Entrevista Alfonso Becerra

Por: Laura Niño, estudiante de Periodismo

Indicios de lo que somos pueden recordarse en la niñez, cuando las personas exploran y van sintiendo cercanía con las artes, arquitectura u otras personas. Lo que en ocasiones se proyecta durante toda la vida. Ese es el caso de Alfonso Becerra, el fundador de El Cartel que con su ´´no espontánea´´ curiosidad, como dice él, por los espacios culturales. A la edad de 13 años conoció en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, con la que se dejó impresionar al entrar y ver la que rompía con las líneas rectas del edificio y enseñó otras expresiones artísticas fuera de las esculturas y música clásica que acostumbraba apreciar.

“Entonces era muy agradable estar ahí y también porque recuerdo que las personas que trabajan en en ese momento, manejaban alrededor de una solemnidad con el silencio estacionario, entonces era tal ese que tienes que guardar tus formas de de de hacer sonidos por el respeto que ameritaba”.

A los 13 años Alfonso Becerra decidía por su cuenta escaparse de clases, así tuviera que cargar su pesada mochila negra con todos los libros de las materias del colegio, prefiriendo disfrutar de los eventos culturales que se realizaban en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Ya que, en medio del silencio y movimientos cuidadosos con los que Alfonso Becerra se movía en el lugar, esperaba con ansias cada mes para obtener el afiche del calendario cultural que la
biblioteca compartía, afiche que tiempo después usaría de inspiración.

“Se volvió parte de mis consumos pues me enteraba por supuesto, de cuando había alguna actividad y es donde yo me quedaba a veces a ver”.

Y ese no era el único espacio que de niño tenía en el que sentía amor por el conocimiento, recuerda a sus 12 años esperar a que fueran las once de la noche para ver un programa de televisión de música clásica, en el que contaban la historia de cada canción, dejándose impresionar al nivel de aún escuchar claro de luna, una de las melodías que más lo ha conmovido en su vida. Desde ese entonces tuvo la seguridad de querer que su vida conociera diversas expresiones humanas, como la danza, el teatro o pintura. Agregando a su vocabulario el concepto, “mundos por conocer”, refiriéndose a las creaciones de arte de otros que aportan a su visión e ideas.

“Y es saber que era lo que me enriquecía, era un mundo por descubrir, no solamente era escuchar el tema, sino ampliar un poco la narrativa, la historia del creador de cada uno de los temas, entonces me gustó las historias que había en la televisión”.

Fue así como una ventana con vista al arte, en el mundo de Alfonso Becerra se abrió y dio paso a lo que sería su intención de lograr que las personas experimentaran lo que él descubrió entre libros y afiches, conectar a las personas a la cultura. Un sentido de vida materializado en liderar la agenda cultural El Cartel, que inició una tarde de 1995 como conversación entre amigos saliendo del colegio.

“La agenda cultural es abrirse ventanas y entre más tengas ventanas, por supuesto, pero en su mundo va a ser más grande si haces un poco a eso, para que no estemos repitiendo los días haciendo lo mismo, viendo el partido o viendo o yendo al centro comercial, donde donde pasan cosas, pero en términos creativos pasan muchas más cosas en otros espacios”.

En las conversaciones previas que Alfonso Becerra tuvo con quien sería su equipo: Leonardo Núñez, Jhonny Pacheco, Tatiana Sandoval, Victor Martínez y David Duarte, no fue necesario hacer una votación para elegir al líder de El Cartel, pues él ya tenía la idea clara de lo que harían, una réplica del afiche que conoció de niño.

“Creo que lo que buscaba ser era un poco replicar la agenda o esa ficha que sacara la biblioteca porque era mi universo conocido”.

