Entrevista Henry Rincón

Por: Diego Suárez, estudiante de Periodismo

Sentado en su estudio de música, ubicado en el municipio de Piedecuesta, mientras afina las cuerdas de su guitarra, revisa que los instrumentos se encuentren en perfectas condiciones y da instrucciones a los integrantes de la banda, “Las avispas africanas”, para que se preparen a practicar una nueva sesión de música, ese es Henry Rincón, músico de profesión y educador.

Nació en Bucaramanga, “la ciudad bonita”, “la ciudad de los parques”, donde ha transcurrido toda su vida hasta el momento, utiliza un tono de voz seguro, preciso y abierto sobre sus vivencias que lo han llevado a ser lo quien es actualmente.

Su infancia tuvo lugar en el colegio la Anexa donde curso sus estudios de primaria, más adelante cursos sus estudios en el colegio Pentagrama, que en sus programas poseía un énfasis en música, clave en su deseo de dedicarse a la música.

“La música siempre estuvo cerca mío, yo siento que la música me eligió a mi no, porque esa época de la infancia yo entré a una escuela de música desde temprana edad, empecé a tocar batería, después otros instrumentos que ya había empezado a tocar como el piano”.

Al igual que Henry, muchas personas tuvieron dudas, se cuestionaron si valdría la pena dedicarse a algo como lo es la música, pero desde muy joven, siempre tuvo claro que ese era su proyecto de vida.

“La decisión de ser músico es una decisión constante porque siempre hay muchas preguntas en la cabeza sin resolver, que, si valdrá la pena seguir en esto, pero cuando lo decidí estaba en el colegio y cuando tenia 15, 14 años ya tocaba con gente de afuera, con muchachos de universidad, entonces yo ya sabía que quería hacer eso, siempre me ha gustado mucho, me apasiona”.

Durante su trayectoria musical no ha tenido referencias como tal, sino un seguimiento e inspiración a determinados artistas que contribuyeron a su formación, artistas como Charlie Parker de Jazz, Pink Floyd, Led Zeppelin de rock, Rubén Blades en la salsa, Joao Basco, música brasileña y la música folclórica colombiana.

“En realidad han sido muchos los artistas que me han influenciado directa o indirectamente no, puede que yo no piense en ellos cuando hago mi música o cuando me pongo a tocar, pero de tantos escucharlos si queda la
información en la cabeza”.

“Pues para mi la música es un lenguaje universal, sirve para comunicar, para liberar, sirve para dar un mensaje, sirve para divertir a la gente, sirve para tocar fibras, para reflexionar, para inspirar, es un arte muy completo”.

Tiene un pensamiento claro acerca sobre la música y el estudio, afirma con claridad en su rostro que no necesita un diploma para explotar su talento, porque considera que para el arte no es necesario tener un papel que diga graduado, si no la pasión por continuar lo que más le gusta.

Se fue de gira con una banda de Jazz, aprendió de bateristas que venían de Nueva York, guitarristas de países extranjeros que le abrían los ojos de curiosidad, de saber que la música era lo suyo.

El nombre de la banda, “Las avispas africanas”, viene de una reflexión por parte de Henry, quien en ese momento toma una actitud más seria y directa, donde sus manos empiezan a temblar ya que este tema le fastidia un poco. menciona que el nombre viene de la avispa, insecto que para él es un parasito indispensable para la naturaleza al igual que ser músico pareciera que fuera negativo para la sociedad colombiana, pero que su vez los necesitan como el medio ambiente a la avispa.

“Para mucha gente es un parasito, para mucha gente un artista sobra, los malas influencias, no hay que pagar eso, ¿usted a qué se dedica?, ¿músico?, pero en que trabaja, ese tipo de cosas que viene desde hace rato pero que
cuando uno se pone a pensar, para la gente no tiene mucha importancia hasta que se da cuenta de lo indispensable que es, como seria la vida sin arte, como seria la vida sin música”.

Con base en su experiencia cuenta con resentimiento el ego y la envidia entre los artistas causaba división, disminuía la capacidad de evolucionar en la música y la colaboración entre los músicos no existía.

Además, que, en Bucaramanga, una ciudad tan pequeña, donde había muchos artistas, pero poco recibimiento. Recuerda que buscaba de todas las maneras la de ser reconocido por la sociedad hasta quedar exhausto, recuerda con alegría que se presentaba en bares, tiendas, discotecas, pero que al final de la noche lo sacaban de los establecimientos.

