La pandilla de bioseguridad

Por: Camila Ladino, estudiante de Periodismo

“Estamos volviéndonos a la época del descubrimiento de América en que los curas usaban el teatro para evangelizar, entonces conclusión usted tenía que creer en esa obra de teatro porque si no Dios lo castigaba. Pues no podemos seguir así, estamos porque la gente voluntariamente quiere estar”.

Omar Álvarez es todo lo que muestra en su faceta como director del Teatro de la UIS, una persona artística con un temperamento fuerte, que va con la frente en alto diciendo la verdad sin ningún filtro. A él, a quien desde muy pequeño lo enseñaron a no decir mentiras, es más importante ser sincero que pensar en “el qué dirán”, para él no existe manera de aprender teatro en la virtualidad.

“No soy una perita en dulce, Tengo fama de ser absolutamente terrible a veces como llamamos eso… hasta agresivo. Pero es porque para mí importante es: al público no lo podemos engañar”.

Es por eso, que durante la pandemia se encargó de salir a las calles y de convertir al Teatro de la UIS en el primer colectivo a nivel nacional en volver para no dejar apagar la luz de los escenarios presenciales.

“Hay que generar políticas de emprendimientos, hay que mandar a la gente a la calle con el pan bajo el brazo”.

Omar Álvarez es un hombre robusto, de cabello blanco, grandes ojeras y las cejas negras. Una persona expresiva, sociable y quién considera al teatro su vida, los años se lo han demostrado.

“Hoy en día no cambio lo que ya soy, hoy en día la vida estoy casi seguro que me gustaría devolverme, pero para repetirle y repetirla bien y no cometer tanto error. Sí, tenemos seguiré haciendo teatro, para mí es la vida, es mi vida, mi vida, no la vida de todos los demás, es mi vida. Y a partir de eso, vamos para mí a veces esos días en que no se pudo, bueno, cuando estuvimos en confinados, una época que no podíamos hacer nada para mí fue terrible, para mí fue terrible el no poder estar haciendo cosas”.

En el salón de ensayo (una habitación con un telón negro en el medio y con sillas de cualquier forma) junto a la utilería y artefactos para las obras que presenta cada vez que puede, mientras movía sus manos recordó el 04 de marzo del 2020, el día que inicio la pandemia y descubrió que enseñar de forma remota no es lo mismo ni cercano a la presencialidad.

“Al principio fue terrible, decía: ¿Yo qué hago aquí encerrado? Ah claro y hacíamos cosas virtuales, yo desteto eso, el teatro no puede ser eso. El éxito del teatro es eso, la comunicación visual, es experiencia que significa vernos, movernos, palparnos, si fuera necesario”.

La pandemia fue difícil para el teatro de la UIS, Omar Álvarez que nunca había parado de estar en escenarios tuvo que entrar a cuarentena. Formando un pensamiento que no cree en los espacios virtuales para el aprendizaje, jamás vio el teatro virtual como una opción, para él era una burla.

“Hay que enseñarlo cómo se enseñan las artes, haciendo. Que no puedo seguir enseñando artes en un tablero, peor virtual, que es un asco, todos sabemos que ese año y medio que estuvieron virtuales todo el mundo fue una pérdida de tiempo y plata, porque de hecho nadie aprendió un carajo, solo sobrevivió en la academia”.

“Enseñar haciendo” es su lema y su objetivo con el teatro de la UIS. Por eso, al pasar los meses mientras sentía que su vida se marchitaba, con el apoyo del grupo decidieron volver a las tablas y ser de los primeros en Bucaramanga en no parar durante el confinamiento.

“Nosotros nos inventamos una cosa que se llamó la pandilla de la bioseguridad. Entonces la universidad nos decía: ¿ustedes que están locos? Váyanse, confínense. No, nosotros nos quedamos aquí”.

La determinación, la creatividad y la voluntad marcaron el camino del Teatro UIS durante la cuarentena del 2020, creando nuevas campañas de prevención y protocolos del covid- 19 por medio de la Pandilla de la Bioseguridad y el amor al arte.

