso, por lo tanto,  su divorcio fue un poco devastador y complicado.

“La verdad ya ni me acuerdo, a veces yo no me acuerdo que me casé esa vez. Desastroso hasta con juzgado de familia, fiscalía y demás”.

Así que, dejó de laburar con su exmarido y tuvo que iniciar un proyecto independiente en el que se ha desempeñado exitosamente hasta ahora.

Esta iniciación individual le ha generado muchos inconvenientes a Klaudia en cuestiones de género pues desde su experiencia, ha intentado luchar fuertemente por obtener una igualdad en cuanto a oportunidades para las mujeres que afrontan diferentes dificultades, siempre sosteniendo posiciones feministas para lograr tales objetivos.

“Todas las mujeres deberíamos considerarnos feministas. Desafortunadamente tenemos un problema educativo, no tenemos la información, la mayoría de mujeres no comprenden, primero las luchas que se han dado para tener siquiera la oportunidad de estar nosotras dos sentadas hablando de nuestros proyectos profesionales. Digamos que, en mi vida, he experimentado como todas esas cargas pesadas de la lucha de la mujer en la sociedad y estar uno solo, sacando un proyecto adelante, con toda la cantidad de dificultades que tienes simplemente por el hecho de ser mujer”.

A pesar de estas limitaciones e injusticias de desigualdad, Klaudia se ha mantenido fuerte y empoderada al momento de llevar a cabo todos sus proyectos y propuestas laborales.

“Creo que, desde que empecé y seguí en mi proceso, siempre pensé que he podido. O sea, que uno puede. Hay que lucharla duro para salir adelante, tanto el medio económico no es fácil, la credibilidad de la gente no es fácil, que los clientes entiendan que, si tú estás prestándole un servicio como mujer, es como profesional, no como mujer”.

Asimismo, superando las dificultades y tras la experiencia artística que Klaudia había forjado a lo largo de los años, en varias ocasiones se encargó de plasmar en un lienzo a través del impresionismo abstracto, tal problemática social y algunas de las situaciones que ella vivió directamente. Una vez, cuando trabajó en el ejército y tuvo que llevar una cuenta de cobro de un trabajo que había hecho, todo el tiempo vivió acoso por parte de la persona que la estaba contratando, pues le escribía insistentemente por whatsapp, la invitaba a viajar, le decía que era la mujer más hermosa del mundo, pero Klaudia siempre se mantuvo firme y negaba todo lo que él le pedía. Pero el último día de su trabajo, cuando fue a cobrarle, el hombre cerró la puerta, pasó su mano por detrás del cuerpo de ella, tomó su cuello y la besó a la fuerza.

“Me había podido violar ahí, era un tipo, un militar, y yo estaba sola. O sea, eso no debería ocurrir”.

Pero es claro que Klaudia no era la única mujer con estas inquietudes en cuestión de género, pues varias artistas plásticas que ella conocía, también mantenían tales inconformidades, así que, en el año 2016 surgió un grupo feminista de artistas para trabajar directamente este problema.

“Por eso pienso que, el estudiar acerca del tema y encontrar mujeres que, artistas también, tienen ese interés también por seguir apoyando a mujeres que aún están como en ese limbo, que quieren salir de esa opresión que tienen me parece interesante. Creo que es una función muy necesaria que debemos hacer”.

Así es como se creó ‘La Colectiva’, un equipo compuesto por siete mujeres, como una iniciativa que gira en torno al arte, donde la prioridad de estos personajes se centró en reunirse regularmente a investigar, estudiar y charlar sobre arte en sí, estar al tanto de la escena y discutir sobre el papel de la mujer en el espacio artístico, para intercambiar ideas y propósitos de manera didáctica con el fin de dar paso a proyectos donde exponen sus diferentes obras contemporáneas.

“Para una ciudad como la nuestra y para nosotras el hecho de ser mujeres artistas en Santander no es una tarea fácil. Los escenarios por lo general siempre han estado marcados por la presencia masculina, sin que eso quiera decir que odiemos a los hombres o algo así. Era como esa preocupación, tenemos que estar activas, entonces reunámonos”.

Además de juntarse para conversar, anualmente preparan una exposición artística que muestra obras de instalación, pinturas, esculturas, fotografías, entre otras, en las que dan a conocer sus intereses y experiencias personales, mensajes de reflexión para la sociedad y todo tipo de obstáculos que todavía le impiden a la mujer desarrollarse eficazmente en un mundo como el nuestro. Por ejemplo, la primera obra que Klaudia hizo para La Colectiva en la exposición Materiales, decepciones y malos comportamientos, en el año 2017, fue un escaparate de cajones donde puso historias de todas las cosas que le habían ocurrido cuando empezó a trabajar, un resto de cajones de secretos con diferentes fotos representativas de algunas partes de su cuerpo como su espalda, pies, manos, y las personas debían agacharse y asomarse para intentar leer todo lo que allí había.

“Por ejemplo, la primera obra que hice para la colectiva era un escaparate de cajones en donde ponía historias de todas las cosas que me habían pasado empezando a trabajar, era como un resto de cajones de secretos, entonces todas esas historias las contaba entre mis cajones así escondidos y la gente empezaba, entre objetos e historias a tratar de leer por los lados todas esas cosas. Entonces, esa ha sido como mi preocupación, no tenemos que seguir callándonos y diciendo cosas que pasan, ni tenemos que aguantar, esa no es la idea”.

