María Sonia Casadiego Arias: la danza a flor de piel

Por: Alejandra González, estudiante de Periodismo

Serena, amable, sonriente y disciplinada, así es María Sonia Casadiego Arias, quien nació con el baile en la sangre y hoy en día la sigue acompañando como uno de sus más grandes amores reflejado en la danza contemporánea.

Desde muy pequeña estuvo en contacto con el arte. Su padre escritor, dramaturgo y médico y su madre bailarina, coreógrafa y maestra de ballet. Ellos se encargaron de que, junto con sus cuatro hermanos, conociera las distintas expresiones de arte como la música, las artes plásticas y pintura, entre otras, para que cada uno escogiera aquella con la que más se sintiera identificado.

“En mi caso fue la danza. Yo creo que desde los cuatro años me llevaba mi madre al salón”.

Que hoy en día sea bailarina de danza moderna no es en vano. Desde niña, María Sonia, estuvo rodeada de salones de ballet, de espejos y de barras. Como si fuera un juego empezó a formarse en la técnica clásica desde los seis años y a los 10, acompañaba a su madre en las distintas muestras didácticas y pequeñas presentaciones en colegios y en auditorios, lo que la ayudó a sumergirse en el ambiente artístico. Con el pasar de los años hizo un cambio hacia la danza contemporánea, esta decisión fue influenciada por su madre quien siempre estuvo a la vanguardia y esto se vio reflejado al ser la pionera de la danza teatro en Colombia.

“Siempre sentí que el camino estaba ahí. Yo tenía que estar en la danza porque subir a un escenario era sentirme como en mi lugar”.

Su madre, Sonia Arias, fue su mentora, la persona que sembró ese amor y pasión por la danza en ella. Fue quien la formó personal y artísticamente, la orientó desde muy pequeña a elegir el camino correcto y el que la acompañaría toda la vida: la danza contemporánea. Al hablar de ella, a María Sonia, le cambia el semblante, sus ojos se tornan aguados, se le entrecortan las palabras, su postura cambia y luego tras un profundo respiro afirma que lo es todo para ella.

“Me enseñó que dentro de mí estaba el verdadero valor. Que tenía que mirar para mis adentros y encontrar mi propia manera de moverme y mi propia manera de expresar, que eso yo no lo aprendía en ninguna parte, que las técnicas existían, pero mi propia expresión eso solo lo podía encontrar dentro de mí”.

Teniendo como referente a su madre, una de las precursoras del ballet en Colombia, decidió dejar el nido para irse a Bogotá y así seguir moldeando su destino y mejorando su técnica. Allí hizo parte de importantes compañías de ballet, como la de la Escuela de Danza Triknia Khabelioz, dirigida por Carlos Jaramillo. También en la Compañía Colombiana de Ballet dirigida por Christopher Fleming y Elsa Valbuena.

Así mismo, en proyectos teatrales dirigidos por Jorge Alí Triana, Fabio Rubiano y Misael Torres, entre otros. En resumidas cuentas, Maria Sonia, ha trabajado con la crema innata de la danza y el teatro en Colombia. Estas experiencias la formaron y la nutrieron para así volver a Bucaramanga a compartir y aplicar todo lo
aprendido.

“Había mucha exigencia no solo técnica, sino que también era muy importante que los bailarines tuvieran también una formación conceptual no solo técnica y eso también fue aprendizaje de mi madre una gran lección de que nosotros como bailarines debemos cultivar no solo el cuerpo sino el concepto, el pensamiento crítico reflexivo para poder hacer trabajos interesantes”.

Su fortaleza está en la creación, tiene un amplio repertorio de obras como “De piedra a la piel”, “Temporia”, “Sentidos trémulos” y “Tuyo Thomas”. Al hablar de su trayectoria, María Sonia, se llena de orgullo y con un tono de voz alegre cuenta que ha sido parte de las Becas de Creación del Ministerio de Cultura, como bailarina intérprete y como intérprete creadora. Además, ha ganado dos pasantías nacionales de formación con el ministerio y una residencia artística internacional donde fue a México y dirigió un proyecto de una compañía profesional llamado “En obra”.

“Fue bien interesante porque fue una experiencia como algo que quería hacer y que no se había dado, pero se dio con la residencia e iba apoyada por el ministerio y la gente hermosísima. Todo fue bellísimo, fue lindísimo entrar a un
contexto que no conocía y comencé a investigar el lugar, el trabajo fue súper enriquecedor, la gente se conectó mucho con la propuesta que yo llevaba y salió un trabajo muy hermoso”.

Actualmente es miembro del equipo máster de la Escuela Municipal de Arte, de Bucaramanga, allí se encarga de proyectar y organizar las muestras y actividades artísticas. También de hacer convenios y alianzas con las diferentes instituciones y así lograr intercambios para sus estudiantes. Además, es directora e intérprete en algunos proyectos de creación colectiva. En ellos siempre les enseña a sus alumnas lo importante que es sentir lo que hacen y también imparte en ellas las enseñanzas que algún día le dio su madre.

“Cada vez que hay un ensayo yo les boto una frase de mi madre, les digo ‘chicas llegó el momento necesito que ahora, ya se saben los pasos, ya se saben la coreografía ahora necesito qué sientan y vibren con la música, conéctense con la música, escuchen esta hermosura e interpreten. No piensen en ser ejecutantes, solamente de pasos, porque de eso no se trata la danza’. Nosotros en la escena tenemos que conmover a un público y la conmoción viene desde adentro. Si el bailarín está interpretando y está sintiendo la música, el bailarín vuela, el bailarín comienza a expresar, pero si se queda solo en lo técnico no pasa nada el público lo que va a decir es wau que virtuoso que bello, que estético, que bonito, pero al público no le pasa nada interiormente, entonces lo que nosotros tenemos es que conmover, eso es lo importante y esa era una enseñanza de mi madre”.

Hoy en día su proyecto más importante y en el que más está enfocada es “Eloy” una obra de ballet infantil realizada por su madre, Sonia Arias, con el que busca inmortalizarla y hacerle un homenaje a ella. No solo eso, con la realización de este homenaje, María Sonia afirma que le ha servido para sanar y hacer su duelo, por el fallecimiento de Sonia en febrero de 2021. Cada ensayo y detalle le recuerda a su madre, como ella dice “la siento ahí como si me estuviera recordando cada detalle”.

“Es una historia bien bella y las coreografías clásicas son absolutamente hermosas con música original también de mi segundo padre llamado Blas Emilio Atehortúa. Es un trabajo muy especial y va a ser muy emotivo para mí porque es un homenaje que le estoy haciendo a ellos remontando este último trabajo que ella hizo”.

Sin lugar a dudas, la danza para esta mujer de pelo ondulado, tez canela, mirada expresiva y sonrisa amable, es la mejor manera para poder expresarse ante el mundo. Para ella los movimientos expresan más que mil palabras.

“La danza es mi vida, la danza es mi pasión, la danza es después de mis hijos mi gran amor”