El servicio militar se presenta como un símbolo de honor y respeto hacia la patria. Según el Ministerio de Defensa, en 2024 se sumaron 34.000 personas al Ejército Nacional y para 2025 abrió convocatorias con 15.000 cupos destinados a nuevos reclutas. Para muchos, alistarse despierta una mezcla de expectativas, ilusión, orgullo, pero también incertidumbre.
Así lo vivió Henry Alexander Flores Flores, quien prestó servicio por un año entre 2013 y 2014 en el Batallón Arauca.
Arauca, tierra soñada por el sol. Arauca, mil gracias por la canción.
Henry recuerda cómo, a pesar de formar parte de una institución, no estaba exento de las preocupaciones propias de un ciudadano común, como era el caso de dormir con sus pertenencias, cuidarlas durante la noche para evitar robos entre los soldados. Un recordatorio de que el peligro no solo viene del frente de batalla, sino incluso de su propia cotidianidad. Durante su servicio, la nostalgia también estaba presente.
Estar lejos de casa significaba extrañar rutinas simples. Aquellos días ordinarios que muchos damos por descontados, pero que en medio del servicio cobran un valor importante. En el ejército existen dos vías para ingresar, como bachiller o como soldado regular.
El primero presta servicio por un año, el segundo suele ser por incluso hasta tres, pero solo en ese año todo puede suceder. Nunca está descartada la posibilidad de enfrentamientos inesperados. Kilómetros, se escuchó una explosión.
La guerrilla había explotado como una tubería grande desde donde pasa lo de la empresa Ecopetrol, la hizo explotar. Como estaba cerca del batallón, se encendieron las alarmas, nos tocó correr, cambiarnos, coger armamento y nuestro pelotón tenía que defender del polígono hacia afuera, que era una parte totalmente oscura. Duró toda la noche ese estado de emergencia en el batallón, pues gracias a Dios no pasó nada, por nuestro lado no pasó nada y después como a las cinco de la mañana nos recogieron, descansamos un rato, pero el batallón como tal estuvo en alerta como por un mes.
Y la otra fue cuando nos iban a salir de permiso, para acá nos daban un permiso como de 15 días, pero teníamos que irnos hasta la capital de Arauca, que es Arauca-Arauca, nosotros estábamos en Saravena, nos tocó irnos hasta Arauca-Arauca, la capital, era trayecto vía carretera. Nos fuimos en la noche como a las ocho de la noche, nos embarcamos, éramos una caravana grande, adelante iba un carro tanque, atrás iba una NPR con diez personas, entre esas iba yo en la primera NPR, atrás iba otra NPR, un carro tanque y así, éramos como 15 carros. En ese trayecto hacia el batallón de Arauca, hubo como dos momentos de tensión, en el que el carro tanque para, todos pararon, apagaron luces y ese era el silencio absoluto, porque nos habían dicho cualquier movimiento o señal que nos den, tendríamos que lanzarnos de la NPR, tomar posición y empezar como se dice el ataque, a defendernos.
En el servicio les enseñaban a disparar, incluso a qué partes del cuerpo debían apuntar, además les mostraban ejemplos de cómo operaban las guerrillas, una realidad muy distinta de sus entrenamientos regulares, y aunque ejercían una actitud firme, el miedo era un sentimiento constante detrás de cada soldado. Nosotros siempre en ese periodo que hicimos en Sarana, fue nuestro entrenamiento, ahí nos preparaban cómo disparar el arma, nos mentalizan todo, además también nos dijeron cómo debíamos disparar, porque tampoco podíamos disparar hacia lo loco, y también a qué partes podíamos disparar, porque nos decían que según los derechos humanos que tenían, no podíamos atentar a matar a quemarropa, no podíamos dispararle a quemarropa y tampoco apuntarles a la cabeza, si llegaba el caso, teníamos el pecho hacia abajo y primero el enemigo tenía que disparar a nosotros, nosotros no podíamos dispararles ahí, si los vemos pasar, no podemos hacerles nada, ellos tenían que atentar contra nosotros para nosotros responderles.
En esa parte también es como un poco ilógico, un poco injusto para el soldado que está patrullando algo, porque tienes ahí el enemigo y no puedes hacer nada, porque un falso error te puede costar tu carrera, si estás ejerciendo eso y también te pueden meter a prisión. Para que la gente… solamente tú tienes que, en esos momentos de tensión, confiar tanto en ti como en tu compañero, porque este es el que te está respaldando a la espalda y tú a él, entonces a pesar de los problemas, porque siempre hubo algunos problemas en el batallón acompañando, yo estaba con algunos compañeros, siempre hubo como un roce, pero a la hora que en esos entrenamientos siempre nos unimos y acabamos a relucir.