Sus muestras artísticas han sido un completo éxito y la cantidad de asistentes aumenta considerablemente a medida que pasa el tiempo, siendo este un motivo que alienta a La Colectiva a seguir haciendo arte y a transmitir un mensaje de transformación a la sociedad.

“Nuestras exposiciones han sido lindas. Hemos tenido mucho apoyo del público”.

Sin embargo, no solo trabajan en espacios cerrados donde presentan sus obras terminadas, sino que, en ocasiones, se toman lugares públicos para convocar a más mujeres a que participen de las actividades que realizan en tales sitios, como hicieron una vez una acción performativa en el parque Santander, donde unas 50 mujeres aproximadamente se sentaron a bordar en silencio alrededor de las integrantes de La Colectiva.

“Precisamente esos oficios ancestrales que le daban la posibilidad a la mujer de compartir y de tener un momento como de apoyo, casi que de terapia. Entonces esa era como esa idea”.

El trabajo en conjunto con otras artistas también ha sido clave en la formación de público, para así llegar a los resultados que desde sus inicios han querido obtener, pues invitan a estas artistas a que participen en los proyectos con sus obras y propuestas, pues siempre son bienvenidas tales contribuciones.

“Hemos tenido otras artistas que han participado en nuestras exposiciones como invitadas al proyecto. La idea es que, tal vez hay como un grupo base, y no estamos cerradas a la participación de otras artistas que quieran formar parte de alguno de los proyectos nuestros”.

Tanto Klaudia como sus colegas, pretenden que, a través de todas las obras artísticas que realizan, el arte sea una herramienta para señalar toda esta problemática y cómo el papel de la mujer es realmente valioso en la sociedad.

“Para mí, el arte no soluciona ni dice sino, cuestiona. Entonces es cuestionarnos desde esos puntos de vista, también es mirar cómo, si nos damos cuenta, las mujeres han sido, alrededor de todo el mundo, capaces de construir comunidades completas. A nivel social tenemos mucho que hacer todavía por una nivelación en cuanto al trabajo de la mujer”.

Además, de generar duda en la gente.

“Que empiece a dudar de sus propios procesos, que empiece a dudar de su propio lenguaje, que empiece a dudar de si, la forma en que yo estoy viviendo y le estoy aportando a la sociedad como padre, como madre, como jefe de una empresa, como mujer, como trato a las otras mujeres, como me trato a mí misma, es la forma correcta”.

Trabajar en equipo ha traído muy buenas consecuencias y una grande enseñanza en este colectivo, pues han logrado entenderse las unas con las otras y esto genera un avance muy importante en la realización y producción de sus proyectos como grupo.

“Somos muy diversas, pero tenemos muy claro como la lealtad entre nosotras y el apoyo, hemos aprendido a confiar la una en la otra y a dirigir lo que nos toca”.

El pertenecer a una agrupación como esta ha aportado significativamente en la vida de Klaudia, pues le permite desarrollar sus habilidades artísticas para mostrarle a la comunidad todo su talento mientras desnuda una parte de su interior, de sus miedos, de sus sueños y de su historia.

En el año 2018, Klaudia volvió a contraer matrimonio con un hombre que, hasta el momento, la apoyado fuertemente con todos sus objetivos y cuentan con una linda familia compuesta por ellos dos y dos perritos.

“Es bonito, pero, la verdad no me importa mucho si les gusta o no”.

En cuanto a lo académico, Klaudia sigue preparándose y aprendiendo cosas nuevas, pues en estos años ha realizado diferentes estudios que han complementado su labor en el arte, como un seminario de tecnologías aplicadas a la educación en la Universidad Southeastern en Estados Unidos y otro de dibujo especializado con el maestro Miguel Moyano. Actualmente, trabaja en su línea de diseño de espacios interiores, también hace parte de la realización de proyectos en el Instituto de Vivienda de Interés Social y además quiere seguir forjando la parte de museografía o diseño de museos, ya que ha diseñado dos museos, el Museo Guane de Floridablanca y el Museo Antropológico de Zapatoca.

“Pues tener ya dos museos hechos para mí es un, no sé, un logro muy grande y haberlo logrado en tiempo récord para la Gobernación de Santander ha sido algo de lo que me siento muy muy contenta y pienso que por ahí es un nicho que debo seguir”.

Sus experiencias de vida y las de muchas mujeres cercanas a ella han permitido que Klaudia permanezca en la lucha constante de salir adelante sin que interfiera en su totalidad el hecho de ser mujer.

“Toda la vida es como una piedra gigante que uno tiene en frente, y hay que seguirla empujando y tal vez no se mueve, pero tal vez a uno no le corresponda hacerla mover. Pero mientras tú la empujas, te vuelves más fuerte, te vuelves más seguro de ti mismo, aprendes a ser resistente, aprende a ser resiliente”.

Hoy en día se siente muy satisfecha con sus logros, ha alcanzado la felicidad y cuenta con el apoyo de sus allegados, pero se seguirá formando artística y personalmente tanto en su vida laboral individual como en su aporte a “La Colectiva”, pues aún tiene muchos años por delante para así dejar una fuerte huella y una enseñanza en la sociedad, porque todas las mujeres son mucho más firmes y poderosas de lo que aparentan.

Por María Lucia Bayona.

@velvetmals

Comments are closed.