La crisis humanitaria que genera la economía de Venezuela, contada por venezolanos

La crisis humanitaria que genera la economía de Venezuela, contada por venezolanos

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Lunes, 29 Abril 2019
Noticias

La migración masiva de Venezuela es un tema que impacta a todo el globo terráqueo. El éxodo de los venezolanos es el mayor fenómeno de peregrinación de Latinoamérica en los últimos 50 años.

Existieron otros desplazamientos masivos como el que vivió Centroamérica en los años 80. Entre uno y dos millones de personas huyeron de su país, pero la diferencia en estos fenómenos se apoya en que la emigración se dio en tres países diferentes. Nicaragua, El Salvador y Guatemala fueron los protagonistas.

Otra diferencia se encuentra en el periodo en el que se desarrolló este fenómeno, pues constituyó una década y media. Mientras que, en un solo día de julio del 2018 hasta 50.000 venezolanos atravesaron la frontera de Colombia.

A principios del presente año, las agencias de la ONU para los refugiados y los migrantes, estimaron que 3,4 millones de personas con nacionalidad venezolana abandonaron el país. La anterior publicación estimaba una cifra de 3 millones de personas.

Esto quiere decir que entre noviembre del 2018 y febrero del 2019, 400.000 venezolanos se reubicaron en otros países. Latinoamérica y el Caribe recibieron 2,7 millones de venezolanos, y Colombia es el principal asilo.

Si tenemos en cuenta estos miles de historias de vida, tal vez podamos entender a un pueblo golpeado por la necesidad. Es que nada más cómo llegan y por qué llegan es toda un infortunio.

En un recorrido de 189 kilómetros por el que muchos venezolanos tienen que caminar, ellos atraviesan diferentes dificultades para llegar a la ciudad bonita de Bucaramanga. Pero, ¿cuáles son las principales razones para hacer estos sacrificios?

Hoy, se narra la problemática desde la perspectiva de los venezolanos, con fragmentos de 5 historias, que cuentan sus causas para migrar, los sacrificios que conlleva este hecho y las angustias de llegar a una ciudad desconocida. 4 hombres valientes y una madre, son los protagonistas de estas historias.

“Me llamo Álvaro Higuera. Me llamo Jesús Adolfo Álvarez Sánchez. Mi nombre es Obduber Martínez. José Ángel Meza Acosta. Génesis Soto Nacer.”

La crisis humanitaria de Venezuela es generada por un desfalco económico. Todos los entrevistados coincidieron con que lo que vienen a buscar, es algo tan básico como la comida. Teóricos como Carlos Giménez Romero, definen las causas de la migración por la penuria de satisfacer las necesidades básicas del humano.

La moneda de Venezuela ha sufrido una fuerte devaluación al punto que los productos de la canasta básica familiar se permean inalcanzables. La primera desvalorización que precede a venezuela, se dio en el famoso Viernes Negro, que fue en 1983 y está antecedido por la caída de los precios del petróleo.

Desde aquel día, el bolívar sufrió fuertes devaluaciones, los precios en Venezuela crecieron en una tasa de 2 dígitos por año. Actualmente la hiperinflación que vive Venezuela, sobrepasa a los otros países.

Para esclarecer este punto, es posible hacer un símil con Colombia. En el último año los colombianos tuvieron una inflación de 3,18%, información basada en la variación de los precios de la canasta familiar, bienes y servicios.

Mientras que en Venezuela, el diputado de la Asamblea Nacional, miembro de la Comisión Permanente de Finanzas y Desarrollo Económico, anunció una inflación anual de 2.688.670%   sobre el precio inicial de los productos.

Además, algunos venezolanos aseguran que faltan productos así se tenga el dinero para comprarlo. Álvaro Higuera es uno de ellos.  

“O sea así el anaquel o el almacén estuviera lleno de esos productos solo podías llevarte o uno o 2 por personas, así tuvieras todo el dinero del mundo.”

Álvaro lleva ya dos años en Bucaramanga. Fue en el 2017 cuando arribó en la ciudad. Paradójicamente, las causas son tan simples como complicadas, pues según sus propias palabras “no hay como vivir”.

La crisis de Venezuela afecta a casi todos los patriotas de diferentes formas. Si nos fijamos en el rango de edad esta perspectiva puede variar, pero estos cinco migrantes coinciden en que el problema radica en la economía del país.

Jesús Álvarez tiene 22 años. Sus proyectos se enfocan en la formación como músico, pero la situación lo obligó a migrar y dejar sus estudios en Venezuela. ¿Qué es lo que le hace falta en Venezuela?

