Por Valentina Sierra y Maria Paula Carreño
(vsierra153@unab.edu.co, mcarreno319@unab.edu.co)
En Floridablanca, Santander, el arte se reinventa todos los días y la Casa de la Cultura Piedra del Sol es el hogar de este proceso. Inaugurada en 1992, durante la construcción de la Dirección de Tránsito, se descubrió una enorme piedra con 32 petroglifos pertenecientes a los indígenas guanes. Este hallazgo inesperado llevó a la decisión de construir una instalación, en lugar de la entidad de tránsito originalmente planeada, para preservar la historia e identidad del municipio.
Esta institución pública nació con el propósito de ser un espacio de encuentro entre los inventores y la comunidad. Según Ramiro Acevedo Calderón, director de la Escuela de Música, la casa “se creó debido a un movimiento de artistas que había en ese tiempo, se llamaba ‘La Mano del Negro’. Eran pintores, músicos, bailarines, de todo un poco y querían un sitio propio para mostrar sus trabajos”. Después de veinte años, la sede se trasladó a la Casa Paragüitas, donde hoy funcionan los talleres de formación artística.

En cada rincón de esta institución se respira el entusiasmo de niños, jóvenes y adultos que llegan con el deseo de aprender una disciplina o de potenciar sus talentos. Se ha convertido en un campo abierto de oportunidades, donde crece una familia unida por el amor al arte, el deseo de compartirlo y la voluntad de demostrar que Floridablanca es cuna de talento. Cada nota, cada pincelada y cada paso de danza construye lazos entre generaciones, uniendo la pasión individual con el compromiso colectivo de fortalecer el tejido social y dejar una huella viva en la historia local.
Proyectos de vida
Manuel Martínez llegó a la Casa de la Cultura a los diez años, llevado por sus padres. Hoy, después de seis años, recuerda sus talleres de percusión vallenata y afirma que no se imagina qué habría sido de su vida si no hubiera descubierto una de sus grandes pasiones. Encontró no solo un talento, sino también un amor profundo por la música. Actualmente, además de la percusión, practica el acordeón. Para el joven, este espacio ha sido mucho más que un proceso de formación: ha sido una herramienta de crecimiento personal. “La percusión me ayudó a controlar mi carácter, a fortalecer la disciplina y a mirar el mundo desde una nueva perspectiva, valorando el esfuerzo, la sensibilidad y el compromiso”, asegura.

A sus 82 años, Miguel Ángel Díaz encuentra en este entorno un motor para mantenerse activo, aprendiendo y en constante conexión con su comunidad. Para él, este lugar no solo permite perfeccionar su práctica musical, sino también compartir sus conocimientos y acompañar a otros en su proceso de formación. “Aquí uno no solo aprende, también comparte y ayuda a los demás a crecer”, comenta con entusiasmo.
Un espacio vivo
Con el tiempo, está instalación se ha consolidado por promover el talento local y ofrecer oportunidades de formación a niños, jóvenes y adultos de todo el municipio. Desde la música hasta el teatro, cada rincón está diseñado para activar la creatividad y fortalecer la identidad florideña. La labor se desarrolla entre amplias zonas verdes, en un entorno que inspira, con el acompañamiento de 25 maestros especializados que guían a los participantes en su crecimiento artístico y personal.
Dora Esperanza Álvarez, secretaria de dirección, explica que la Casa de la Cultura ofrece talleres gratuitos de “pintura, danzas, teatro, guitarra, instrumentos de cuerda, de viento, batería, percusión vallenata y latina, así como técnica vocal”. Además, destaca que las clases se dictan en horarios de mañana, tarde y también los sábados, permitiendo la participación de toda la comunidad según su disponibilidad. El único requisito para inscribirse, afirma, es “vivir en Floridablanca y presentar una fotocopia de un recibo de servicio público y del documento de identidad”.

Además de los talleres, el lugar alberga el Museo Arqueológico Regional Guane, que resguarda y exhibe piezas originales de la comunidad ancestral que habitó la región entre los años 1200 y 1400 d.C.
A lo largo del año, se organizan eventos abiertos a la población, como el Festival de Música Campesina, el Festival de Teatro y Títeres Gesto Vivo y el tradicional Festival de Duetos Hermanos Martínez. Estas actividades reafirman el compromiso de la institución con la identidad local, el encuentro ciudadano y la proyección del talento regional.
Ramiro Acevedo Calderón lo resume con emoción: “Aquí ofrecemos absolutamente todo: instrumentos, buenos profesores, aire libre, buen ambiente… Todo está. Solo falta que la gente lo vea como la gran oportunidad que es”. En sus palabras resuena la esencia de este lugar: un espacio donde la música, la pintura y el encuentro humano tienen el poder de cambiar vidas, rescatar talentos y transformar personas.