Pasaban los años y Henry se empezaba a dar cuenta que ser músico en un país como Colombia era muy complicado, vivir solo de ello no era tarea fácil si uno no era un artista reconocido, lo cual dejo sus ánimos por los pisos, no quería ejercer otro trabajo que no fuera cantar y tocar frente a un público.

Sin embargo, el comenta que surgió algo inesperado, que nunca pensó que lo iba a realizar en su vida que, ejercer como educador musical infantil en un jardín donde les enseña su pasión a los niños.

“En mi caso ser musico, solamente tocar o grabar era prácticamente una odisea, una utopía y ahí fue donde caí en la educación. Yo me di cuenta de que acá en Colombia, desafortunadamente no es valorado como debería ser
valorado el arte. Cuando me di cuenta de que no había plata y quería seguir tocando, pues caí en educar niños sin querer, pero lo veo como un complemento para mi carrera no como una carga”.

Continuó como baterista tocando en lugares pequeños hasta horas de la madrugada donde su salario era de 100 mil pesos la noche, una noche fría cuenta que el inicio su historia en una banda llamada Velandia y la tigra donde se iban de gira y sus ganancias crecían favorablemente pero no del todo positivas, lo cual influyo en su decisión con una sonrisa en su cara mientras sostenía su guitarra con sus brazos donde explicaba que en los últimos años se ha dedicado a enseñar música a los niños en el Jardín infantil La Ronda donde ha dedicado la mayoría del tiempo
como educador y formador para ellos.

Actualmente los lugares que tiene para crear su música se concentran en su hogar, aunque de vez en cuando encuentra su inspiración en otros lugares diferentes.

“Mi estudio de música, yo tengo dos lugares donde creo, uno es mi cuarto, que es un espacio con monitores, tengo un escritorio, tengo con que escribir, tengo mi guitarra, tengo un piano, y tengo pues el computador también si hay que grabar algo, una idea, ahí está, también tengo un patio donde ahí es donde tomo café, donde el ambiente es diferente, pasa más aire, aire puro y puedo tener otra perspectiva y en el trabajo donde tengo espacios libres, me pongo a crear”.

Su proceso de creación de música se ha visto un poco mermado por las responsabilidades que tiene en su vida, en el ambiente familiar, donde le gusta pasar tiempo con su hijo y en el ambiente laboral como profesor, sin embargo, encuentra los momentos para disfrutar de su más grande pasión, la música.

“Encuentro el momento y me pongo a tocar y a cantar canciones, me gusta tomarme un cafecito negro y empezar a meditar no, meditar en lo que quiero cantar y escribir con papel y lápiz, más que todo en soledad”.

Una de sus obras que ha escrito con felicidad y lágrimas en los ojos, que tiene un sentimiento especial y único que es “canción para mi hijo”, título que para algunos puede no ser el más creativo del mundo, pero es dedicado al tesoro más grande que tiene, su pequeño hijo.

“Pero hay una que tiene pues un peso grande y es una canción que le escribí a mi hijo, que se llama así “canción para mi hijo”, tiene un peso porque representa mucho para mí, no sé si es mi favorita, pero es una de las que más valoro y más amo”.

Señala que una de las cosas más importantes para el como artista es el escenario, donde según él, es sagrado y hay que actuar de la mejor manera posible porque la gente tiene que ver la mejor versión del artista, si no hay esfuerzo ni dedicación, no debería dedicarse a la música.

“Para mí cuando alguien se sube al escenario significa es como un ritual, para mi es algo muy especial porque entregarle al otro es el dar, para mi es dar, dar lo que yo tengo, desde mi esencia hacia la esencia de los otros, entonces para mi es importante, es de lo más importante y sagrado en mi profesión.”

Henry, al ser preguntado por el legado que pueda dejar a las futuras generaciones, primero toma un sorbo de su café, se queda en silencio durante unos segundos pensando que decir y sin embargo, no tuvo una respuesta clara y concisa.

“No, yo no sé de legados todavía porque apenas voy en el camino… la música, la música que deje, ahí están los discos o el trabajo que quede grabado de lo que yo hice, me imagino que eso será, pero. Pero legado, de hablar de legado todavía estoy muy joven”.

Hoy en día Henry Rincón se siente más profesional, siente que ha aprendido de sus errores, aunque de vez en cuando sienta miedo de las dificultades que se pueda enfrentar en el camino o de sus experiencias del pasado, pero su pasión esta por encima de todos los problemas, es lo que lo mantiene feliz, su agrupación, las avispas africanas se preparan para lanzar su segundo disco para todo público donde esperan atraer más gente con su música que siendo parte de su vida hasta el final de sus días como el mismo lo dice, la música es lo más preciado que el ser humano puede tener.