“Por la parte educativa pues era muy difícil trasladarse a la universidad. Aparte hubieron muchos paros en la universidad, cerrado yo creo que el más largo fue 2 años. Entonces eso fue horrible, aparte de la comida y que los servicios fallan mucho”

Obduber Martínez, tiene 46 años y una familia en el vecino país. Allá tenía un trabajo, carro y propiedades. Las razones para migrar se asientan en las necesidades básicas de su familia.

“Por problemas económicos. Allá tenía mi propio negocio, todo estable pero ya el sueldo que devengaba no alcanzaba para comer. Somos un núcleo de 4 personas, mi esposa y mis hijos están allá.”

José Meza tiene 31 años. Él llegó a Bucaramanga el 23 de mayo del 2016, impulsado por la idea de formar una familia con su esposa, y huyendo de la falta de progreso en su país natal.

“Decidí migrar porque tenía a mi esposa y queríamos iniciar familia. Me estaba dando cuenta de que las oportunidades de progreso, cada día eran más escazas. EL sueldo todavía alcanzaba, pero las cosas escaseaban”

Pero no todos tienen la suerte de traer a su familia, así como Obduber que tuvo que dejar a su esposa y sus hijos en su casa, con el ánimo de trabajar en Bucaramanga y poder enviarles lo de la alimentación.

Uno de los mayores sacrificios que atraviesa una persona es dejar a su familia atrás. ¿Pero, puede ser el mismo deseo de bienestar hacia ellos, un impulso para hacerlo?, ¿es la familia entonces, una razón para migrar?

Conozcan a Génesis Soto, mujer de 23 años y madre de un niño de 4. Llegó a Bucaramanga al inicio del presente año. Su condición de vulnerabilidad en un país desconocido y sola, la hicieron dudar más de una vez. Entonces, ¿cómo venció su miedo?

“Coraje, yo creo que cuando uno no tiene familia, uno ya no piensa en un uno sino en el hijo. Primera la felicidad de él, delante de la de nosotras.”

La familia, puede ser lo más importante para muchas personas. Tal vez, el mayor sacrificio de todo el viaje es dejarlos atrás. Pero este no es el único en una marcha incierta.

Cerca de 47 horas caminando y sin dormir recorren miles de venezolanos que llegan a Bucaramanga. No todos se quedan en esta ciudad, algunos utilizan la ciudad o el país como puente para llegar a otro destino.

El recorrido no es fácil, la vía Cúcuta a Bucaramanga presentan diferentes desdenes. Sol, lluvias, neblinas y el clima extremo que alcanzan en Berlín, Santander, es trágico para los caminantes

Cabe recordar que no todos llegan por este acceso, pero nada más pasando por la carretera se puede notar la gran cantidad de venezolanos que toman este recorrido. Algunos pueden encontrar gente caritativa que los acerque a un punto, como otros que sí recorren todo a pie. Este es el caso de Obduber.

“Duré 4 días caminando desde allá desde San Antonio hasta aquí. Me dijeron el páramo es frío, me quedé un día antes, a las 4 de la mañana me levanté, empecé a subir como a la 1 2 de la tarde estar en la parte de arriba que no haga tanto frío así y poder bajar.”

Igualmente, si no caminó el caso puede ser otro. Muchos venezolanos han tenido que atravesar la frontera con maleta al hombro, por medio de una trocha y hasta un río. Ese camino está lleno de dificultades, o eso es lo que cuenta José.

“Por el río, entonces fue difícil porque tuvimos que atravesar fincas casi que corriendo, con maleta es mano, porque nos habían puesto de preaviso que nos podía agarrar la guardia venezolana o algún paramilitar.”

Salir de Venezuela, sin los recursos para el transporte e impulsados por la necesidad de conseguir el sustento para sí mismo, o su familia, da cuenta de la insuficiencia en la economía de ese país.

Fue con solo con el impulso, la voluntad y las ganas, que pudieron llegar.

¿Y qué pasó en la ciudad bonita?

Para algunos la malaventura empieza en una sociedad desconocida. Álvaro llegó con su hermano menor, en busca de su tío Bumangués. Se supone que era él quién le iba a ayudar. Pero el caso fue diferente.

“Y precisamente nos estaba explotando. Nos pagaba 15.000 pesos por trabajarle a él desde las 8:00 am hasta las 5:00 pm, vendiendo fruta en un camión, en la calle a la intemperie.”

La explotación laboral es un tema recurrente ante la crisis venezolana. En Bucaramanga, los empleadores se aprovechan de esta llegada masiva y las         dificultades que pasan los venezolanos.

Como lo dice el famoso dicho y lo recalca Génesis “La necesidad, como dicen, tiene cara de perro.”

En este sentido, hay algunos que tienen peor suerte que otros. Álvaro y Jesús son dos claros ejemplos de la utilización excesiva de sus facultades, por poco precio.

Recién llegado, Jesús intentó sobrevivir con sus conocimientos sobre la música, aprovechando sus estudios. Pero el pago era excesivamente bajo.

