Semáforos en escenario
REALIZADORES: Juan David Fonseca, Sara Lucía Roa, Nathalia Díaz.
Esta historia no arranca en un estudio de danza, ni en un escenario con luces, arranca en Barquisimeto, Estado Lara, un barrio donde Leo y Kelly crecieron viendo a la gente bailar en la calle, en las plazas, en las fiestas, en cualquier parte donde hubiera un bafle sonando. Ellos no empezaron como la familia Breaking, esto vino después. Primero fueron dos pelados curiosos que aprendieron a moverse, viendo a otros mover el cuerpo sin miedo, y ahí también aparece la crew que lo cambió todo, Occult Silence, una crew que Leo formó con sus amigos del barrio, mucho antes de tener hijos, mucho antes de pensar en migrar.
Hoy esa crew sigue viva, pero desde otro lugar, Bucaramanga, y aunque los cuatro no la fundaron, hoy representan con orgullo su nombre. Ellos bailan, entrenan y cargan encima una historia dura, salir de Venezuela, empezar desde cero y sobrevivir en una ciudad nueva a punta de trabajo, disciplina y arte. Para entenderlos bien tenemos que volver al origen, a Barquisimeto, donde los niños crecen viendo pasos que enseñan más que las palabras.
Ahí empieza la historia de una familia de cuatro, que, sin planearlo, encontró en el Breaking una manera de mantenerse junto, incluso cuando la vida los obligó a irse. Ellos son Leonel Rojas, Kelly Gutiérrez, Keisy Layhonel y Leonel Isaac. Su viaje empezó mucho antes de los semáforos, mucho antes de las competencias, mucho antes de que Bucaramanga fuera su casa.
Empezó cuando eran sólo unos pelados del barrio, del gueto, mirando a otros bailar en las calles de Venezuela. Ahí entendieron que el cuerpo también habla, y para entender cómo se mueve esta familia hay que empezar por el principio. Leo cuenta que empezó a bailar porque en su barrio eso era normal, ver gente girando en el piso, haciendo pasos, inventando movimientos.
Kelly lo vivió parecido, una plaza, unos amigos, un baile que le llamó la atención, y desde ahí no paró. Hola, me llamo Kelly Gutiérrez, tengo 37 años, conocí el Breaking cuando tenía 13, 14 años. En aquellos momentos los dos no pensaban en familia, no pensaban en migrar, ni mucho menos en semáforos, sólo querían bailar, y sin saberlo, Occult Silence ya tenía su primer integrante, Leo.
Tuve mi primer acercamiento con el Breaking en el 94, tenía 10 años, cuando los muchachos de mi barrio se parchaban en la esquina de mi casa y bailaban, pero no me dejaban salir a la calle, y el baile era de malandros, de gente mala. Entonces me gustaron bailes como el Hard House, que acá la llaman chispun, y en mi barrio le llamaban Underground. Bueno, de ahí fuimos de moda en moda, todos los bailes que venían llegando de moda.
Yo llego al baile, yo venía haciendo otros tipos de bailes, y llego al Breaking porque estuve en una fiesta, y en esas fiestas estaba mi combo y el otro combo, y les dieron una partida de madre a mi combo, ¿sabes? Y a mí eso no me gustó, pues, ¿me entiendes? Y esa noche le dije a los muchachos, quiero entrenar con ustedes, ¿sabes? Para que esto no vuelva a pasar. Bueno, y así comenzamos a practicar Breaking. Occult Silence no nació en Colombia.
Nació en Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela. Leo la creó con sus amigos cuando todavía estaba en Venezuela. Poco a poco fueron surgiendo las cosas, fuimos creciendo, pero éramos muy pobres en recursos.
Habían batallas en Caracas, Valencia, Maracay, nunca podíamos ir porque no había pasajes. Yo vivo solo desde que tengo 13 años, ¿sabes? Entonces me tocó ese proceso fuerte, ¿entiendes? O sea, esa edad de 13, 14, y hasta los 20 que me pongo, que me caso con Kelly, ese proceso fue fuerte porque fue solo. Entonces uno siempre quería competencias y no estaban las posibilidades.
Uno siempre quería crecer, pero no estaba el dinero. El dinero es muy fundamental para los bailarines, porque las competencias importantes siempre están en las grandes ciudades. Bueno, entonces fue evolucionando, fuimos muy buenos y fuimos muy reconocidos.
Hoy en día en las plataformas, cuando me conecto y transmito TikTok, ven muchos bailarines o personas que me dicen, hermano, yo te vi en River, hermano, yo te vi en tal tarima, te vi en tal presentación. Y tú dices, oye, lo hicimos bien. Sin embargo, en ese momento lo hacíamos por moda, porque nos gustaba.
