Las modistas migraron al terreno de las costureras

Las modistas migraron al terreno de las costureras

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Jueves, 13 Junio 2019
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Rodeada de hilos, retazos de tela, bolsas de todos los colores  y la vibración que produce su máquina de coser, Nancy Mireya Díaz Marín, una modista del barrio los Andes, trabaja 17 horas al día en su clínica de ropa Soluciones.

Esta es la conversación habitual de una modista con su cliente, sin embargo, la confección ha dejado de ser el objetivo principal del oficio, puesto que ser modista se fusionó con oficios como el sastre y la costurera. Actualmente las modistas han dejado de diseñar y coser prendas y se han dedicado a realizar arreglos a los dos sexos. La modista Nancy Mireya Díaz afirma que para ella es mejor realizar arreglos que confeccionar vestidos en la cuestión económica

“El tiempo que invierto en un arreglo es más corto que haciendo un vestido, sí, y si yo comparo eso en los arreglos que puedo hacer en el mismo tiempo a un vestido, obviamente me pagan más por los arreglos que por la confección, entonces por eso es por lo que yo no confecciono”

Pero esto no fue así siempre, las modistas eran aquellas mujeres que fabricaban las prendas de vestir de las mujeres. La mayoría de estas copiaban los figurines que veían en revistas nacionales como: Cromos y Gloria, sin embargo, algunas creaban sus propios diseños. En el siglo XX las modistas y los sastres eran los protagonistas a la hora de crear prendas en Colombia. Desde 1929 hasta inicios de los años 90 las modistas hacían parte de fábricas de confección en Bucaramanga tales como el Nogal y el Roble. Estas fábricas tenían alrededor de 30 mujeres, cosiendo, despeluzando y fileteando telas para confeccionar la ropa de los habitantes de la ciudad.

 En la confección, la creación de prendas de vestir puede ser de dos tipos: sobre medidas o por tallas. La sobre medidas permite que la modista calcule los centímetros de la cadera, hombros, busto y piernas de las mujeres. En cambio la otra técnica se usan las medidas que arrojan las tallas que pueden ser: 6, 8, 10, 12,14, cada una de estas tallas tienen unas medidas universales de cada parte del cuerpo.

En el proceso de sobre medida los clientes se acercan a la modista para contarle qué diseño quieren y esta les toma las medidas. Según la modista Nancy Mireya para que la camisa, o vestido quede bien hecho es preciso agregar 5 cm, así la prenda no quedará ajustada e incómoda para el cliente.

Después de este paso, la modista debe crear los moldes en un papel, en este papel ella dibuja la prenda con sus respectivas medidas y lo une con la tela. Cuando ya tenga listo el patrón de diseño, procede a cortar. Los últimos pasos es el armado de la prenda en el que se junta los partes de la tela, y planchar el producto finalizado. Al finalizar todo el proceso el cliente se mide la prenda y la modista ajusta las medidas en caso de que hayan quedado mal

Sin embargo, para Nancy, la modista afirma que este proceso no era grato, porque los clientes no valoraban su trabajo e incluso no reclamaban la prenda que mandaban a hacer

“Me veía en las situaciones de que estaba la prenda terminaba y empezaban esto no me gustó, ¿me lo desbarata?, y después de haber hecho todo el trabajo, otra vez desbarate por cualquier cosa, y venían y se lo medían otra vez y decían mejor déjelo como estaba, entonces eso como que yo no lo supe manejar y me sacaba el mal genio. Lo otro era que terminaba la prenda, y uno para qué día la necesita, bueno, uno tenía la prenda para ese día y pasaba un mes y dos meses y uno veía todavía ahí la prenda”

¿Pero las modistas estudian para desempeñar este oficio? Marlene Isabel Sánchez Rincón, modista del barrio Zapamanga, menciona que ella hizo un curso de modistería pero que adicional a eso ella ya tenía un don.

Donde yo estudié, en el Politécnico, ahí manejan talleres y ahí estaba incluida la modistería, sastrería y todo eso, sin embargo, yo entendía muy bien lo de la modistería y creo que nací con ese don porque siempre me ha gustado

Asimismo, Nancy Mireya Díaz, modista en el barrio los Andes afirma que ella estudió en el SENA y en Comfenalco  y destaca que en el SENA el aprendizaje era más industrial y en la otra institución más individual

“Estudié en el SENA y he estudiado en Comfenalco, pues en el SENA fue más que todo industrial, ropa industrial y en Comfenalco era una ropa más a su talla sobre medidas”

Por su parte Olfa María Marín Marín, modista en el barrio San Bernardo, afirma que ella hizo cursos en el SENA y que en el Bachillerato hacía cursos esporádicos

“Hice cursos en el SENA y también cuando estaba en el Bachillerato yo hacía cursos esporádicos”.