“Empezamos a salir a centros comerciales, supermercados, plaza de mercado, calles, parques, hacer campañas de bioseguridad con unos personajes en la calle. Entonces, un árbitro de futbol, una cantidad de personajes en la calle que le pitaban a la gente, los árbitros de futbol le sacaban tarjeta roja o amarilla por que no llevaban el tapabocas o estaban muy cerca, cosas por el estilo. Ahí comenzamos a aprender muchas cosas de bioseguridad, que no sabíamos hoy en día se habla, por ejemplo, de acomodación por afinidad. Gracias al trabajo del Teatro UIS, en toda la época de la pandemia antes a usted lo acomodaban dos metros cada persona más o menos, no, pero y son familia porque lo vas a separar. Entonces se empezó a hablar de acomodación por afinidad, pues a partir de eso que fueron todas las pruebas que nosotros hicimos el año pasado”.

Las calles de Bucaramanga se poblaron de los artistas del Teatro UIS. Personas con compromiso, que se esforzaron para volver a los escenarios presenciales con obras de burla sobre la pandemia.

“Empezamos a hacer funciones en sitios ya confinados como eran ancianatos, por ejemplo, sitios que ya estaban confinados, no había forma entonces nosotros llegamos a esos sitios, o sea, San Camilo, hospitales psiquiátricos, a hospitales, cosas por el estilo que nos permitieron llegar luego, pues ya se dieron la oportunidad de noviembre del
año pasado de empezar a hacer cosas presenciales en nuestro teatro que queda allá arriba por el centro vacunación”.

Fue así como La Pandilla de la Bioseguridad, bajo la dirección de “Capa Blanca” (apodo de Omar Álvarez por sus compañeros del colegio) dieron inicio a las funciones de la obra teatral: Pandemia Bufa.

“No había que parar. Porque en la ciudad nadie hizo temporadas permanentes y es lo que hay que hacer”.

Pandemia Bufa es una obra de tres partes. La primera, se llama la historia de un aseso, que narra la vida de vendedor callejero de tapabocas, quien tenía un aseso en su dentadura y decidió trabajar antes que ser tratado, a pesar de su miedo a la pandemia. La segunda, se titula historia de una metamorfosis, cuenta la vida de un hombre que sale en pandemia a buscar empleo y solo consigue como perro de seguridad. Y la tercera, es el relato de un hombre, a quien hacen responsable de desarrollar una peste bubónica en África del Sur.

“Él cree que era el responsable, los responsables son otros como lo que pasó con la pandemia nuestra, los responsables tienen el nombre y lo que había detrás también”.

Para Omar Álvarez, quien creció siendo hijo de un tramoyista (encargados de preparar el escenario) y conocedor de la historia regional de los teatros, en Bucaramanga sí existe cultura teatral y por eso los escenarios tienen que seguir presentando obras para el público, a pesar de las circunstancias.

“El movimiento teatral bumangués viene de los años 40 hacia adelante, pero de verdad porque por aquí pasaban compañías de teatro de todo el mundo con destino a Bogotá y de ahí para abajo hasta la Argentina, entonces por eso cuando en Colombia, cuando en Bucaramanga se dice: – No es que Bucaramanga no tiene tradición teatral, pues no tendrá tradición teatral el que lo dice. ¿Pero es que entonces yo qué hago con mi familia? Si mi familia, mi papá fue tramoyista del Teatro Garnica y el teatro Garnica todas las semanas tenía teatro o zarzuela y hasta ópera y operetas”.

Sus ojos se llenaron de brillo y su mente se perdió en el espacio un momento. El teatro Garnica fue uno de los espacios más emblemáticos para la cultura de Bucaramanga del siglo XX. Era uno de los patrimonios urbanos de la ciudad en esa época, con una estructura italiana y la capacidad de recibir 1.200 espectadores, cerró sin previo aviso. Una construcción que, hacia parte de la tradición bumanguesa, fue demolida por la falta de iniciativas y normas de conservación, ocupando su lugar en la carrera 17 entre calles 34 y 33, el centro comercial Páez en la actualidad.

Omar Álvarez, lleva toda su vida haciendo teatro en Bucaramanga y 21 años siendo el director del teatro de la UIS. Mientras usa una camisa beige, una boina negra y unas llaves sobre su cuello, cumple el reto de ser uno de los pocos directores que han permanecido tanto tiempo. Sentando en los espacios de la UIS espera todos los días a los artistas que apoyaron sus ideas durante la pandemia y que no dejaron que el teatro bajara el telón.

“Los que estuvieron aquí son merecedores a cualquier cosa que ellos quieran. Porque estaban cuando perfectamente estaban colocando su vida en peligro”.