No sabíamos que era hip hop, no sabíamos que era cultura. Todo lo que teníamos era un VHS y compraba cintas de VHS para ir aprendiendo, ¿sabes? Para el 2006 nace Keisy Leonel, que tenía 21 años y me decía que yo estaba viejo, que ya no podía seguir danzando. No, no sigas bailando, ya estás grande, ya tienes una hija, tienes la responsabilidad.
Y yo creí, porque me están dando una, ¿cómo se llama? Una recomendación, o sea, me están diciendo, me están orientando, me están aconsejando. Más hoy en día yo digo que ese fue el peor consejo que me pudieron dar, pues, ¿me entiendes? Porque sí, la familia trae una responsabilidad, los estudios traen una responsabilidad, pero siempre hay tiempo para uno como persona. Para el 2009, ahí pasaron muchas cosas, entramos a la universidad, nos preparamos, estudiamos, nos hicimos profesores.
Para el 2010, 2009 nace Leo, al 2010 nosotros grabamos música, nos hicimos raperos, tocamos ese elemento también del rap. No fue bien, nunca nos presentamos en una tarima, cantamos en fiestas, las canciones de nosotros robaron mi barrio, pero hasta ahí, ¿sabes? Uno de mis compañeros se hace DJ, no DJ de mezcla de música, sino de hacer pistas. Fueron procesos, había un evento, yo llegaba con mi niña pequeñita en brazos, o mi niño, estábamos ahí en la movida, fueron pasando las cosas, evolucionando.
Quería que mi hijo fuera futbolista y bueno, que él sí estudiara, hasta ahí. Él sí quería bailar danza, pero ya quería bailar ballet, ¿sabes? Yo no tenía plata, era muy costoso, y había una academia de folclor, y le inscribimos en la academia. Estuvo un tiempo en la academia, pero en ese momento estudiábamos, trabajábamos, entonces no quedaba casi tiempo.
Una tía de ella la llevaba, ¿sabes? Ella la llevaba. Fue un momento donde apretó mucho, o sea, la situación económica, y tuvimos que desistir de la academia. Cuando la familia llegó a Bucaramanga, Occult Silence se volvió otra cosa.
No solo era una crío, sino también era refugio, un nombre que los acompañó cuando se quedaron sin trabajo, sin casa, y sin nada asegurado. Bailar en el semáforo no fue un plan, fue necesidad, y fue Kelly quien los empujó a hacerlo aunque les diera pena. Al 2017 no aguantamos la presión en Venezuela, estaba demasiado hardcore todo.
Yo creo mucho en Dios, y yo creo a veces que Dios me preparó para que saliera, ¿sabes? ¿En qué aspecto? Yo tenía muchos años que no bailaba, y un año antes de salir bailé, ¿sabes? Cuando llego a Colombia, 2017, 20 de octubre de 2017 salgo de Barquisimeto, llego a Colombia 20 de julio, y llego a Colombia 21 de julio, a Bucaramanga. Mi esposa se había venido un mes antes. Yo no quería salir a Venezuela.
Mi esposa se vino un mes antes, y me quedé con los niños. Fue un proceso horrible, horrible. Pues nos andábamos caminando de Pueblo Nuevo, que te acabo de decir, como en media hora en cicla a la casa.
Bueno, yo no sé, yo caminaba a la mitad, pues, muy bien. Llegaba a una intersección, y ahí agarraba un carro, porque tenía que agarrar dos carros. Entonces, este, hace daño de tripas, corazones.
Yo tenía una moto, la tuve que vender. El carro que tenía lo tenía accidentado. Ya estaba en la hoja.
Entonces, yo le digo a mi esposa, voy a darle en el semáforo. Sí, me dice. Los primeros de noviembre llegó Troya.
Y él me dice, voy a buscar trabajo. Busca trabajo, le digo. Pero aquí no hay trabajo.
Está caminado, ¿sabes? 2017, está caminado de Venezuela a Bucaramanga. Mi esposa dijo, si esta semana me va bien, compro el Parlante. Sí, va.
La primera vez, que no se nos olvida, cuando fuimos a bailar, en un semáforo, Leo y yo estábamos con un amigo. No teníamos Parlante, y necesitábamos, no teníamos trabajo, ni Leo, ni el amigo mío. Y entonces, yo le digo, bueno, no importa que nadie nos conoce.
No nos puede dar pena. Obviamente, nosotros teníamos pena, porque es que mi amigo era administrador. Leo era también profesor.
