La sastrería se encuentra en un declive sin retorno

La sastrería se encuentra en un declive sin retorno

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Lunes, 10 Junio 2019
Informes especiales

La sastrería es un oficio que desde hace más de 60 años está vigente en algunas familias bumanguesas, y que se ha logrado mantener de pie de generación en generación a pesar de los cambios que la actualidad trae consigo en cuanto a la moda mundial, pues, a mediados del siglo XIX, esta profesión era popular debido a la importancia que tenía el uso del traje en los hombres de la época. Sin embargo, hoy en día ha perdido su fuerza mercantil.

Un sastre es una persona que se encarga de confeccionar sobre medida prendas masculinas. Este trabajo es realizado principalmente por hombres cuya especialidad es la fabricación de trajes clásicos completos que constan de un pantalón recto, una camisa manga larga blanca, un chaleco sobre esta y encima un saco o blazer. También, se acompaña el traje con corbatas o corbatines en el cuello y mancuernas en las muñecas del saco.

Estas personas generalmente aprenden la labor por tradición, ya que los negocios de las sastrerías son administrados por el respectivo núcleo familiar de quien las fundó y así se mantienen a lo largo de los años, como es el caso de Claudio José Díaz, sastre hace 25 años e hijo del fundador de la sastrería Casa Aldi, que manifiesta que la profesión viene en la sangre como si fuese una herencia.

“Eso viene como en la sangre, podemos decirlo, porque, por ejemplo, en el caso de mi papá que es sastre, mi abuelo también hizo esta labor entonces viene digamos de herencia de familia por decirlo de alguna forma”.

Perfeccionar el oficio se da con el paso del tiempo, y dominar esas habilidades se convierte en pan comido para los sastres. Sin embargo, el costurero debe tener una característica importante y es ver bien. La buena vista es indispensable debido a que se manejan máquinas de coser que tienen puntadas pequeñas, y algunas casi que invisibles. Además, la concentración del sastre juega un papel importante en la confección de las prendas para evitar cometer errores en la realización de estas y no extender su tiempo de creación.

Fabricar un traje completo puede tardar hasta 15 días debido a la complejidad que tienen algunas partes de este. Este proceso inicia con la respectiva toma de medidas del cliente. Posteriormente se marcan los trazos con una tiza usando reglas y escuadras para proseguir con el corte de las telas, que pueden ser linos, dacrones, o paños livianos, que tienen una composición de poliéster y esto permite que sean frescas. También se usan gabardinas y franelas. Claudio Díaz, aclara que son fibras livianas, más delgadas y más suaves a comparación de como eran antes.

“Pero son fibras en sí delgadas, livianas, no son gruesas. Porque en eso también ha cambiado mucho, la calidad de las telas… ahora vienen más livianas más suaves, que anteriormente eran más gruesas y tenían más textura, y eran más pesadas”.

La parte del corte demora aproximadamente tres horas. Luego se pasa a la máquina de fileteo para coser los bordes de las telas y evitar su deshilache. En una media hora se arma la prenda en una máquina de coser corriente haciendo uso de hilos codas calibre 90 y se finaliza con los botones, cierres y acabados sencillos. La confección de un pantalón es más sencilla, pero Claudio Díaz agrega que la fabricación del blazer es lo que más requiere trabajo debido a la cantidad de materiales que trae consigo.

“En el caso del saco, eso sí ya lleva más materiales, el forro, entre telas fusionables, hombrera, refuerzos de pecho que se conocen, todos esos son materiales que deben estar en la parte de arriba del saco para darle una buena composición, una buena textura y una buena caída a la prenda”.

Además, para Claudio Díaz, los sastres deben tener gusto por su trabajo, pues cuando esto ocurre, es más fácil confeccionar las prendas que los clientes solicitan.

