Antonio Acevedo Linares, agarra las palabras con fuerza y las convierte en verso o ensayo, las hace hablar de amor, de eros y tanatos las convierte en una joven sonriente o en un hombre leyenda que decide morir en la selva, mientras que en el fondo suenan las cuatro estaciones de Vivaldi. Pero no sé cofia, bien sabe que las palabras son alondras que pueden escaparse entre los espejos del olvido.