Yo soy profesora. Es como que tanto que estudiamos, y ahora, como que a trabajar en la calle, en un semáforo. Pero entonces, yo le digo, aquí nadie nos conoce.
No nos puede dar pena. Y bueno, y empezamos a bailar en un semáforo a aplauso. Nosotros tres, los niños, los dejamos escondidos por ahí en el semáforo, en una esquinita.
Y empezamos nosotros a bailar. Bueno, nos regresamos, y mi papá empieza a hacer semáforo. Cuando mi papá empieza a hacer semáforo, nos queda más tiempo para entrenar.
Entonces, yo entrenaba muy poquito, pero ya entrenaba. A veces, en los tiempos libres, nos íbamos a entrenar en una plaza que era súper rústica. Pero nosotros, pues tampoco es que habíamos iniciado a bailar en un piso liso, no.
Nosotros empezamos en un pasto, en una cancha que era horrible también. Nosotros comenzamos a estudiar, y entonces yo estudié en la tarde y mi hermana en la mañana. Entonces, mi papá trabajaba en la mañana, yo trataba de entrenar después que llegaba del colegio.
Mi hermano, como estudiaba en la mañana, mi papá se venía del semáforo, lo buscaba y se lo llevaba él para el semáforo para no dejarlo solo. Y se dieron las cosas, pues yo me dediqué 24-7. Por eso dije, mi tiempo vale, es de mis hijos, porque es que ya había hablado en familia.
Y pues ha ganado bien, ¿sabes? Y yo gano biencito más adelante de lo que ella puede ganar, pues. Yo busco hacerme 50 lucas al día, o sea, chao. Ese es mi promedio.
Un día Keisy me dice, triste, en Bucaramanga no me quieren, ni en embarquecimiento tampoco. Y yo le digo, bueno, usted va a ser como Poe one, ¿sabes? Poe one, cuando ponen una bandera, él no pone ni la de Puerto Rico, ni la de Estados Unidos. Él pone la bandera del mundo, y pone worldwide.
Entonces nosotros somos worldwide, no se preocupe, que la quieren aquí, que la quieren allá. Yo la quiero y su mamá también, no le pare a eso, ¿sabes? ¿A qué lo hice Poe one? No, porque era fino. Te dije, mi hija quería bailar en una academia y yo no tuve cómo, y ¿qué aprendió? El baile del viento, el baile del barro.
Entonces, ¿tú en contra de la academia? No, estoy a favor. Estoy a favor, pero con las academias que enseñen y que digan el conocimiento real. Llegó un momento que mis papás trabajaron tanto que se compraron su primera moto.
Entonces, cuando mis papás se compran su primera moto, ahí nos alcanza el tiempo para entrenar un poco más. Yo tenía como 13, diría yo. Incluso ellos compran, más que todo con semáforo, ellos compran un carro en Venezuela.
Ellos tuvieron un carro en Venezuela a punta de semáforo, y su primera moto a punta de semáforo. Porque todavía mi mamá no tenía la clientela que tiene ahorita. Pero era como paso a paso, todo paso a paso, mientras ellos como que se estabilizaban.
Ahorita, pienso yo, se estabilizaban para poder dedicarnos tiempo. Yo cuando estoy, cuando estamos en octavo, cuando yo paso a octavo, me acuerdo yo que cae pandemia. Cae pandemia y estamos aquí en Bucaramanga.
Gracias a Dios, mis padres siempre son de los que ahorran y ahorran. Y estábamos bien, gracias a Dios. En pandemia entrenamos mucho, llegó un momento que nos aburrimos.
Entrenamos tanto que nos aburrimos. Y entonces entrenábamos por ratito, a veces nos acostábamos a las 3 de la mañana. Teníamos los horarios súper desordenados.
3 de la mañana, nos levantábamos a las 3 de la tarde, o así. Y estábamos con mi abuela, me acuerdo yo. Estábamos con mi abuela porque mi abuela iba para Cali.
Porque me decía, estás embarazada. Y ya iba a dar a luz. Y entonces la pandemia la agarró aquí.
No pudo llegar a Cali. Y ella nos veía entrenando. Ella nos veía entrenando, incluso nos vio tanto entrenando que nos decía, no, su papá dijo que era así.
No, el movimiento es así porque su papá dijo que era así. Y ella nos corregía todo también. Y Leito, bailaba.
Participamos en competencias virtuales. Conocimos mucha gente. Y llegó un momento que cuando ya dejan salir, nosotros empezamos otra vez a salir a entrenar.
A los 15, me dicen que era lo que quería. Digo que era un viaje a Medellín. Porque allá había muchas batallas.