“La persona siempre tiene que desear y tener gusto por lo que está haciendo, entonces cuando a alguien le agrada confeccionar prendas de vestir, es lo mismo que un carpintero cuando hace obras de un mueble o cosas así. Mientras le guste, se le facilita, y tiene el gusto para hacer las cosas de acuerdo a como el cliente las solicite”

Vestir un traje elegante inició en el siglo XV durante el renacimiento europeo, en países como Italia, España y Francia. Posteriormente, Inglaterra tomó el papel protagónico del uso de estas prendas. En este país, debido a la Guerra Civil de 1642, el oficio de la “sastrería inglesa” empezó a popularizarse en todo el mundo, pues los hombres quisieron adaptarse a la moda global.

En el caso de Colombia, específicamente en Bucaramanga, en la década de los 40 del siglo XIX el traje completo hacía parte del día a día de los caballeros. Por lo tanto, esto inspiró a los demás hombres a dedicarse a la confección de trajes o vestidos debido a la alta demanda de las prendas, pues no había tiendas que vendieran listos estos productos. Claudio César Díaz, explica que trabajar en esto era muy bueno ya que era muy apetecido por los hombres.

“El negocio en ese tiempo era algo muy bueno, era muy solicitado, era muy apetecido por decirlo así, mandar a hacer una prenda, mandar a confeccionar una prenda era algo elegante”.

La mayoría de estos negocios se concentraron en las inmediaciones del Parque Centenario, precisamente en la calle 33, pues tal sector representó un impacto comercial en Bucaramanga y estos hombres quisieron aprovechar tal oportunidad económica. La importancia de este lugar y sus alrededores dio paso a que el flujo de personas en las sastrerías fuese bastante grande. José Duarte, sastre desde hace más de 45 años, añade que desde la calle 35 hasta la calle 31 se encontraba muchas sastrerías, como Casa Aldi, Sastrería Núñez, Sastrería y Alquileres Rivera y Casa Henry.

“En Bucaramanga era cantidades de sastrerías, no más en la carrera 17, desde la calle 35 hasta la 31, por la carrera 16 llena de sastrerías”

Alrededor de 30 personas acudían diariamente a las sastrerías de la ciudad, y cada una realizaba un pedido de hasta tres prendas, por lo que se generaban grandes ganancias para los sastres. El beneficio diario en la década de los 70 rondaba los 400 pesos, y al mes lograban adquirir hasta $15.000, lo que hoy equivaldrían aproximadamente 6’150.000 pesos. Solo la hechura de un pantalón costaba 15 pesos, o sea, unos 12.000, y siempre ha sido la prenda más solicitada por el público. José Duarte manifiesta que los sastres tenían mucho trabajo en su momento, y que las temporadas altas empezaban hasta tres meses antes de lo usual.

“Eso era una belleza. Mejor dicho, los que trabajábamos en sastrería no dábamos abasto trabajando. Las temporadas para diciembre empezaban desde… tres meses antes de diciembre, ya en diciembre no se recibía porque estaba copado todo, y si era para semana santa era con un mes de anterioridad”.

Debido a la gran cantidad de clientes, los talleres de las sastrerías contaban con un personal amplio, y se llegaba a tener más de 15 personas confeccionando para un solo negocio con un horario laboral desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, e incluso el trabajo demandaba más de 12 horas diarias, por lo que al día llegaban a fabricar unas 10 prendas por persona. Claudio Díaz, sastre de Casa Aldi, añade que en su negocio familiar se alcanzaron a contratar aproximadamente 25 personas, y no todas trabajaban allí en su taller, sino que tenían talleres satélites donde las personas contratadas confeccionaban lo que desde Casa Aldi se enviaba cortado y listo para armar.

“En ese tiempo alcancé a conocer una nómina de aproximadamente unas 25 personas que trabajan para el negocio. Lógicamente todo el taller no quedaba aquí mismo, había satélites, talleres satélites y allí los operarios confeccionaban lo que aquí le preparábamos cortado para que ellos armaran”.

En cuanto a la moda, era usual que los caballeros vistieran trajes más grandes y sueltos.   Por ejemplo, el saco era largo y la bota del pantalón muy ancha. Poco a poco se fue adaptando a la moda mundial y se popularizaron los pliegues en los pantalones y en el blazer, luego regresó el pantalón liso, pero con botas más angostas, y así sucesivamente. A pesar de los cambios, el estilo se ha mantenido, según Claudio Díaz.

