Realizado por: Neidy Carrillo y Sebastián Pinilla, estudiantes de Comunicación Social Unab.
La rutina de las modistas en Bucaramanga. / VIDEO DE NEIDY CARRILLO Y SEBASTIÁN PINILLA.
En el bullicio de una pequeña calle de Bucaramanga, en la carrera 36 #48-137, se encuentra un lugar que podría confundirse con una clínica, pero en lugar de doctores y pacientes, aquí hay costureras y prendas esperando su transformación. Esta es la clínica de ropa: UCI, un taller donde cada tela es un paciente y cada costurera, una cirujana textil.
A las 8:17 de la mañana sonó una alarma. Una de las doctoras, que viste un uniforme celeste, se levanta de su escritorio y sale con paso veloz hacia la recepción, pues es su turno de llevar a cabo una intervención de rutina. Una mujer trae una bolsa en sus manos; en su interior se encuentra un vestido roto de color verde que necesita atención urgente. Segundos después, la doctora examina la gravedad de su paciente.
Una vez aprobado el diagnóstico, comienza la parte más emocionante: la cirugía. Las máquinas de coser rugen como motores en un quirófano; silbidos tararean una canción y un video de TikTok que está viendo una de sus colegas suena de fondo. Las costureras se mueven con destreza entre hilos y agujas. Con cada puntada, transforman no solo la ropa, sino también la autoestima del cliente que espera ansioso el resultado.

Un taller con vida
Son las 8:40, cuando la doctora suspira y dice “listo”. Se levanta y agarra un gancho que está libre en una de las tantas mesas; pone el vestido en el objeto plástico de color rojo y lo cuelga en la puerta blanca contigua a una tabla de planchado. Vuelve a su puesto y con esa acción continúa con un trabajo que tenía pendiente del día anterior.
Esta clínica tiene un ambiente acogedor. Las paredes están adornadas con telas de colores vibrantes, y el aroma a café recién hecho se mezcla con el sonido del hilo deslizándose por las agujas. En la recepción, la encargada recibe a los pacientes con una sonrisa: “Bienvenidos a nuestra clínica. ¿En qué le podemos ayudar hoy?”, pregunta con amabilidad. Aquí, cada cliente es tratado como un caso único, y la recepcionista se convierte en la primera persona que evalúa las necesidades de cada prenda.
Una vez que el cliente describe su problema —ya sea un dobladillo deshecho, una cremallera rota o un vestido que necesita ajustes— las costureras se reúnen para hacer un diagnóstico. Cada blusa, vestido o camisa tiene su historia y sus necesidades específicas. Con precisión quirúrgica, examinan las costuras, toman medidas y discuten las mejores soluciones.
En una de las mesas de trabajo, Sonia Quintanilla, exclama con preocupación: “las personas no quieren hacer esto porque no es fácil”. Además, comenta que la falta de personal afecta la velocidad en los tiempos de entrega de los trabajos: “estamos a un mes de diciembre y hay tres máquinas desocupadas”.
Quintanilla dijo esto y varias compañeras asintieron o dijeron “sí”, y es que la modistería no es una tarea sencilla; además de una habilidad excepcional con las telas y las máquinas, se necesita tanto un amor casi ciego a la moda como un valor importante en todo ser humano: la paciencia. Sobre esto, Julie Sánchez comenta: “Se requiere de mucha paciencia para tratar al cliente y cariño por el trabajo porque hasta las energías influyen en el funcionamiento de los equipos”.

Siendo las 9:10, unas costureras se mueven de un lado para otro, mientras que otras están sentadas en su puesto trabajando o esperando a que un cliente llegue hasta ellas. Es enigmático ver cómo estas mujeres ni siquiera necesitan hablar para entenderse; así ninguna pide permiso para pasar. Pero una de las dificultades que estas mujeres atraviesan es el estrés, lo cual hace que muchas veces se enfermen. Sonia exclama que: “se maneja mucho estrés. Cada cliente es como un jefe y más cuando a usted la conocen; comienzan a traer y traer vestimenta y eso se acumula”.

El arte de coser
Son las 10:05 de la mañana y se ve que para estas mujeres la confección, creación y reparación de prendas, es una oportunidad para ser unas artistas, o bueno, en este caso, doctoras de la moda. Pero también es una posibilidad para conocer a más personas y sobre todo complacer a la gente; recibir felicitaciones por su trabajo y que los clientes sepan que pueden confiar en ellas para próximos procedimientos de cirugía textil, es la satisfacción que les brinda esta profesión.
FUENTES: https://audaces.com/es/blog/historia-costura / INFOGRAFÍA DE NEIDY CARRILLO Y SEBASTIÁN PINILLA.
