Perpetuación del trabajo infantil y las regulaciones de las entidades: una problemática económica y cultural

Por: Laura Niño y Laura Quintero, estudiantes de Periodismo

“ ´Yo me la paso limpiando las farolas de los carros alguno de los que me dicen que no, pues me voy para otro carro y si me dice que sí,  se la limpio´ -´Yo veo un niño trabajando en la calle de verdad. Yo digo ¿dónde están sus papás?, o sea, salgan ellos a trabajar, el trabajo está muy duro, pero yo como madre no enviaría a mi hijo a trabajar a la calle, no, yo lo quiero mucho y lo protejo´ -´Yo quise, mi mamá no me obligó. Yo quise venir a trabajar´”.

Alternando entre dos semáforos de la carrera 33 con la calle 36, se encuentra un niño de 12 años limpiando las farolas y los vidrios de los carros desde hace aproximadamente dos meses, su nombre es Jean Carlos, y trabaja de 7 de la mañana a 9 de la noche.

En el país y el área metropolitana de la ciudad de Bucaramanga el fenómeno del trabajo infantil se continúa perpetuando culturalmente,  a pesar de las disminuciones la cifra aun se encuentra en 522 mil niños de 5 a 17 años que estan condición de trabajo y oficios del hogar; y más de 14 mil menores en el área metropolitana en 2020, número que aumentó desde la pandemia. 

Escuchar todas estas cifras es alarmante pero es difícil dimensionar la problemática social que, según la ubicación geográfica, varía el condicionamiento y la cantidad de niños y niñas afectadas. Por eso, hay que ponerle cara a los números. 

Jean Carlos hace parte de los 160 millones de menores que se encuentran en situación de trabajo infantil a nivel mundial, según dicen cifras de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, de los cuales 8,2 millones hacen parte de latinoamérica y el caribe. Estas cifras están en constante descenso durante la última década gracias a diferentes proyectos  por entidades como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Comisarías de familia y la Policía de infancia y adolescencia, que apuntan al restablecimiento de los derechos de los niños

El ICBF considera trabajo infantil a aquel trabajo que impida la educación y el pleno  desarrollo del niño, la niña o adolescente y que no este en los terminos establecidos de la ley, los cuales incluyen una edad minima y permisos que el Ministerio de Trabajo exige, o también todo aquel que se ajuste a la definición de trabajo peligroso y en las peores formas de trabajo infantil según la ley 1098 del codigo de infancia y adolesciencia. 

A nivel nacional la cifra de trabajo infantil esta en descenso, sin embargo en pandemia hubo en resalto en los numeros. Bien es cierto que, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE del 2012 a 2020 se disminuyó de un porcentaje de 5, 3%, es decir que de 1.159,798 infantes que estaban en condiciones de trabajo, para el 2020 había 523 mil menores. 

Aún así, este número de niños y niñas continúa siendo alto. en especifico, hay que tener en cuenta que en la tasa de trabajo infantil también se incluyen las labores domesticas por más de 15 horas, aspecto que aumentó durante la pandemia, tanto a nivel nacional como en el area metropolitana. En colombia pasó de 443 mil niños en 2019 a 573 mil en el 2020, y en Bucaramanga de 10.800 a 14 mil.

Entonces, sí en Colombia y Bucaramanga los casos de trabajo infantil no son algo nuevo y ya esta regulado: ¿Por que continua existiendo? ¿Que hizo que en la pandemia aumentaran? y ¿Qué sucederá sí esto no cambia? 

“´A veces cuando la mujer de mi tío trae comida yo le digo a ella que me regale y ella me regala o a veces salgo por ahí y me compro un croissant, una empanada o algo así´ ‘¿Y no te da mucha hambre?’ ‘Uno ya tiene el cuerpo acostumbrado, a cuando hay y cuando no, no’”.

Según Jimmy Alejandro Rivera, economista graduado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, la pandemia y la cuarentena declarada en el año 2020 por la enfermedad Covid-19, provocó un cierre total de la economía en todo el país, incrementando el número de desempleados, por ende del trabajo informal y el trabajo infantil. 

“Muchas industrias se vieron afectadas, así como algunas otras como en Latinoamérica: el sector de alimentos, sector turismo, sector comercio. Muchos lugares de Colombia son informales, lo que sucede es que las personas, e incluso se puso de moda el término de “reinventarse”, las personas lo que hacían era trabajar o buscar la manera de encontrar ingresos y lo hacían bajo una manera informal, entonces allí entran también muchos niños. Tengo conocimiento de bastantes familias que por el cambio que hubo del cierre, dejaron de estudiar y lo que hacían era apoyar a sus madres, a sus padres en las en los quehaceres del hogar”. 

