Realizado por: Keidys Vanessa Becerra Sánchez, estudiante de Comunicación Social Unab.
Palmas, caracolís orquídeas, trinitarias, ensoras y durantas son solo algunas de las tantas especies de árboles que embellecen los espacios de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB). Estas zonas verdes transforman el entorno académico en algo más que salones y oficinas, y ofrecen un respiro en medio de la rutina diaria. Detrás de este paraíso están las manos incansables de los jardineros, quienes riegan, podan, plantan y cuidan cada detalle.

A las siete de la mañana, Isaías Rincón, Alexander Enrique Gómez y Edgar Ramírez comienzan su jornada en la sede principal de la UNAB, El Jardín. Equipados con el uniforme proporcionado por Aseo Servicio S.A.S., la empresa encargada de los servicios de limpieza, jardinería y mantenimiento en la universidad.
Sus camisas y pantalones de mezclilla llevan el logo de la compañía, complementados con botas y guantes amarillos de caucho, y gorras que los cubren del sol. Con machetes afilados bien asegurados a sus costados, estos hombres transforman diariamente cada rincón del campus en un espacio lleno de vida.
“Yo me levanto a las tres o cuatro de la mañana para prepararme el desayuno y el almuerzo que llevo al trabajo. Luego me alisto y salgo de mi casa —ubicada en el barrio Bucarica— alrededor de las seis para coger el bus y llegar puntual a la universidad”, relata Isaías mientras riega las vegetaciones que rodean la cafetería principal. Con más de 12 años de experiencia en la universidad, su compromiso es evidente en cada tarea que ha efectuado.
Aunque sus jornadas comienzan temprano y las labores son exigentes, si hay algo que los jardineros comparten es el amor profundo por su trabajo. La mayoría de ellos, vienen del campo y han estado rodeados de naturaleza toda su vida, lo que hace que el cariño por las ‘maticas’ venga desde la cuna.
Para Alexander Enrique Gómez Reales, el miembro más reciente del equipo con apenas tres meses, cada tarea es gratificante: “A mí todo me gusta, desde sembrar, regar, podar, deshierbar, estar con las matas, todo, todo”, asegura con entusiasmo.
A solo un kilómetro de El Jardín se encuentra el campus Octavio Cadena Gómez, mejor conocido como el Centro de Servicios Universitarios (CSU). En este espacio, la naturaleza tiene un lugar privilegiado en el Reloj Solar, una zona rodeada de árboles y jardines cuidadosamente mantenidos. Este lugar, que se asemeja a una media torta por su diseño abierto y curvado, está reservado exclusivamente para quienes soliciten acceso, preservando así su tranquilidad y belleza.
Aquí, entre el aroma de las flores, de tierra mojada y en la sombra de los árboles, Juan Carlos Cáceres, Jesús Andrés Sanabria y Gustavo Forero desarrolla su labor diaria.

“Lo único fijo aquí es el horario, porque todos los días hacemos algo diferente. Cuando está haciendo verano, se riegan las matas cada dos días. Algunos días se guadaña, otros días se deshierba, todo depende de lo que nos pidan las matas”, comenta Juan Carlos mientras abona las vegetaciones del vivero.
Jesús Andrés complementa: “Tener bonito el campus lleva tiempo. Por ejemplo, guadañar nos toma mínimo dos semanas, mientras que los quehaceres en el vivero pueden llevar un día completo, dependiendo de cuántas maticas sembremos”.
Para él, mantener las zonas verdes es más que un trabajo: “A la mayoría de la gente le gusta ver flores, árboles, y creo que hacemos una labor muy importante porque, sin nosotros, ¿qué sería de todo esto?”—afirma mientras señala las zonas verdes.

A sus 80 años, Lucía Puyana lidera el equipo de jardinería de la UNAB con la misma pasión que heredó de su madre, Toña Morantes, pionera y jefa de esta área desde los inicios de la universidad. Como ella misma relata, fueron los ánimos y enseñanzas de su madre los que la impulsaron a dar sus primeros pasos en el mundo de la jardinería, permitiéndole hacer sus “pinitos” en este oficio que ahora domina con maestría.

Desde hace más de 12 años, con su estilo impecable y su ojo experto, Lucía recorre diariamente los campus universitarios. “Aquí se hace lo que la señora Lucía diga, ella es la que dice qué y dónde sembrar”, afirman los jardineros. Su liderazgo se evidencia en cada instrucción precisa, “Isaías, el lunes que yo vuelva a venir, esto ya debe estar limpio”, le indica mientras señala un arreglo floral frente al edificio I.
Antes de terminar su recorrido diario, Lucía se detiene junto a un arreglo de anturios, sus flores favoritas y con la sabiduría de quien ha dedicado su vida a cuidar la naturaleza, hace un llamado a los estudiantes: “Quieran la naturaleza, protéjanla. Gracias a ella no solo tenemos una de las universidades más bellas del país, sino también el privilegio de respirar aire puro cada día”