Por ello, Alfonso Becerra al ver que el proyecto tenía rostros para representarlo, incrementó la motivación de su equipo, equipo unido por su participación en un periódico estudiantil llamado “La berraquera” que tenía en 1998, el Museo de Arte Moderno. Ellos en su convicción por facilitar el encuentro de la gente con la cultura de Santander, diseñaron lo que sería el primer afiche plegable con trazos de tinta negra y el diseño más cercano al minimalismo que tuvo El Cartel, afiche que Alfonso aún conserva de manera cuidadosa en la esquina de un mueble de madera antiguo que tiene en su apartamento, dentro de uno de sus álbumes de colección, para desempolvar en momentos de nostalgia. Conserva sus afiches como símbolo del poder de compartir para aplacar y hacer realidad ideas.

Organizar el proyecto en reuniones en casas de los miembros del equipo, fueron momentos que Alfonso Becerra guarda en su corazón ambientados con la banda sonora de Pink Floyd, la cual solía escucharse de fondo mientras tomaban un descanso para comer pizza en el que cada miembro permitía que el otro exploraba su mundo de ideas, como expresa él.

“Creo que las las personalidades de cada uno y nos enriquecemos con lo que el otro compartía, entonces recuerdo mucho de Alexander Gómez con todo lo que fue la música de Concha García en el caso de Leonardo bueno las lo que leía que también que también el de y además escribía ahí y en el grupo Tatiana Sandoval también es que a Tatiana zaras, eso enriquecía mucho”.

La pasión por preservar el gremio cultural de Bucaramanga, hizo que Alfonso y su equipo se enfocaran en lograr cada mes sacar información y compartirla más no en el remunerado con el que debían mantener El Cartel.

“Entonces nunca pensamos que las que tuviesen que pagar por publicar, ni tampoco pensamos que el público tuviese que pagar por enterarse. Es decir, no pusimos barreras ni para subir la información, ni para descargarlas en el buen sentido”.

Uno de los momentos en los que Alfonso sintió mayor presión para obtener resultados en el proyecto fue con el primer afiche, cuando de los 18 millones que junto a su equipo habían presupuestado para El Cartel, consiguieron 1 millón. Su dedicación de mantenerse en el presente y no ser influenciado por las trampas del tiempo, como dice él, hizo que el equipo el afiche dejándolo listo para imprimir. Alfonso recuerda que cuando se dirigía a imprimirlo
sentía incertidumbre pero al mismo tiempo tranquilidad de haber sacado adelante en esas circunstancias a El Cartel.

Sin embargo, en el recorrido de El Cartel, en todo momento han llegado profesionales, perfiles culturales y organizaciones dispuestas a creer en lo que hacen y realizar colaboraciones, afirma Alfonso Becerra con un semblante serio y mano en su barbilla, de repente la seriedad se esfuma y da paso un tono de voz emocionado y risueño, como cuando se piensa a un ser querido, nombra a Francisco Centeno, Director del Instituto Municipal de Cultura en 1998, quien al encontrarse con el primer afiche de El Cartel notó el potencial y respaldó el proyecto en el tema de la gestión de recursos y su sostenibilidad económica.

En 2018, Alfonso Becerra al percatarse de que su error con la agenda venía de no haber desarrollado una línea de gestión alrededor de otras instituciones como marcas, microempresas o no participar en convocatorias. En su liderazgo planteó que desde ese momento para El Cartel no existiera la competencia laboral, sino una conversación constante
con otros medios para transferir información. Debido a que para él relacionarse con personas en las rutinas del trabajo hace más amena la vida, su gran descubrimiento fue reconocer que cada uno de los medios daba un enfoque distinto sobre un mismo tema. Fue cuando hizo parte de las alianzas de medios culturales con revista Chueca, artista Alter VOx Media y Revista Coma.

“Entre esa conversación nos nutrimos de las cosas de los otros y hagamos una plataforma que les permita a cada uno de ellos seguir creciendo sus audiencias. Podemos estar los dos sentados en la misma rueda de prensa o podemos hablar de los dos de mi momento, pero a la hora de escribirlo es una versión de lo que es la manera que lo hace contar la historia”.