En el Servicio Nacional de Aprendizaje se realiza el programa de confección, actualmente  3148 estudiantes mujeres están inscritas en todos los cursos relacionados con esta área, en Floridablanca, puesto que estas asignaturas tienen lugar en el Centro Industrial de Diseño y Manufactura, ubicado allí. Los cursos que se dictan en relación con ésta área son: Curso de Especial en Básico Trazo, Corte y Confección, Curso especial en Corte y Confección de Blusa y Vestido, Curso de Patronaje y Curso de Corte y Confección de Piyamas. Los demás son virtuales.

Juan Manuel Castillo Calderón, subdirector del Centro Industrial del Diseño y Manufactura del SENA, resalta la importancia del curso de confección como una forma de emprendimiento para los estudiantes.

“Formarse en el área de confección permite a la persona poder tener una perspectiva de emprendimiento, realmente en Santander y más que todo en el Área Metropolitana de Bucaramanga, muchas familias se han sostenido a lo largo de los años en este oficio, lo que se está procurando es que las personas obtengan unas competencias básicas, técnicas a lo largo de una cadena de formación que compete operario, técnico tecnólogo, para que vayan incluso desarrollando sus propios productos”.

A pesar de que centros educativos como el SENA tengan enfocado el curso para el diseño de prendas, esto actualmente no está sucediendo, puesto que ese negocio tal como está planteado ha sido reemplazado por almacenes en centros comerciales, en los que las prendas son más económicas. Pero ¿Cómo ocurrió esto? Con la apertura económica en Colombia en 1990, las fábricas de modistería empezaron a quebrar. La importación de prendas de vestir de otros países arrasó con los productos creados por las modistas colombianas. Los precios bajos con los que llegaban los productos extranjeros hicieron que muchas mujeres quedaran sin empleo.

De acuerdo con Nancy Mireya Díaz, modista, el precio de un vestido confeccionado por una modista puede variar según la tela, puesto que hay telas muy costosas que su precio por metro puede ser hasta de 280 mil pesos.

“Bueno, eso depende de las calidades porque hay telas muy costosas, habían telas de 280 mil el metro de tela y para un vestido de fiesta se van entre 3, 5 metros fácilmente si usted quiere un vestido, ‘rotondo’ elegante”.

Teniendo en cuenta esto, la tela de un vestido de fiesta de ese tipo puede costar alrededor 1 millón 400 mil pesos si son 5 metros. Esto sin contar el proceso de manufactura de la modista, que puede variar entre 80 mil pesos hasta 250 mil pesos, si tiene muchos acabados o terminados.  Lo que significaría un valor total del vestido entre 1 millón 480 mil y 1 millón 650 mil pesos. Así que las personas prefieren comprar un vestido para una ocasión especial en una tienda de ropa.

Marlene Isabel Sánchez, modista, sostiene que es mejor mandar a hacer la ropa, pero a su vez reconoce que actualmente hay mucha competencia y que la ropa puede valer 10 mil o 15 mil pesos en almacenes.

“En parte sale mejor mandarla a hacer que comprarla, pues ahora usted sabe que hay mucha competencia, ahora todo es barato, 10 mil, 15 mil 20 mil, entonces la gente ‘ah no en el centro está más barato”

Respecto a estas confecciones económicas, Nancy Díaz afirma que la confección china es práctica pero sus telas son de mala calidad, pues algunas se abren.

“La tela la que yo digo que no tiene buena calidad es en la confección china, es muy práctica, el arreglo y los terminados pero la calidad, hay unas telas que no me gustan, porque las está uno arreglando y a veces se abren”

Debido a estos fenómenos como el de la apertura económica y la globalización, las modistas han dejado de confeccionar y han migrado al terreno de las costureras, que eran las que se encargaban de los arreglos y las pequeñas cosas del vestir de las personas.

Nancy Diaz sostiene que aunque la modistería entendiéndola como confección esté decayendo los arreglos no, porque las personas compran en centros comerciales y traen la prenda para que se la ajuste.

“Mire que aquí pasa ‘habían dos tallas grandes, más que la mía, pero yo me la traje porque a mí me gustó y yo sé que usted me la deja como yo la quiero’ y la traen y uno la desbarata toda y la vuelvo y la armo, y les toca pagar allá y aquí, así que lo de los arreglos no creo que vayan a decaer tan fácil, porque todo mundo necesita un arreglo”

Nancy gana al mes alrededor de 3 millones de pesos, haciendo arreglos y en temporadas como diciembre, enero y febrero duplica su salario habitual, es decir gana 6 millones de pesos en esos meses respectivos del año. Los arreglos que esta modista realiza van desde la entubada de un pantalón que cuesta 5.000 pesos, a la desmontada total del traje, que cuesta 30 mil pesos.