Para dar contexto de esto, Bucaramanga es una de las ciudades con mayor índice de informalidad, durante los meses de febrero y abril del 2021, las cifras se encontraban en el 56% según el Dane, superando la media del 47,2%. Esto quiere decir que, de los 524.000 trabajadores registrados, 294.000 personas están en la informalidad laboral, en parte por los salarios que no alcanzan a satisfacer el nivel básico de vida y la falta de empleo.

En un informe de BucaramangaCómoVamos (BMCV), en el año 2020 se aumentó la tasa de desempleo de 10, 2% al 17,2%. Lo que conlleva a que muchas familias en Bucaramanga estén en situación de pobreza. Una de las consecuencias del aumento de cifras de porbreza en Colombia, es que de las 23 ciudades principales del país, Bucaramanga se posiciona en el puesto 10 de los territorios con tasas elevadas de trabajo infantil.

Paloma Bahamon Serrano, socióloga graduada de semiótica en la Universidad Industrial de Santander, apunta que hay dos factores que inciden en que continúe: la tradición cultural y la precariedad económica.

“Los factores sociológicos que inciden en que aún no se acabe el trabajo infantil tienen que ver, por un lado con una con descendencia cultural reciente pero también con una precariedad económica, aquí se fusionan dos cosas muy paradójicas: por un lado una tradición cultural que no le hace el feo a que los niños y las niñas trabajen y por el otro lado, con una circunstancia de estadio particular de la economía, que es la economía el neoliberal, generando una circunstancia de incertidumbre laboral de contrataciones frágiles, sin prestaciones sociales, sin garantías, que de alguna manera lo único que hacen es remachar, fortalecer esa tendencia que había, que hay, convencional a tolerar estas circunstancias”.

Un ejemplo de esto se vive con una familia migrante. Zenaida Romero, su esposo y sus cinco hijos, Yorbin de 8 años, Aida Valeria de 5, Alfonso de 3 y Juliana y Valentina de 2 años y 6 meses. Zenaida y su esposo son víctimas del desempleo, viven de las artesanías que venden día a día en los semáforos.

 “Hoy  por lo menos no he vendido nada…pues. cuando es así es una cosa dura para nosotros. No es solamente yo, hay muchos que hasta duermen con hambre, muchos migrantes venezolanos, más que todo pues los niños…Si yo no hago platica por medio de las artesanías ¿cómo será aquellos que no tienen que vender?, es una cuestión difícil. No alimentamos a los niños como debe ser, hay veces que nosotros comemos una sola vez al día, si no es una, es dos y hasta el otro día tenemos que luchar con los insultos de la gente, de policías, de Bienestar familiar, de todas esas personas y no es justo, yo digo que no es justo”

En el caso de Jean Carlos el afán de ayudar a su madre a cubrir sus necesidades y de sustentarse algunos gustos personales, lo lleva a tomar el bus a las 6 de la mañana junto a sus primos quienes también trabajan como limpiadores:

“´¿Por qué empezaste a trabajar?´ ‘Porque quiero conseguirme la ropa y todo eso. En el momento porque uno se gasta por ahí 200 o 300 lo que uno quiera, entonces eso ya es mucha plata y a mi mamá no le alcanza, por eso salgo a rebuscar. A veces me van unos días bien por ahí 20 mil pesos, 30, otros días 10 mil pesos, 5 mil pesos. Eso es dependiendo, a veces me dan 200, 500. Dependiendo solo hasta mil pesos, es lo único que dan. Ya obviamente uno se va a cuidar más carros y le dan mil pesos, dos mil, 4 mil o 5 mil. Entonces eso ya es una gran ayuda para ayudarle a mi mamá, por ejemplo si me hago 20 mil pesos se los doy a mi mamá y ella los guarda en la alcancía’”.

Dentro del espectro que rodea el trabajo infantil se deben diferenciar las tareas infantiles, a las que El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, no se opone desde que al niño, niña o adolescente no le afecte la salud,  la continuación de su educación, ni quebrante las normas de la OIT en las Convenciones 138 y 182, que protegen el desarrollo fisico y mental y al mismo tiempo evita que los menores se involucren en la esclavitud, el reclutamiento forzado, la prostitución o la trata.

El Ministerio de Trabajo de Colombia, es la entidad que regula de forma territorial esta cuestión. El Inspector de trabajo y seguridad social, Hector Fabian Perez, comenta que los mayores de 15 años tiene permitido trabajar bajo unas exigencias como la autorización de los padres y madres, la solicitud del empleador, papeles de la empresa, etc. Los menores de 15 años solo pueden pedir permisos para actividades artísticas, culturales, deportivas y recreativas, gozando de las protecciones dictadas en el régimen laboral colombiano. 

