Un Pequeño Cambio de Planes

En Colombia, hablar de embarazo adolescente suele reducirse a estadísticas o advertencias, pero detrás de cada número hay una vida real con matices, contradicciones y también consecuencias que siguen apareciendo años después.
Hoy queremos contar una de esas vidas, la de Mirley, quien tuvo que entender lo que significa crecer mucho antes de cumplir la mayoría de edad. Su historia no es lineal, no es heroica, no es trágica, es simplemente humana y por eso importa. Esta crónica recoge su voz y también la de las personas que estuvieron alrededor, su papá y su hija.

Lo que van a escuchar es un relato sobre decisiones que se tomaron rápido, emociones que no cabían en un cuerpo de 16 años y un camino que se abrió sin manual. Antes de ser mamá adolescente, Mirley era una niña inquieta, movida entre casas, adultos y decisiones que nunca le consultaron. Creció entre Barrancabermeja, Medellín, separaciones, una madrastra que terminó siendo figura de madre y un papá con turnos largos de Ecopetrol.

Mi núcleo familiar se ha conformado por mi papá y mi mamá al momento de nacer, pero pues eso evoluciona y mi papá se casa con otra persona y yo llego a ese núcleo familiar, ¿sí? Entonces, mi papá a pagar al casarse con mi madrastra, que es la que asume ya después como el rol de mamá conmigo. Tienen dos hijos más. Bueno, uno fallece. Un hermanito mío fallece, Luis Alfredo. Ya después tienen a Cristian, Carlitos y Vivian.
Eh, se separan alrededor de que yo tenía unos 12 años aproximadamente, pero pues en el transcurso de eso puedo decir que fue una niña muy bonita. Entonces tengo muy buenos recuerdos, pero pues cuando yo estaba muy pequeña sentía que yo no me encajaba con la familia, pero pues eso son cosas de uno de la niñez.

A los 12, cuando sus papás se separan, Mirley ya empieza a fallar en el colegio. Su papá decide enviarla a Medellín con una tía rígida, como ella misma dice, pero ese viaje no significó disciplina. Significó descubrir, al volver, que la casa ya no era su casa.

A 12 años ellos se separan y ese año, desde los 11 pues, yo estaba en sexto, empezaron los problemas acá de amigos míos. Sí, yo empecé a tener mucho problema académico, ya antes empezaron los problemas con mis papás, o sea mi papá y mi madrastra. Empezaron como esos problemas, yo no sabía cómo canalizar todo eso y pues era el desorden académico, ¿no?
Yo me tiro sexto y mi papá me manda a Medellín con la tía. Pero vamos a ver que tras eso también estaba la separación, ¿no? Entonces mi papi se separa de mi madrastra y bueno, pues ellos viven su duelo, yo en Medellín y yo viviendo pues con mi tía. Claro, la tía… y duro, fue un año duro. Eh, una tía bien rígida, de muchos caracteres, pues yo en la casa tenía libertad, mi televisor, nevera, exposición, pues era mi casa, ¿sí? Mi familia.

Y bueno, allá en Medellín súper bien. Cuando ya vuelvo, retorno a Barranca, oh sorpresa, me doy cuenta que en la casa en la que yo vivía ya no estaba mi papá. Pero yo nunca supe. Ellos nunca me dijeron mientras yo estaba en Medellín, ¿sí? Cuando yo llego y pues obvio para mí fue un impacto, mi papá ya estaba con otra persona.
Entonces emocionalmente como que… Bueno. Y como era mi madrastra, mi papá siempre como que manipuló la información con respecto a que es que usted se tiene que venir conmigo, usted tiene que estar conmigo, yo soy su papá, ella a usted no es nada tuyo. Entonces uno, 12 años, algo así: es la mamá de uno, y llega el papá, y al día dos días no es nada.
Entonces pues sí, sí fue un momento muy duro emocionalmente, me acuerdo de esa época.

A los 14, Mirley conoce al papá de su futura hija. Él tenía 17 y entre peleas en la casa de su papá, cambios de colegio y la necesidad de pertenecer a algún lado, ese amor adolescente se convirtió en refugio. Era una relación permitida a medias. La familia de él la recibía. La suya no estaba del todo de acuerdo, pero eran adolescentes y se enamoraron como se enamoran los adolescentes: con intensidad, con terquedad y sin medir riesgos.

Mirley siempre fue puntual con su ciclo, por eso cuando tuvo un retraso lo supo, y ese miércoles decidió ir a buscar a su novio para decirle la verdad.