“El estilo en sí siempre ha sido el mismo, lo que ha cambiado es en la medida, anteriormente se usaba un saco o una chaqueta amplia, suelta, que se veía casi como si no fuera de la persona en sí”

Pero las telas utilizadas para estas prendas siempre eran gruesas y pesadas, debido a que era lo que más les gustaba a los hombres. Además, el clima de Bucaramanga, que era bastante fresco, permitía el uso constante de estas piezas textiles.  

El auge de las sastrerías permaneció por unos 40 años, hasta que la producción disminuyó, y a su vez los clientes y los ingresos. La llegada del blue-jean impactó la moda masculina al igual que el uso de las camisas informales, por lo que se dejó completamente de lado vestirse con un traje. José Duarte dice que las personas se visten deportivas todo el tiempo.

“La mayoría de juventudes y personas de edad ya como yo ya es blue jean, camiseta y tenis. Deportivos a toda hora”.

Bucaramanga se tornó calurosa, y por más de que las chaquetas se confeccionaran con sedas frescas, el clima de las mañanas y tardes no permitía que los hombres permanecieran con estas prendas por mucho tiempo. Por lo tanto, el uso del traje se convirtió principalmente en una vestimenta nocturna, pues, como expresa Claudio Díaz, es más fácil usarlo en horas de la noche, para eventos especiales.

“A veces es más fácil usarlo en una noche y la gente maneja eso, ¿no?, maneja ese aspecto de usar un traje para una ceremonia ya en las horas de la noche y ya en el día no se maneja mucho”.

Otro factor que afectó la decadencia de este oficio tras la moda de la ropa informal, fue la globalización. Los almacenes de cadena tomaron lugar en Bucaramanga y se dejó la costumbre de mandar a hacer la ropa que tanto hombres como mujeres solían hacer constantemente. Las importaciones y la venta de prendas al por mayor dio paso a que los sastres no fueran tomados en cuenta para adquirir alguna confección. José Antonio Villalba, uno de los sastres de Sastrería Núñez, explica que han llegado productos chinos a la ciudad, que son económicos y esto representa una competencia para las sastrerías.

“Hay mucha empresa que está manufacturando en China, está llegando mucho producto muy económico a muy bajo precio, igual es una competencia bastante alta para nosotros porque se consigue en el mercado pantalones a muy bajo precio y pues lógicamente los clientes buscan precios asequibles”.

Y entre esas tiendas, hace aproximadamente 30 años inició la venta de trajes completos ya fabricados a muy bajo costo, que hasta incluían las corbatas, mancuernas e incluso zapatos. Estos almacenes ofrecen más variedad, y sus precios pueden ir de 50.000 en adelante.

Charlie Joussef Najem, aministrador de Magazin Paris, un almacén de prendas masculinas, manifiesta que las personas buscan inmediatez y economía, con todas las tallas del mercado y colores, y por eso los almacenes son más fuertes que una sastrería.

“Hoy todo el mundo quiere tener los productos terminados. Con todas las condiciones mundiales, con todos los tamaños, el tallaje, y coloridos. Por eso muchas veces las cadenas ganan fuerza ante las sastrerías”.

Así mismo, las personas se interesaron en adquirir estos trajes listos pero modernos. Los vestidos se dejaron de usar sueltos y grandes, y varió el estilo de las chaquetas pues pasó de tener dos botones en el frente a tener tres, y a ser cruzado. Claudio Díaz explica que la ropa ahora es más tallada al cuerpo, porque así se conoce el modelo actual de la ropa.

“Ahora estamos en usar ropa más tallada, más precisa, más pegada al cuerpo. Las botas son más angostas, como entubados que llaman. Eso es lo que se conoce ahora en el modelo de la prenda ahora, actualmente”.

Por estos motivos, poco a poco las sastrerías desaparecieron. Con el paso de los años los negocios cayeron en quiebra y cerraron. Si en una cuadra se encontraban 10 sastrerías, ahora no hay ni una.

