Qué hay pa’leer – Viaje sin regreso

Por: Catherine Ballesteros Casallas, estudiante de Comunicación Social

Hola a todos, soy Catherine Ballesteros Casallas, estudiante de Comunicación social en la UNAB y hoy quiero compartirles mi experiencia con el libro “Viaje sin regreso”. El texto fue publicado en 2019 por la editorial Planeta y cuenta con ilustraciones en algunas de sus páginas que ambientan el relato.

Fue escrito por varios autores que no quisieron hacer públicos sus nombres y se estima que en él participaron alrededor de diecinueve periodistas de distintas nacionalidades. Los únicos nombres que se conocen son el de Catalina Botero, abogada colombiana, activista de los derechos humanos y relatora especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos encargada del prólogo y el ilustrador ecuatoriano-chileno Alberto Montt.

“Viaje sin regreso” llegó a mis manos en julio en el outlet de la librería El Quijote de la Granja, al que fui con unos amigos. Mientras recorríamos el lugar, en una de las últimas mesas encontré el libro, lo primero que llamó mi atención fue su portada y al darme cuenta de que trataba sobre la muerte de los tres periodistas en la frontera con Ecuador que tanto había sonado en 2018 y que uno de mis ilustradores favoritos participaba en él, no tuve otra opción que comprarlo.

Mi experiencia con la lectura fue agradable, solía leerlo por la noche después de hacer ejercicio, ya que es uno de los únicos momentos que tengo libre en el día, pero igualmente la historia me parecía tan atrapante que lo llevaba conmigo a todas partes por si tenía la oportunidad de continuar la lectura en otro momento.  

La historia narra la investigación realizada por los diecinueve periodistas sobre el secuestro y asesinatos del fotógrafo Paúl Rivas, el reportero Jorge Ortega y El conductor Efraín Segarra pertenecientes al diario El Comercio cuentan quiénes eran ellos, cuántos años llevaban en sus oficios, el contexto de la zona a la cual fueron enviados, las incongruencias entre el gobierno de Colombia y Ecuador desde su secuestro hasta el día que los asesinaron y los vacíos que dejó la investigación inicial.

Lo que más me llamó la atención de la lectura fue descubrir las pocas garantías que tienen los periodistas para ejercer en Latinoamérica y cómo ambos gobiernos jugaron con la vida de estas tres personas, planteándonos si en otras condiciones se abrían salvado.

Recomiendo el libro a todos los que se interesaron por el caso en el 2018 o que al escucharme les haya llamado la atención, pero en especial a los estudiantes de periodismo, porque considero que abre los ojos sobre algunas realidades a las que se pueden enfrentar en el futuro y plantearse si están dispuestos a afrontarlas.