“Pues dábamos clase por ahí a personas que no tienen mucho interés en la música y les decíamos, bueno, nos paga que si 20 al mes, 30 al mes y le enseñamos lo que quiera.”

Después, la necesidad lo llevó a trabajar en un negocio del cual poco tenía conocimiento. También con un pago mensual bajo, comparado con el salario mínimo vigente en Colombia.    

Pero la tapa vino después, cuando consiguió un trabajo por el que le pagaban 24 mil pesos, por 24 horas.

“A mí me dijeron pues, al entrar, que eso no era un sueldo que era muy poquito, pero que no necesitaban realmente a otra persona. Que si lo aceptaba para que no me quedara en la calle y yo dije, bueno está bien, no hay ningún problema.”

En medio de su nobleza, Jesús se mantiene agradecido con todos aquellos que, según él, le ayudaron. Pues su jefe siempre fue claro con él.

“Hoy en día son amigos míos, y yo no siento que me estafaron porque yo fui el que acepté. No necesitaban más personal.”

Pero es que, ¿qué más puede hacer uno con hambre? Buscar el dinero es primordial. ¿Y qué pasó con Álvaro?

Álvaro es Bartender profesional, con una carrera de gastronomía y énfasis en la  mixología. Después de su trabajo con su tío que no terminó bien, el rebusque y el trabajo informal fue una opción.

“Después nos acordamos de que hubo un tiempo que trabajamos como recreadores en Venezuela, empezamos a hacer mímicas nos pintábamos las caras, éramos mimos. Duramos como un mes en esto, pero hay una ley que prohíbe vendedores ambulantes o que los que hagan show, estén en los semáforos.”

La policía no les permitió seguir, ¿y ahora?, ¿qué hacer? Después de tanto buscar y buscar consiguió trabajo en su carrera. De pronto sí le pagaban el mismo sueldo de los demás, pero se le asignaron tareas que no le corresponden.

“No solamente me tenía de Bartender sino que me tenía de lavatrastos, me tenía de, el que tenía que hacerle mantenimiento a toda la cocina, a los fogones y todo eso. EL que sacaba la basura, el que se quedaba hasta tarde limpiando. ”

Esta problemática de explotación laboral y mano de obra barata, repercute en la economía local. En Bucaramanga, con la llegada masiva de los venezolanos y la falta de papeles el empleo informal aumenta. Actualmente, hay 1050 vendedores informales trabajando en las calles.

¿Por qué aumentó esta cifra? En el 2018, se realizó un censo con el fin de otorgarles un Permiso Especial de Permanencia. Según el registro, a la fecha había más de 30.000 venezolanos en Santander.

Pero el éxodo no paró ahí. El fenómeno masivo continúa y los venezolanos siguen llegando. El problema es que muchos de ellos vienen indocumentados, pasan a la deriva y sin pasaporte.

Nada más en Santander, en el mes de abril del presente año, migración Colombia, reconoce 22.800 personas con pasaporte venezolano. Con el Permiso Especial de Permanencia.

El Permiso Especial de Permanencia, es un permiso que otorga migración Colombia, para permanecer y trabajar en el país, por dos años. Los requisitos para obtenerlo constan de cédula venezolana y pasaporte.

El inconveniente es que muchos venezolanos no pueden conseguir el pasaporte. La verdadera meta de Obduber era que su esposa saliera del país, junto con sus hijos. Pero, después de esperar, solo a él se lo facilitaron. Aclara que él pidió su pasaporte hace 11 años.

“Me llegó a mí, esperamos dos meses a ver si le salía a ella, nada. Tramité el del hijo mío que ya está en la universidad, todavía es menor de edad, pero no le salió. Lo dejé todo pago y dije  no, bueno me tocó venir a mí, tendré que ir.”

Jesús tuvo mejor suerte. Pero no deja de denunciar la corrupción detrás de los pasaportes.

“Y si uno pues paga dinero a ellos, muchas veces en pesos o en dólares, ahí sí aparece el material mágicamente y sí se lo sacan a uno. A mí no me tocó así, yo tuve la suerte de que pude hacerlo por medios legales.”

Pero, los 5 entrevistados están conscientes  de que lo que hacen sus jefes está mal y es ilegal. Cuando se les preguntó ¿por qué aceptar estas condiciones?, las razones de todos están alrededor de la necesidad. Álvaro lo expresa así      

“Creo que tenemos la mentalidad que nos dice o dice que mejor para estar sin hacer nada, un poquito. Entonces es una de las cosas que también tiene el Venezolano, el conformismo, pero yo llamaría esto como un conformismo por necesidad.”

