Realizado por: Juan Esteban Velandia Fuentes y Daniel Restrepo Avendaño, estudiantes de Comunicación Social Unab.
En la madrugada, mientras la ciudad aún duerme y las calles están en silencio, un oficio milenario cobra vida. En una panadería modesta, el aroma a harina y levadura despierta recuerdos de infancia, hogares y reuniones. Ser panadero no es simplemente un trabajo, es un arte, una tradición que se reinventa cada día frente a desafíos económicos, tecnológicos y sociales.
En las manos de estas personas se mezcla algo más que harina, agua y sal. Se mezcla historia, paciencia y creatividad. Hacer este alimento es un oficio que requiere un entendimiento profundo de los ingredientes y un respeto por los procesos. Es como una danza precisa entre tiempo y temperatura, donde el menor descuido puede arruinar todo.
Cómo hacer un pan dulce. Fuentes: Ricardo Vesga y Fabián Torres. / INFOGRAFÍA: DANIEL RESTREPO Y JUAN VELANDIA
Así lo explica Ricardo Vesga, quien cuenta con 25 años de experiencia en este campo y es dueño de El Panda ubicada en Pescadero, un barrio de Cúcuta: “Hacer pan es una ciencia, pues lleva procesos químicos y físicos. Como todo proceso hay que respetarlo, de este sabremos el resultado que vamos a tener, lo más importante no es la formulación, sino el seguimiento correcto de los pasos, esto nos dará un producto excelente”.

“El pan no se hace a las carreras. Cada masa tiene su tiempo, y cada panadero, su estilo. Aquí no solo hacemos un alimento; hacemos felicidad para quien lo come”. Fabián Torres, chef de Cúcuta.
El pan trasciende las mesas. Es un símbolo de unidad y tradición, sus siglas significan primer alimento natural. Sin embargo, quienes lo producen enfrentan una serie de retos que complican la continuidad de este arte.

Uno de los mayores desafíos es el incremento del costo de los insumos. Ingredientes básicos como la harina, la mantequilla y los huevos han visto aumentos significativos en los últimos años. Esto impacta directamente en las pequeñas panaderías, que suelen trabajar con márgenes de ganancia muy bajos.
“Subir el precio del pan no es tan fácil como parece”, comenta Omar Bolaños, propietario de El Manantial en Atalaya, ubicado al occidente de la capital de Norte de Santander y quien también fue empleado y conoce bien desde amasar, hasta manejar el negocio. “La gente no siempre entiende que nosotros también sufrimos con la inflación. Si subimos precios, los clientes se quejan, si no lo hacemos, trabajamos casi sin ganancia”.

Otro gran reto es la falta de reconocimiento al valor del oficio. Aunque el pan es un alimento básico en la dieta colombiana, los panaderos rara vez reciben el respeto que merecen por las largas horas de trabajo y la dedicación que requiere su labor. “Sabemos cuándo iniciamos la jornada, más no cuando la finalizamos”, declara Fabián Torres.
Ante esta situación, Vesga explica que: “Hay panaderos que quieren cobrar mucho sin tener los conocimientos, uno entiende que el trabajo es agotador, pero amasar y ponerlo al horno lo hace cualquiera, el que marca la diferencia es el que está en constante aprendizaje y se nutre de conocimientos con cursos, lo malo es que en Colombia seguirá siendo visto como un oficio, a diferencia de países como Francia y España que consideran la panadería una profesión y son retribuidos de buena forma económica”.
Frente a estos desafíos, los que trabajan con este alimento no se quedan de brazos cruzados. La innovación y la unión del gremio se han convertido en herramientas clave para enfrentar las adversidades.
La capacitación y la adopción de nuevas técnicas son fundamentales. “Algunos panaderos hemos empezado a mejorar nuestro perfil profesional, incorporando panes integrales, sin gluten o con sabores innovadores que atraen a un público más amplio y dispuesto a pagar un precio justo por la calidad”, Afirma Fabián Torres.
Además, la venta en línea y las redes sociales permiten a los pequeños negocios llegar a más personas, aumentando sus oportunidades de competir con las grandes cadenas.
“Hay que aprovechar que hoy en día tenemos como herramienta las redes sociales, ojalá en mi época hubiera existido todo eso. Si sabemos hacer un buen uso de estas, podemos llegar a más personas y vender más, pero siempre hay que estar nutriéndose de conocimientos, ese es el consejo que le daría a aquellos que les gustaría empezar un negocio en este ámbito”, manifestó Bolaños.
Por otro lado, iniciativas de apoyo gubernamental y comunitario podrían marcar una gran diferencia. Programas de subsidios para la compra de insumos, campañas de promoción del pan artesanal y ferias gastronómicas locales ayudarían a resaltar la importancia cultural y económica de las panaderías en el país.
También, los consumidores juegan un rol esencial. Elegir comprar en una panificadora de barrio no solo apoya a los pequeños negocios, sino que también preserva el legado de un oficio que forma parte de nuestra identidad.