En santander hay 498 mil menores de edad, según el inspector, en 2020 se hicieron 120 solicitudes de empleo al ministerio, de las cuales 36 fueron aprobadas, 14 mujeres y 22 hombres, de la cantidad de menores en el departamento solo el 0,02 % pasan solicitud, es decir, que la mayor parte de los menores que trabajan lo hacen sin la debida autorización. 

Según German Cortés, doctor en Estudios Sociales de la Universidad Externado de Colombia y psicólogo, hay que evaluar la cantidad de condiciones que rodean los diferentes casos del trabajo infantil, entre sus situaciones se pueden encontrar prácticas por supervivencia, como es el caso de Ángel Sanz de 11 años y Yaneth de 9 años. 

Los infantes emigraron de Venezuela a Bucaramanga hace dos meses junto a su padre, lugar donde establecieron un puesto de venta de sombrillas en la plaza cívica Luis Carlos Galan. Angel, nos comenta su rutina encargándose de atender y manejar el dinero, mientras cuida a su hermana menor y su padre trabaja como conductor. Ellos esperan el próximo año poder entrar a estudiar sexto y quinto grado.

“‘Antes yo trabajaba allá en Venezuela en una finca, ayudando a sembrar y eso. Yo prefería trabajar en una finca. A veces me pongo ayudar a mi papá o jugar con ella. Ayudarle a vender las sombrillas ́ ‘¿Cuántas horas más o menos trabajas al día?́’ ‘a veces todo el día o hasta el mediodía. A veces uno tiene mucho sueño y no le provoca ni trabajar ni hacer nada. Nosotros venimos temprano todos los días pero menos cuando es festivo, a veces desde las 6 a las 6 de la noche, de las 6 a las 5 de la tarde. Cuando está mi papá nosotros venimos tarde, por ahí a veces 5, 4, 3 de la tarde. -¿Y los clientes?- No, ellos a veces llegan o uno grita para que vengan, primero uno empieza desde lo más bajito hasta lo más alto. Hay de 20 mil pesos, de 10, 15, 30 o 25 mil pesos. No, yo prefiero estudiar’”. 

Según el ICBF, los menores tienen 44 derechos y deberes que les corresponden por ciudadanía, entre ellos el derecho a la vida, a un ambiente sano, a la libertad, identidad, salud y educación, a nivel nacional 164, 407 niños y niñas de 5 a 17 años no asisten a la escuela mientras trabajan, vulnerando su derecho a la educación escrito de la Constitución Política de Colombia en el artículo 67, sin embargo, en paralelo se registran que 358,186 asisten a la escuela en sincronía con su trabajo.

Lucía Cárdenas Albardado, psicóloga de la Universidad Autónoma de Bucaramanga especialidada en Educación, dice que el trabajo infantil tiene consecuencias en el estado fisico y mental de los menores de edad, causando problemas en su nutrición y su desarrollo social a futuro.  

“Afecta desde lo físico y lo psicológico, lo físico porque obviamente no va a tener su tiempo adecuado para recrearse, para jugar, para estudiar. Incluso, al trabajar el tema de salud y nutrición pues no se va a ver como se esperan, es decir, los temas de nutrición se van a ver condicionados con un entorno que no cumple en las condiciones adecuadas para que el niño se alimente adecuadamente. Desde lo psicológico pues obviamente, el niño va a crecer con emociones vulneradas, con su salud mental afectada porque los niños siempre asocian, entonces comparan. Los niños empiezan a darse cuenta que hay otros que no están trabajando y ellos sí, entonces empiezan a sentirse afectados en su autoestima, afectados en sus sueños, en sus metas porque son niños que no disfrutan, no se relacionan adecuadamente con sus pares. Es decir, que no hay desarrollo de habilidades sociales porque su actividad se dedica a la supervivencia, a contribuir con los gastos de la familia que casi siempre es por lo que ellos terminan en trabajos”.

German Ardila, vendedor informal en la calle 34 con carrera 28, es una ejemplificación de este fenómeno que ha sido normalizado desde hace décadas en el país, él tiene 55 años y lleva trabajando desde los 12. Actualmente vende almanaques y diferentes variedades según la temporada del año, sin embargo ha sido zapatero, vendedor de frutas, obrero en una fábrica, etc. 

Germán cuenta que nunca pudo terminar su educación, ni vivir su infancia como debería, gracias a los peligros de la calle. El hombre de reflexiona sobre la discriminación y el despecio que recibió al trabajar.