Ya empezamos a experimentar nuestra sexualidad, empezamos pues como con todo esto a explorar porque pues era la primera vez, nunca… y pues quedo embarazada de María José con 16 años, estando en noveno. Y fue el golpe más duro que yo te digo que he podido tener en la vida. Un día, si no… Estuve el jueves, miércoles me arreglé normal como para salir para el colegio, normal, normal, así me arreglé.
Y me desayuné, me comí, “papá, chao, pa, mi bendición”, me dio la platica de la merienda y yo salí dizque para el colegio. Vamos a ver que yo no salí para el colegio. O sea, para salir del colegio el camino era mano derecha y la casa de mi novio en ese momento y papá de Mao era hacia la izquierda. O sea, vivíamos muy cerquita, éramos casi que vecinos.
Cuando mi papi me llama, pero yo no lo escucho, y él llega a la puerta a volverme a llamar, y él se da cuenta de que yo no volteé por el camino que tenía que voltear… El papá de mi papá es un perro sabueso, él se la olía: “algo pasa”.

Eso quedó así. Pues yo efectivamente me fui para la casa de él, hablé con él, le conté, pues en ese momento fuimos a hacernos otra prueba de sangre ya. Me acompañó. Pues salió positiva. Pues como que no podíamos creerlo. Ese día los dos difamando y disociando, disociando de qué estaba pasando, pues aterrizándonos a la realidad.

Ese mismo día, mientras Mirley subía las escaleras del colegio…

Y mi gente: le dije, el desayuno, ella se alistó, se colocó el uniforme, cogió los libros y salió. Entonces yo me puse a ponerle cuidado para dónde salía ella por una ventana.
Y ella cogió… no cogió para la derecha, por donde quedaba el colegio Santa Teresita donde estudiaba, sino que cogió para el lado de la izquierda, para el barrio Tres Unidos, donde vivía el novio de ella.

Después, como a las 8 o 9 de la mañana, yo fui al colegio a preguntar a ver si ella estaba en el colegio. Me dijeron que no había ido a clase. Entonces yo hablé con el rector y le dije que al otro día no la recibiera en el colegio. Al día siguiente la citaron a rectoría y mientras ella esperaba afuera escuché un sonido que jamás olvidaría.

Y me llaman de coordinación:
“Por favor, la alumna Marcela Marín Pallares que baje la excusa de su no comparecencia el día de ayer al colegio.”
Yo: “¿Qué? Aquí nunca piden eso.”

O sea, cuando escucho las llaves de mi papá… Escucho que mi papá tiene un llavero enorme de llaves, una cantidad, que le gusta cargar… yo no, eso es como pesado. Y yo escucho ese llavero. Mira, nena, a mí se me bajó esta vida y la otra. O sea, yo no supe dónde quedé.
Yo no supe dónde quedé. Yo no sabía si me sentía mal porque estaba embarazada o porque mi mamá me iba a pillar de que no había ido al colegio, ¿no?

Bueno, entran así, nos ponen a esperar. Mi papá me saluda así como con la cabeza, así a lo lejos, la ve, así. Cuando… bueno, yo como que: “Papi, ¿qué haces acá?”
“Ah, es que me citaron para una reunión.”
Y yo: “Bueno.” Yo como que no entendía.

Cuando efectivamente nos sientan a los dos al frente del rector y el rector dice muy amorosamente:
“Sí, mira, es que ha pasado esto, Mirley, no sé qué. A nosotros nos contaron que usted estaba buscando dónde abortar.”

O sea, el señor me abortó así. Yo le dije: “No, qué… qué…”

En la oficina, el rector fue directo. Habían rumores y se autorizó una prueba de embarazo allí mismo y la verdad salió a la luz.

Claro, mi papá solo… él callado, él no me hacía ni un gesto, no me miraba.
Y yo otra… y yo empecé a sudar. Yo sentía que yo puse amarilla, verde, azul, roja, y yo no sabía dónde meter la cabeza. Yo no sabía qué hacer, te lo juro. Llega la prueba de embarazo. Y pues yo ya ahí, con la prueba de embarazo en la mesa, que confiese qué era lo que estaba pasando…
Pues yo le dije: “Bueno, sí, mire, lo que pasa es que yo ayer no vine y me tocó contar lo que había pasado. Fui a hablar con mi novio porque efectivamente sí estoy embarazada, pero no era que estaba buscando abortarme.”

El colegio decidió no renovarle la matrícula. Su papá no habló ese día y esa noche Mirley no volvió a verlo hasta tarde. Lo que vino después fue un ultimátum: el 20 de diciembre, con 16 años, Mirley tuvo que irse a vivir con su novio. No sabían qué hacer, no sabían cómo criar un bebé, pero igualmente tenían que hacerlo.

Entonces yo estaba teniendo problemas en la casa en Ocaña porque yo sentía que la tía, muy linda, o sea, una tía maravillosa, me acogió, me dio la mano, todo, pero estaba como absorbiendo a María José. Entonces yo sentía que me la… me dio miedo, o sea, no sé, me dio miedo, sentí que me la iban a quitar. Y salí corriendo de esa casa.
Estuvimos 15 días. Yo hablé con mi papá, le dije: “Pa, mira, está pasando esto, no puedo pasar la dieta, me voy a volver para Barranca.”
Entonces me dijo: “La recibo un mes mientras hace la dieta. Ese señor aquí no. Usted es la niña, que él se vaya donde la mamá.”

