Un oficio que alimenta a millones de personas

Realizado por: Juan Esteban Velandia Fuentes y Daniel Restrepo Avendaño, estudiantes de Comunicación Social Unab.

En la madrugada, mientras la ciudad aún duerme y las calles están en silencio, un oficio milenario cobra vida. En una panadería modesta, el aroma a harina y levadura despierta recuerdos de infancia, hogares y reuniones. Ser panadero no es simplemente un trabajo, es un arte, una tradición que se reinventa cada día frente a desafíos económicos, tecnológicos y sociales.

En las manos de estas personas se mezcla algo más que harina, agua y sal. Se mezcla historia, paciencia y creatividad. Hacer este alimento es un oficio que requiere un entendimiento profundo de los ingredientes y un respeto por los procesos. Es como una danza precisa entre tiempo y temperatura, donde el menor descuido puede arruinar todo. 

Ricardo Vesga, tiene 25 años de experiencia en la panadería. / FOTO: DANIEL RESTREPO

El pan trasciende las mesas. Es un símbolo de unidad y tradición, sus siglas significan primer alimento natural. Sin embargo, quienes lo producen enfrentan una serie de retos que complican la continuidad de este arte.

Para Ricardo Vesga, la recompensa por todo el esfuerzo es ver la cara de la gente al probar sus preparaciones. / FOTO: JUAN VELANDIA

“Subir el precio del pan no es tan fácil como parece”, comenta Omar Bolaños, propietario de El Manantial en Atalaya, ubicado al occidente de la capital de Norte de Santander y quien también fue empleado y conoce bien desde amasar, hasta manejar el negocio. “La gente no siempre entiende que nosotros también sufrimos con la inflación. Si subimos precios, los clientes se quejan, si no lo hacemos, trabajamos casi sin ganancia”.

Panadería El Manantial un lunes festivo a las 5 de la tarde./ FOTO: JUAN VELANDIA

Ante esta situación, Vesga explica que: “Hay panaderos que quieren cobrar mucho sin tener los conocimientos, uno entiende que el trabajo es agotador, pero amasar y ponerlo al horno lo hace cualquiera, el que marca la diferencia es el que está en constante aprendizaje y se nutre de conocimientos con cursos, lo malo es que en Colombia seguirá siendo visto como un oficio, a diferencia de países como Francia y España que consideran la panadería una profesión y son retribuidos de buena forma económica”. 

Frente a estos desafíos, los que trabajan con este alimento no se quedan de brazos cruzados. La innovación y la unión del gremio se han convertido en herramientas clave para enfrentar las adversidades.

La capacitación y la adopción de nuevas técnicas son fundamentales. “Algunos panaderos hemos empezado a mejorar nuestro perfil profesional, incorporando panes integrales, sin gluten o con sabores innovadores que atraen a un público más amplio y dispuesto a pagar un precio justo por la calidad”, Afirma Fabián Torres.

Además, la venta en línea y las redes sociales permiten a los pequeños negocios llegar a más personas, aumentando sus oportunidades de competir con las grandes cadenas.

Así es la rutina de un panadero./ VÍDEO: JUAN VELANDIA Y DANIEL RESTREPO