Momentos para recordar

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sábado, 28 marzo 2020
Noticias

Buen día. Mi nombre es Lliliam Mabel Ramírez Lasso, tengo 56 años. Docente de profesión. Diré que mi vida fue agradable, de casa, colegio, paseos familiares. En las tardes nos fascinaba reunirnos a las seis de la tarde para no perdernos las radionovelas que a esa hora transmitían en la Radio Nacional.

Eso era espectacular porque reíamos, compartíamos esas emociones de escuchar los ruidos que hacían para los autos, animalitos; era muy bueno, en realidad era bonito. También nos reuníamos con amigos para compartir juegos como el baloncesto y juegos de mesa. Ir a cine era chévere, las fiestas, ir al circo, recibir serenatas, aunque hacíamos el oso porque nuestros papás hacían reclamos para que no nos dieran más serenatas porque a ellos no les gustaba eso. Mejor dicho, nos tacaba así porque no había de otra.

En realidad, la vida era mejor porque teníamos la oportunidad de compartir más, en familia y sobre todo el respeto a nuestros padres, aunque eran muy estrictos.

En el barrio acordábamos para compartir onces con las amigas, escuchábamos música en el equipo de sonido, como lo fue con Leo Dan, Sandro o Camilo Sesto. Yuri, sobre todo Yuri para dedicárselas al novio porque ella tiene unas canciones muy bonitas.

Nos agradaba grabar nuestras canciones favoritas en casetes, era una actividad muy bonita. El aprendizaje era muy estricto, teníamos que leer mucho, investigábamos a fondo los temas que nos dejaban los profesores, también debíamos ir mucho a la biblioteca. Hacíamos fichas bibliográficas y trabajos en máquina de escribir. Nos enseñaban el manejo de las teclas y aprenderlas sin verlas, mejor dicho, siempre era un poco complicado.

También hacíamos diapositivas, tomar notas, hacer exposiciones, diapositivas y cartulinas, así sucesivamente. La educación en esa época exigía mayor trabajo, dedicación y de investigación. Ahora realmente es más fácil, la tecnología ayuda, pero en nuestra época era más complicado.

La comunicación y las relaciones personales eran por medio del teléfono fijo, nos tocaba esperar una llamadita del amigo, de la compañera del colegio, también los telegramas cuando alguien estaba cumpliendo años o, por ejemplo, cuando había algo muy importante por telegrama se hacía el proceso de un día para otro. Igualmente, las cartas se escribían a mano y se les mandaba a los amigos.

Nos mandábamos razones entre los amigos, o que una amiga le diera la razones a la otra persona, de ir o venir, bueno, así era. El razonamiento de energía fue terrible, sucedió en el año de 1992, en el Gobierno de César Gaviria.

Nos cambió hábitos de vida, a las familias, a Colombia. Si entrabamos a las ocho de la mañana, debíamos estar listos a las siete de la mañana, y así sucesivamente. Era una confusión total tener que adelantar el reloj una hora para aprovechar la mayor cantidad de luz solar. Así vivimos nueve meses, poco a poco nos fuimos acostumbrando y las familias mientras tanto debíamos reunirnos para hacernos compañía alrededor de las velas.

Así, agradecemos su colaboración por este relato a Mabel Ramírez, producto realizado por Francisco Vargas, Unab Radio.

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