Para Alfonso Becerra la razón de ser de El Cartel es incitar a que cada persona a la que pueda llegar su contenido, tenga la oportunidad de conectar con el mundo creativo de ideas, tal como él pudo hacerlo de niño. No solo como consumidores sino co-consumers, es decir, que posean la capacidad de evaluar y escoger productos o servicios. Pues para él las personas al manifestar sus creaciones y detalles las de otros, aporta al mundo diferentes formas de
experimentar la realidad. Al estar en contacto con ideas que contrastan las propias, Alfonso Becerra, balanceándose en su silla mientras dibuja con su manos las palabras, considera que el cerebro se nutre a partir de las experiencias de los demás, al verlas, sentirlas y empatizar con ellas.

“Creo que es vital para el ser humano en su experiencia de vida, enriquecerse de lo que le ofrece el territorio y mucho más de lo que otros están creando, que te comparten a veces de manera tan generosa que ni siquiera te cobran la entrada”.

Es aquí cuando toma fuerza su idea de trabajar por una salud creativa, reconociendo a los artistas y emprendedores que comparten su trabajo en la ciudad. Tal como lo hace El Cartel, al ser una fuente de información que sirve como entrada a espacios creativos.

“Es saludable y lo que hace la agenda cultural es precisamente decirte a donde puedes ir a estimular esa efectividad, no solamente siendo público, sino aprendiendo el arte o trabajando de la mano con los artistas para seguir haciendo eso que te gustaría seguir desarrollando y que damos por supuesto que la gente se acerque a otros espacios, porque en en el público o en esas personas a las que no estamos llegando un fotógrafo potencial o un ilustrador”.

Su contenido en todo momento ha apuntado a públicos juveniles, Alfonso Becerra considera que desde temprana edad acercarse a manifestaciones artísticas permite tener más herramientas para comprender el mundo en el que de adultos los jóvenes convivirán, ya que el arte y la cultura fortalecen sus habilidades para interactuar en el territorio. Eso sí, sin que tengan la necesidad de escaparse de clase.

“Lo que hemos visto es que nuestros papás no nos llevan a las exposiciones, porque también vienen de que sus papás no hicieron eso con ellos. Ellos por supuesto que los llevan a sus espacios conocidos, que fueron los espacios que sus papás les llevaron, o los espacios que el colegio de alguna manera propició, o la universidad. Entonces nuestra tarea es acercar a esa siguiente generación a esos sueños para que disfrute más la ciudad”.

En la actualidad, Alfonso Becerra sigue liderando El Cartel guiando a la construcción de estadísticas para que la agenda cultural siga entendiendo nuevas formas de establecer afinidad con el comportamiento de su audiencia.

“Y como es el cartel, podemos generar algunos cambios que facilita que sentaría el consumo y sus servicios, pero también hay algunos cambios que facilitan que las entidades que actualmente están ofreciéndoles puedan tener una mayor facilidad al tiempo para que crezcan también esos proyectos donde se puede acceder a las estadísticas y cómo se calculan las estadísticas que hemos manejado, ni cómo es que los circulamos de algunos espacios relacionados con las entidades culturales”.

En la vida de Alfonso Becerra la enseñanza que ha dejado estos 25 años liderando El Cartel, es generar relaciones horizontales, es decir, independiente del perfil, lugar, edad o profesión que se tenga, es preciado reconocer a las personas como un igual, quien puede aportar en el desarrollo cultural de la sociedad. Su gran logro es que el otro se sienta reconocido, sin ningún veto que obstaculice la conversación de arte y ventanas abiertas.

Los amigos con quienes se fundó la agenda cultural después de clases, fueron tomando caminos separados, sin embargo continuaron estimulando la creatividad desde otros lugares. En El Cartel solo queda Leonardo Núñez y él, pero le inspira que sus antiguos compañeros sigan regando la semilla por el arte y cultura que en 1998 sembraron.