Sin embargo, modistas como Marlene u Olfa, ganan máximo 1 millón de pesos al mes en temporadas productivas, y en el resto de meses, no alcanzan a ganar el salario mínimo.

Con este giro de trabajo de modista a costurera, ¿Cuál será el horario de una modista?

 Las modistas que trabajan independientes en sus clínicas de ropa pueden decidir qué tiempo dedicarle a su oficio, puesto que la mayoría de ellas, tienen su negocio en la casa. Sin embargo, hay un factor determinante a la hora de decidir este aspecto y es el compromiso de entrega con los clientes.

Nancy Díaz, afirma que no hay horario sino que es la modista quién decide según su responsabilidad y las prendas que reciba.

“Entonces, eso no hay horario, porque eso es según la responsabilidad que usted tenga, si usted recibe es porque usted sabe que usted lo puede entregar, y tal vez, en ese sentido yo he sido afortunada de poder cumplir, y por eso es que a mí no me falta, que yo cierro ese portón, pero yo sé que sigo acá hasta que yo sepa que puedo cumplir con el cliente al otro día”

Esta modista a veces trabaja 17 horas, desde las 8 de la mañana hasta la 1 de la mañana del día siguiente. Este horario le ha ocasionado problemas de salud.

Nancy afirma que ella sufre de sobrepeso a causa del sedentarismo y su visión se está agotando.

 “por lo menos el sedentarismo me ha afectado bastante, ahorita en estos momentos por lo menos tengo sobrepeso, los triglicéridos y el colesterol altísimo, por falta de ejercicio, por estar quieta; mucho dolor en las articulaciones se me está agotando la vista, todo eso”

Las modistas de hoy trabajan en sus casas, frente a la extensión de su cuerpo, que las convierte en artesanas, su máquina de coser. Las máquinas de coser han cambiado con el tiempo, las primeras que usaron  las modistas, eran aquellas que tenían pedal, actualmente una máquina de ese tipo cuesta alrededor de 450 mil pesos. Este tipo de máquina dejó de usarse por las modistas y ahora estas usan máquinas eléctricas, puesto que son más fáciles de usar. Una máquina de coser de la marca Singer cuesta cerca de 2 millones de pesos. Nancy Díaz, modista, afirma que las máquinas deben ser llevadas a mantenimiento cada año, y que a veces estas de tanto uso pueden averiarse.

 “El mantenimiento debe ser una vez al año, pero estas máquinas que uno las tiene trabajando todo el día, en cualquier momento se parte algo, se desgasta algo, las piezas se desgastan, entonces empiezan a no coser bien, pero sí, así como dan también hay que meterles”

Los hilos que las modistas más usan son los de color gris, blanco y azul, según Marlene, Olfa y Nancy, y a las tres les dura cerca de 3 meses el tubo de 251 metros de hilo, los demás colores duran hasta un año.

A pesar de que ciertas modistas lleven alrededor de 25 años en el oficio, como el caso de Marlene, Olfa y Nancy, esta última sostiene que siempre hay algo nuevo qué conocer e incluso menciona que le gustaría seguir aprendiendo diferentes técnicas acerca de su oficio.

“yo por lo menos ahorita quisiera volver a hacer cursos, porque hay muchas cosas nuevas, que se hacen cada vez más prácticas y de pronto uno no tiene el acceso a toda la maquinaria que uno puede llegar a utilizar en una empresa”

Estas tres modistas han sacado a su familia adelante gracias a su trabajo, a pesar de que la confección ya no sea remunerada como en el Siglo XX, Sara Lucía Fuentes Marín, hija de Olfa Marín Marín, menciona que el trabajo de su mamá logró suplir las necesidades básicas para mantener una familia.

“Si mi mamá ha sostenido todas las necesidades y las necesidades del hogar, porque nunca nos ha faltado, ropa, alimento”

Por su parte, Nancy recuerda cómo después de la separación con su esposo, ella tuvo que sostener su hogar y sacar adelante a sus hijos.

 “Hace más o menos diez años me separé, de ahí para acá yo tomé las riendas de lo económico, porque todo se cayó, se acabó el hogar, el ya no aportaba, todo quedó a mi nombre, pero los gasto”

Las modistas son aquellas personas que ven crecer el cuerpo de sus vecinos, que han arreglado las prendas de vestir de más de 200 personas y que les aseguran a sus clientes que sus prendas quedarán perfectas. A pesar de que su oficio se haya combinado con el de la costurera y el sastre, ellas siguen vigentes, porque han reconocido la necesidad de transformarse.

Por Leidy Peña.

@Laley019

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