Pero igualmente ellos me hicieron la fiesta. Y después de la fiesta, arrancamos a Medellín. Y participo en la Hip Hop Game.
Me fue super bien, a la gente le encantó como yo baile. Yo no gané, pero los organizadores estaban super encantados que eso me diera un bolso. Ellos no encontraban que dame.
Porque había bailado muy bien. Me acuerdo que la primera vez que vi a Mighty Jake fue en esa competencia. Y wow, yo veía que lo bailaba mucho.
Y nadie se imaginaba que iba a despegar así tanto. Y fue una experiencia brutal. Ya cuando cumplió 16, mi papá me dice que no me quiere perder más.
Era, me acuerdo yo, no había cumplido ni 16, era diciembre. Y yo tenía 15 años. Y cuando mi papá me dice, bueno, el año que viene cumplió 16, pues yo no te quiero ver más perder.
O ganas o ganas. Bueno, dije yo. Y yo empecé a entrenar full.
Ahí es donde mi papá me empieza a… Siempre nos ha dedicado el tiempo, pero fue como que vas a ganar y todo concentrado. Y entonces era full en la mañana, las mañanas que podía. Porque ahí empecé a tener contra jornadas.
Entonces a veces me tocaba entrenar. Salía como a las 6 y 15 de la tarde y entrenaba de 6 y 15 a 10 y media de la noche, 11 de la noche. Y a veces había lluvia y a mí me tocaba entrenar bajo la lluvia.
Y mi papá me ponía a entrenar bajo la lluvia. Y si era muy de mañana y me tocaba chupar sol, chupaba sol. Y si había mucho frío, con el frío.
Fueron muchos entrenamientos así que nos tocó fuerte. Porque no teníamos lugar donde entrenar. Pero agradezco que mi papá también nos enseñó esa manera.
Porque así uno valora el esfuerzo de uno exactamente. Ya cuando llegué a mi primera batalla, que ya tengo 16 años. Que él me dice como que vamos a ganar.
Mi cabeza tuvo un cambio, mi mente. Ya cuando yo llegué a mi primera batalla yo dije no, ya, vamos a ganar. Y habían durísimas, habían duras.
Pero no, fue impedimento. Yo dije no, yo no le tengo miedo a nadie y vamos con todas. Y desde ese día hasta hoy yo, gracias a Dios primeramente, nunca me he quedado en un filtro.
Siempre estoy ya en finales o semifinales. Por ejemplo, muchos me dicen, no, yo empiezo a ganar después de 10 años. Y yo decía, pero ¿por qué? ¿Por qué si yo miro Asia, miro Europa y ellos ganan desde pequeña? ¿Por qué uno no? Pero diría para mi, en busca de la manga, que están intentando luchar, salir adelante.
Es fe, constancia, ser organizado, de verdad, ser organizado y cómicamente ayuda mucho. Ser muy honesto, de verdad, eso te abre muchas puertas, ser una persona honrada. Y con la fe, pues, en Dios.
Gracias a Dios, nosotros hemos podido salir adelante. Cuando llegamos, la niña tenía 11, la niña tenía 8. Ya uno está en la universidad, es decir, Keisy, Keisy Leonel. Leonel está en 11, o sea, que a pesar de todas las dificultades, ellos pudieron continuar sus estudios.
Nosotros trabajamos y seguimos haciendo lo que nos gusta, el baile, y nos disfrutamos al máximo. Entonces, lo que le puedo decir a la familia es que si se puede, con constancia, dedicación, fe, y que nunca desmayen. Hay veces que la gente trata mal a uno y si uno se deja afectar por comentarios, ahí uno decae.
Pero si uno, a los comentarios que nos suman, uno les pone cuidado, sino siempre ser positivo. Yo creo que funciona mucho, siempre ver la buena de las cosas, no quejarse, cero quejarse. Y mi familia está prohibida decir que no puedo, o sea, si alguien puede, todos podemos.
Hoy en día, Keisy está en la universidad, Leito está pronto a entrar a 11 grados, y Leo, aunque trabaja en moto, sigue entrenándolos. Kelly también rebusca, con uñas, peinados, y lo que salga. Pero algo no cambió, ellos siguen bailando, compitiendo, y representando con orgullo, Occult Silence.
Y gracias a eso, salieron adelante, en una ciudad que no conocían. Esta crónica fue realizada por Sara Roa, junto a Natalia Díaz y Juan David Fonseca. Con la participación de Leonel Rojas, Kelly Gutiérrez y Keisy Leonel.
Una producción para UNAB Radio.