“´A nosotros mi mamá fue la que nos crió, entonces debido a eso nos tocó desde temprano salir a trabajar, como le explique, tocaba pagar unas cuotas, entonces para que ella pudiera ahorrar y pagar las cuotas del banco, tocaba trabajar, no era una obligación, la meta de uno era vender todo porque uno sabía que esa plata era para comer y pagar´. ´Sí no hubiese tenido que trabajar de niño, ¿cree que actualmente estaría haciendo algo diferente?’. ‘Sí, claro…no sé, de pronto hubiera terminado el bachillerato, seguido otra profesión. Uno de niño quisiera es que ellos vivan su mundo, o sea, estudiar, porque esto es duro, la calle es dura, gente a veces pasa y le sube el vidrio y así, a uno lo discriminan mucho, peor a veces que un ladrón, lo hacen sentir a uno mal´”

Ahora, Germán, ya tiene hijos y hasta nietos, él expresa que nunca tuvo la intención de poner a sus hijos a trabajar ya que en la calle juzgan a los menores pero no los ayudan. Él los apoyó para que terminaran su educación media, manifiesta que le hubiera gustado ayudarles pero por falta de recursos y empleo, no pudo. 

Jean Carlos, el niño de 12 años, dice que en estos momento no asiste al colegio por el rechazo que experimentó en las diferentes instituciones educativas a las que asistió. 

“Hace por ahí un mes, dos meses.´¿Y antes trabajabas en algo?’ Yo antes me la pasaba estudiante, pero a mí no me reciben en los colegios, porque yo soy muy cansón en los colegios. Estudié en el colegio de Nuevo Girón, estudié en el Colegio de Café María, Morro. ´¿Y qué sintió al dejar de estudiar y dejar de trabajar?´ Un vacío, porque un día ´estuviera yo estudiando´ pero a mí la verdad no me gusta el estudio”.

En bucaramanga existen diferentes entidades que se encargan del restablecimiento de los derechos a los menores de edad, este hecho ha disminuido el porcentaje de jóvenes en condiciones de trabajo infantil: en el 2019 fueron 10.000 niños y el 2020 de 8.000.

El subintendente de la Policia de Infancia y Adolescencia, Edwin Vera, explica que hay diferentes medidas para regular el trabajo infantil, entre estas se ubican las acciones de Prevecion y accion y de Vigilancia y control.  Según el subintendente, el grupo conformado por 80 policías para Bucaramanga y su área metropolitana se ocupa de la prevención enfocada en la ciudadanía y la concientización cultural. 

“Por parte de las acciones de nosotros, tenemos acciones de prevención y acciones de vigilancia y control, acciones de prevención en los parques, en las vías públicas e instituciones educativas; y acciones de vigilancia y control que son un tipo de operativos que buscan identificar las zonas y buscan dejar en protección a los niños, niñas y adolescentes que han sido gran cantidad. No, las acciones de prevención están enfocadas en que la ciudadanía conozca el tema, en qué la ciudadanía conozca cuáles son los problemas qué conlleva que un niño trabaje a temprana edad, debemos entender que estamos en una sociedad que se rige bajo unos estándares o normas que vienen de hace tiempo, tal vez piensan que el trabajo infantil ayuda a los niños a la formación pero muchas veces no entienden que estos niños por su corta edad ven que reciben dinero y piensan que con eso lo tienen todo y dejan de estudiar, dejan sus necesidades y sus derechos básicos”.

Los proyectos de restablecimiento de derechos y de concientización social buscan cada año acabar con la problemática, una que afecta a todos los ciudadanos. Organizaciones como la UNICEF en España han hecho formatos para que a nivel cultural se deje de normalizar el trabajo infantil, uno de estos fue en el año 2018, #TheUnescapeRoom, es un formato de cuarto de escape en donde encerraban a los mayores para transmitir la angustia, los abusos y situaciones extremas que pueden llegar a vivir los infantes trabajando.

El continuar normalizando esta problemática da paso a diferentes fenómenos como la mendicidad y el alquiler de niños, en los últimos meses del 2021, operativos de la Personería en Bucaramanga reflejan el aumento de la explotación infantil en la ciudad con más de 40 menores reportados, y 12 de estos alquilados por adultos para realizar tareas de mendicidad en las esquinas y semáforos. 

La Alcaldía de Bucaramanga tiene habilitado el teléfono 6705802 para reportar los casos de niños, niñas, adolescentes, familias en riesgo o victimas del trabajo infantil. De igual forma, el ICBF tiene la línea gratuita 141. Reportar estos casos ayuda a las autoridades a garantizar los derechos de los más pequeños.