Los 5 también son conscientes de que como migrantes y para sobrevivir en otra ciudad tienen que trabajar duro. El cambio de hábitos también es clave en la definición de la migración.  Para Laura Osso, doctora en sociología, el concepto tiene en cuenta las demarcaciones demográficas administrativas.

Por más cercanos que sean Colombia y Venezuela, la cultura, las costumbres y los hábitos son diferentes. Las personas de cada país se pueden distinguir fácilmente, incluso en la forma de administrar los recursos económicos.

Algo que a los bumangueses les puede parecer común, como ahorrar para los servicios, o no gastar en tanto en ellos. Para José fue algo nuevo. Llegar a Bucaramanga, le enseñó hábitos ajenos.

“Entonces cuando toda una vida en ese despilfarro de servicio. Llegamos acá nos encontramos con que hay que ahorrar, con que se apaga la luz al salir, si no va a estar ahí lo apagas, desconectas el tv si no lo vas a ver. Entonces fue como un choque, pero fue un choque bueno, porque mi esposa como yo aprendimos y sentimos que hemos crecido.”

Pero, no se puede decir que los venezolanos sean ignorantes sobre temas de ahorro. Es solo que, en su país no estaban acostumbrados a pagar servicios, y después de tantos años se encuentran con algo nuevo.

Álvaro y su hermano menor, desde el primer momento que llegaron a Colombia tenían claro que necesitaban ahorrar. Su meta era traerse a sus padres de Venezuela, y la cumplieron.

Primero les mandaban dinero para sus necesidades básicas. El dinero que mandaban de acá, parecía mucho en Venezuela.

“Nosotros mandábamos  semanalmente 20.000 pesos, para mi mamá y mi papá, compraba la canasta básica para 20 días aproximadamente, con 20.000 pesos. E hicimos un arreglo para que pudieran estar bien surtidos durante 3 meses, que eran los 3 meses que íbamos a ahorrar para poderlos traer.”

Venezolanos y Colombianos ¿cuál es la diferencia? No hay, todos pueden tener las mismas capacidad es y eso es claro en varios micros comercios que compiten hoy en día en Bucaramanga, por parte de algún venezolano.

Pero la mayoría no tienen los recursos para consolidar un negocio, por pequeño que sea. Muchos venezolanos profesionales llegaron a Colombia a ejercer cosas totalmente distintas.

Obduber es ingeniero civil, con experiencia en los negocios. Su currículo puede que no concuerde con su nuevo trabajo. Ahora es mensajero de la plataforma digital: Rappi. Como él hay más venezolanos:

“Medico levante la mano, salieron 3 venezolanos de la cocina, médicos, a auxiliar a la persona, para que  más o menos veas la categoría dónde están. Los profesionales hacemos cualquier cosa, o sea yo no me voy a morir de hambre ni dejar que mi familia. Ni es una humillación para mí, el ego lo dejé de la frontera para acá.”

La masiva contratación de los venezolanos en los pequeños comercios, generó xenofobia y rechazo, además de un discurso mal contado. “Los venezolanos llegaron a regalar su trabajo”, aseguran algunos santandereanos.  

La xenofobia y la discriminación, generan más xenofobia y discriminación. Los rechazos a los venezolanos, pueden generar una especie de rebote. Se genera una segregación entre colombianos y venezolanos.

Alguna vez, Álvaro se sintió indispuesto por esta situación. Pero conoció una mujer que le brindó ayuda cambiando su perspectiva.

“Entonces es algo que yo no había visto en ningún otro lado. Y digo, oye, o sea yo hablé del colombiano y dije, la envidia del santandereano es única. Y dije no, o sea hay mucha gente que así como a nosotros nos tildan de que hay ladrones, hay asesinos, hay viciosos que solamente vienen a consumir su vicio y eso, y no, también habemos venezolanos buenos, entonces también hay personas acá en Colombia que son de muy buen corazón.”

Como Obduber, Jesús y José trabajan en Rappi. Esta plataforma ha sido de mucha ayuda para los venezolanos. Con el Permiso Especial de Permanencia son contratados sin mayores problemas.

Esto trae otro tema relacionado al fenómeno. Pues trabajos que en Bucaramanga parecían sencillos, pasaron a ser el sustento de muchas personas. Domiciliarios, trabajadores en los micros mercados, paseadores de perros, entre otros empleos que parecían pequeños, pasaron a ser importante para la economía de algunas personas.

“No pues a mí me encanta mi trabajo, porque me permite tener un tiempo muy flexible y creo que una de las cosas más valiosas de la vida es el tiempo, por algo los empresarios quieren de uno el tiempo.”

Y con toda esta experiencia queda claro que la economía trae inmerso en su definición, las condiciones de una humanidad, de costumbres, de culturas y grupos de personas.

Por Paula Oliveros Hincapié.

@paulaoliverosh

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