Bueno. Entonces estuve un mes ahí con mi papá para hacer la dieta, estuve muy tranquila. Mi papá pues ahí… Él decía María José “Corosito”, “Inditex Toveba”, ¿no? Él amaba… la ama, ama a María José de una manera loca, otra hija más él, ¿sí?

María José debía nacer el 8 de junio, pero no nació ese día.
Nació una semana después, en medio de tormentas, traslados de última hora y una cesárea que se adelantó por riesgo.

Le digo a la doctora como que: “No, mira, ya es 14, la niña tenía que nacer el 8.” Me hacen pues, por lo menos, obvio, todo de urgencia: ecografía y todo, y me dicen:
“Sí, tiene muy poquito líquido amniótico. Es un embarazo seco. No, quédate de una vez internada.”
Todavía no estaba preparada para un parto natural.

Decidí… el médico programó cesárea y me programan la cesárea para el transcurso de ese día. Entonces me entro a urgencias, me organizan y todo. Eh, llego a la Clínica Torrocomba allá en Ocaña. Yo tenía programada cesárea a las 9 de la noche del 14.
Cuando, tipo 8:30 de la noche, cae un aguacero gigante, pero es que es un diluvio, y se contamina la sala de quirófano en la que yo estaba programada a las 9.
Me mandan en la ambulancia a la clínica… queda como a media cuadra de la otra, pero que es la ambulancia y todo el protocolo, ¿no?
Y María José nace en la clínica del Divino Niño a medianoche, a las 0 horas 15 minutos del 15 de junio del 2005.

Yo lo sé, yo sentí que yo tenía que estar ahí. Sentí sin pensarlo y sin nada, y se me dieron las condiciones… salí a vacaciones de mi trabajo, tomé la decisión también de irla a acompañar en este momento tan especial para ella. Desde el parto, pues ella estaba muy fuerte, muy fuerte, en saber lo que iba a afrontar a pesar de su edad, muy dispuesta, muy echada para adelante, como dicen los paisas. Muy dada a recibir a su hija.

Ser mamá adolescente no solo cambia la vida, la acelera. Mirley tuvo que criar un bebé mientras seguía estudiando, madurando, huyendo de una relación violenta y tratando de construir un futuro desde cero.

Mi mamá ha tenido múltiples trabajos a lo largo de su vida, pues, y le tocó… le tocó desde muy chiquita. Le tocó salir adelante, literalmente. Ella ha trabajado como mesera, como domiciliaria. Hacía trabajos de la universidad. Yo me acuerdo que yo le ayudaba a hacer los trabajos de inglés de la universidad, porque ella los vendía, vendía los trabajos de inglés para los compañeros.
Y a pesar de todo, la sacó adelante. Estudió en Medellín, en Rionegro, volvió a Barranca y volvió a Medellín. Siempre moviéndose para ajustar los horarios, cuidar a su hija y no soltar su carrera.
Y gracias a Dios, después de mucho, pero muchísimo esfuerzo, está en un buen trabajo. Trabaja aquí en Bucaramanga con el ICBF como abogada, está especializada en derecho familiar, entonces la verdad es que estoy muy orgullosa de mi mamá.

Hoy, 20 años después, Mirley es defensora de familia del ICBF. María José estudia comunicación social y la vida, que a veces es dura pero también justa, le regaló mellizos en la adultez.

Yo trabajo en el ICBF en este momento como defensora de familia y tengo que ver muchos niños, y yo me pongo de ejemplo y les digo: “Mira, yo fui mamá joven.” O sea, no es una excusa para decir: “No se puede, es duro, es que la vida no es fácil.”
Y más cuando uno se acelera los procesos, ¿verdad?
Pero se puede. Se puede salir adelante, se puede luchar, se puede salir profesional, se pueden lograr los sueños. Como que un hijo no estanca. El proceso se demora, sí, pero es bonito. Los hijos son la mejor compañía, son la bendición.

Y ahorita, pues después de 19 años, llegan los mellizos y revolucionan todo. Todo llega en otra época, otra etapa, ya como una mujer un poco más madura, intentándolo… más madura. Pero los hijos son mi bendición.
Los quería hace rato, quería hijos cuando María estaba más pequeña porque siempre pensé en que se acompañara… pero bueno, no llegaron sino cuando ya era una señora.

Y aunque su camino empezó antes de tiempo, Mirley creció con cada caída, con cada mudanza, con cada turno del papá, con cada llanto de María José. Mirley fue madre siendo niña y desde entonces ha caminado con una fuerza que ni ella misma imaginaba. Su historia no es una advertencia, es una prueba.
Una prueba de que la maternidad temprana sí marca, sí duele, sí complica, pero también revela una valentía que pocas veces se nombra. Una fuerza que Mirley convirtió en destino.

Esta es su historia, una historia que comenzó con un desvío hacia la izquierda y que hoy sigue caminando hacia adelante.