Los costureros que siguieron este oficio, en los años 90, tomaron la decisión de adaptarse a las necesidades de las personas, y se convirtieron en clínicas de ropa o ampliaron sus confecciones hacia el lado femenino, pues limitarse a trabajar únicamente para los hombres no resultó útil para ellos. Sin embargo, aún hay sastrerías que no confeccionan prendas para mujeres, pero sí hacen arreglos de ropa masculina, como es el caso de Casa Aldi, que intentaron fabricar para las damas, pero fue complicado debido a que las mujeres exigen más que los hombres, por lo tanto, tuvieron dificultades en ello, añade Claudio Díaz.

“Y el asunto de trabajar a las damas, pues en un principio tratamos de hacerlo, pero la verdad fue que se nos complicó la cosa porque digamos que la mujer es alguien que exige mucho más que el hombre, es mucho más detallista en muchos aspectos y entonces eso hacía que la fabricación de una prenda de dama fuera más dificultosa por ese aspecto, entonces resolvimos no seguirlo haciendo sino manejando solamente la línea de caballeros”.

No solo esto ha generado complicaciones en la evolución de la sastrería, pues debido a la poca demanda y baja popularidad de la profesión, les ha sido complicado encontrar un personal capacitado para realizar este oficio. Los jóvenes no quieren prepararse para ejercer la sastrería, y esto representa una amenaza para este oficio pues los sastres que llevan más tiempo trabajando, ya se han retirado o han cerrado sus negocios. Esto lo afirma José Antonio Villalba, sastre de Sastrería Núñez.

“No hay quién quiera aprender o se quiera capacitar para ejercer el oficio, entonces eso es como una amenaza para la sastrería, porque los sastres que están ya de hecho llevando años en el oficio pues algunos se han retirado y otros han terminado ya los negocios y pues no hay juventud que quiera emprender el negocio”.

Por lo tanto, las sastrerías mantienen un personal muy reducido, y por el poco trabajo que allí se necesita, no contratan a más de 10 costureros y ayudantes por negocio. Las personas que laboran allí son principalmente adultos mayores de 55 años que todavía tienen la capacidad de trabajar en este campo textil, y no hay trabajadores menores de 40 años.

Hoy en día los ingresos disminuyeron cerca de un 60% a comparación de sus años más fuertes. Usualmente entran 15 personas a una sastrería, pero solo 5 realizan su respectiva orden de confección. La mayoría de ocasiones es para arreglos más que para fabricación desde cero, así que se sostienen con este tipo de clientes y con los que siguen mandando a hacer sus prendas desde hace mucho tiempo, y generalmente son adultos mayores de 50 años, como Édgar Baltazar, un empleado bancario, quien explica que él es tradicional y desde hace 25 años el sastre Iván Núñez le fabrica sus prendas sobre medida pues esto le gusta.

“Soy un poco tradicional, entonces como que el manejo de las prendas sobre medidas es a lo que me hace sentir bien. La verdad, llevo, no sé, con Don Iván aquí unos 25 años entonces pues ya soy cliente de acá”.

Mantener el negocio de una sastrería ha sido una tarea difícil. Actualmente se dedican a confeccionar principalmente pantalones y camisas, y la hechura de cada uno puede costar 45.000, además de ajustar las prendas que los clientes llevan a los negocios. Pero como lo menciona Claudio Díaz, para los costureros es cuestión de adaptarse a lo que ocurra. Él no es muy optimista, pero desde su negocio harán lo posible para seguir subsistiendo.

“Realmente no puedo ser tan optimista de pensar de que es un negocio próspero, o es un negocio que vaya a mejorar. Lo que tenemos que hacer ahora es que nos debemos adaptar a las circunstancias. Debemos pensar en lo que tenemos y tratar de mantener lo que tenemos al máximo para poder seguir subsistiendo hasta lo más que podamos”.

El oficio puede estar en vía de extinción, y que en la ciudad no hayan más de 10 sastrerías que cumplan su labor de vestir al caballero, como Casa Aldi, Casa Henry o la Sastrería Prada Reyes, pero los sastres no dejarán “morir” su oficio, pues para ellos, es tradicional y este no se puede perder.

Por María Lucía Bayona.

@velvetmals.   

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