Como te digo, a nosotros nos mostraron mucho, imágenes, vídeos, de cómo la guerrilla contrataba al ejército, nosotros el ejército teniendo armas excelentes, de buen estado, maniobras perfectas para combatir y eso, y tú ves el vídeo que me mostraron a mí en ese tiempo, la guerrilla era relajada, caminando, disparando, se reían, cogían el árbol, una ametralladora como si fuera la película de Rambo. Más allá de lo estrictamente militar, el día a día bajo la autoridad de sargentos y capitanes se convertían en escenas que parecían de película. Entrenamientos exigentes, órdenes severas y correcciones constantes, se imponían castigos severos con la idea de forjar carácter en los soldados.
Me acuerdo de una pista que estábamos haciendo, nos cogían, si nos caíamos de una puerta, tocaba para una puerta, arrastrándose, si nos caemos nos ahogaban en el lago, nos ahogaban hasta desmayarnos, o también nos hacían tragar cosas que no tienen nada que ver con el caso. Una vez a un compañero le hicieron tragar… le hicieron comer huevo crudo, con todo y cáscara, el compañero iba a vomitar, el capitán cogió el sombrero de él, se lo puso en la boca, él vomitó y se lo hizo tragar. Entonces sí, a veces un poco se pasan con el trato, obviamente uno entiende, pero a veces sí se agarra. Hay un compañero que hizo una embarrada, vendió el camuflado de un compañero por marihuana, así de marihuana a los gustos, y el capitán se dio cuenta y el castigo fue dejarlo dormir por 15 días.
Dentro de ese ambiente rígido, los momentos de calma también existían. Henry comenta cómo los soldados encontraban formas sencillas de entretenerse, salían a visitar a sus familias por períodos breves, lavaban su ropa, iban a la tienda, era su parche, su pequeño oasis dentro de una realidad fuerte.
Técnicamente los domingos nos lo dejaban libres, eso también depende de la zona en que tú estés, porque tú puedes pedir permiso para ir a visitar a tus papás, a tu familia. Obviamente nosotros estábamos en una zona muy caliente y no podíamos salir de ese batallón, entonces nos dejaban un domingo, casi todo domingo libre, era para dar ropa, para ir a parchar, ir a las tiendas, en una tienda, en una panadería, éramos felices comiendo pan, y también hay una cafetería, una moqueta, entonces era como el desvare de nosotros en ese tiempo allá.
Y aunque muchos en la sociedad pueden malinterpretar el sacrificio militar, para otros representa una responsabilidad profunda y un honor inmenso. Henry destaca que para él y para muchos compañeros, servir no fue solo una obligación, fue un aprendizaje con significado y capaz de inspirar a jóvenes a emprender el mismo camino.
No, yo creo que acá en Colombia tienen muy claro, ahorita obviamente han cambiado mucho, pero anteriormente se sabía perfectamente que tú si ibas al ejército, ibas a comer mierda literalmente, te iban a tratar mal, te iban a hacer la vida un poquito imposible, por decirlo así, pero también se valora mucho el esfuerzo. Cuando vas en carretera, a veces un soldado siempre lo saluda, que tenga principalmente, que no va a ser fácil, obviamente no va a ser fácil, vas a pasar momentos que vas a pasar hambre, te van a tratar mal, dependiendo de cómo te comportes, pero de igual manera eso es una experiencia muy bacana.
Y también depende de qué ejército tú entres, porque está el ejército militar, el ejército naval, de la marina, y el ejército de la fuerza aérea. Obviamente los tres son muy diferentes, te van a tratar diferente y son reglas totalmente diferentes, y vas a conocer muchas cosas diferentes. En el ejército de la marina vas a andar en barco por toda la costa, por todo el mapa; en el de la fuerza aérea, cuando yo entré, te digo que te van a tratar un poco mejor, tienen un poco más de respeto hacia el cadete, hacia el soldado, y también te aspiras, mejor dicho, tú ya vas a seguir la carrera de la fuerza aérea. Y luego también me forzó mucho a endurecer un poco más mi personalidad, a ser un poco más maduro, ver que las cosas no son fáciles, que hay que lucharlas, hay que trabajarlas.
Según uniforme del ejército, han muerto aproximadamente 19 mil militares en el conflicto armado con las guerrillas a lo largo de los años. En el último año se reportaron 27 militares muertos en combate con guerrilleros: 20 por combates directos, 3 por minas antipersonales y 4 por ataques de hostigamiento.
El servicio militar continúa siendo un camino marcado por el honor, pero también por desafío, entre entrenamientos exigentes, nostalgia y la posibilidad latente del combate. Miles de jóvenes viven una realidad que contrasta la percepción que la sociedad suele tener de ellos.
Stenio Cevallos, UNAB Radio.
