Nictophilia: El aljibe

El terror no siempre se oculta bajo las sombras. Mariana Enríquez, escritora argentina, a través de sus historias muestra cómo el verdadero monstruo está en nosotros mismos.

Por Laura Juliana Flórez Alba
lflorez451@unab.edu.co

Una de las mayores expositoras de la narrativa del terror en la actualidad es sin duda alguna Mariana Enríquez. Con su pluma, muestra una Buenos Aires gris, violenta y traumatizada por una dictadura que dejó verdaderos espantos a su paso.

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Inició su carrera a la temprana edad de 19 años con su novela Bajar es lo peor, en la que retrata inquietudes juveniles como la ansiedad, las drogas y el sexo. Sin embargo, su verdadero reconocimiento mundial llegaría con la publicación de dos antologías de terror: Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016).

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En estos cuentos Enríquez toma situaciones cotidianas y las imprime de una mística e inquietud que deja al lector con un mal sabor. No porque carezcan de una buena estructura o historia sino porque retratan al ser humano como la criatura violenta y cruel que niega constantemente ser. Uno de estos relatos, que se puede encontrar en su libro Los peligros de fumar en la cama (2009), es El aljibe. Una historia donde se mezclan las creencias ancestrales con la mezquindad que habita en el hombre.

“Josefina se acordaba de que, antes de salir, había tratado de volver a mirar dentro del aljibe, pero no se había animado. Estaba oscuro y la pintura blanca brillaba como los huesos de San La Muerte; era la primera vez que sentía miedo”. /FOTO LAURA J. FLÓREZ

El aljibe le muestra, al que se atreva a leerlo, que no hay mayor miedo que el miedo mismo.