Violencia intrafamiliar: un rasgo social que persiste en Santander

Por: Camila Ladino y Geily Coronel, estudiantes de Periodismo

En el año 2020, al llegar la pandemia Tatiana Camacho, quien fue agredida por su tío durante años y se sentía culpable de hablar, decidió denunciar. “Yo duré muchos años, digamos como negación o echándome la culpa a mí, que yo
permitía las cosas, que todo lo que me paso fue por mi culpa. Y llegó la pandemia. Al llegar la pandemia fue peor porque me agobie mucho. Yo lo que quería era acabar con él, o sea no buscaba ayuda para mí. Entonces había como una línea en la universidad de casos de violencia de género, era como un proceso que había psicóloga, abogada, psiquiatra. Entonces a mí me pasaron como el dato y yo llamé, pero digamos que solo para buscar para hundirlo, es la verdad”.

Tatiana Camacho, Manuela Picón y Nubia Ramírez son parte de los 1.245 casos de violencia intrafamiliar que se presentaron en Santander en el año 2020. Durante este 2021, desde enero hasta septiembre, las cifras disminuyeron a 852 denuncias de violencia intrafamiliar, en las tres comisarías ubicadas en la zona norte, Morrorico y La Joya.

El confinamiento, causado por el coronavirus, visibilizó las relaciones conflictivas familiares de muchos hogares, alertando tanto a la sociedad como las autoridades que desde las casas provenía todo tipo de vulneraciones. Pero, antes de la aparición del covid-19, la violencia ya hacía parte de la cotidianidad de muchos hogares a nivel mundial. A diario, las personas conviven con sus agresores y sin darse cuenta sufren de múltiples formas de violaciones de
derechos humanos: física, psicológica, sexual, verbal y económica.

En Bucaramanga y su área metropolitana, de acuerdo con las cifras de Medicina Legal y Comisarías de Familia, se denunciaron 1.314 casos de violencia intrafamiliar en 2019. Pero las víctimas callaron en muchas ocasiones por miedo, culpa y vergüenza de los actos atroces que recibían de sus familias en un contexto violento, que consideraban normal.
Como en el caso de Manuela Picón Vergel, estudiante de zootecnia, a sus 20 años explica que durante toda su vida la violencia física y psicológica por parte de su papá al defender una relación amorosa fuera del matrimonio, generó en ella cambios en la manera que se relacionaba durante la adolescencia. “En plena adolescencia, estaba en el colegio. Yo me rebelé horrible y yo empecé a salir horrible, era lo que yo dijera. Yo perdía los años. Yo no quería estudiar. Era lo que yo dijera y no me importaba. Claro en medio de eso, o sea, yo trataba de cerrar esos vacíos con mi rebeldía con la calle. Yo puedo recordar que le dije que me prestará el celular porque quería jugar un rato y vi un mensaje de ella que le llegó yo le dije a mi papá ¿por qué haces eso? Le reclamé, me pegó tan fuerte, tan fuerte, tan fuerte, que yo digo que sí me pegó 20 correazos fue poquito, que mi hermana le decía la va a matar, la vas a matar para, para, para…”.

Pía Paola Sierra, psicóloga especialista en el área clínica aclara que en una figura dominante en el entorno familiar puede generar problemas de salud mental a futuro. “Chicas, jóvenes, adolescentes que son violentadas por su papá de manera física o psicológica, desarrollan trastorno depresivo o trastorno de ansiedad. Entonces sí podría decir que muchos de los trastornos mentales o algunos de los trastornos mentales se desarrollan en personas que han sido víctimas de violencia de manera reiterada por una o más personas”.

A pesar de la disminución de las denuncias luego del retorno a la presencialidad y la creación de mecanismos de prevención por el covid-19 ¿por qué todavía existen casos y denuncias de este tipo de violencia en nuestra ciudad? Es la misma pregunta que se hacen todas las víctimas cuando un integrante de su familia atenta contra ellas. Personas como Tatiana Lucero Camacho, estudiante de trabajo social en la UIS, que, a sus 21 años, cuenta que ya ha vivido la violencia intrafamiliar en carne propia desde los 4 años, en la casa familiar donde vivía.  “¿Qué pasó? Que a partir como de los cuatro años más o menos que yo tengo memoria, pues empecé a sufrir abuso sexual por parte del hermano menor de mi mamá y pues estos se fueron perdurando en el tiempo, fueron sucesos reiterativos a través del tiempo hasta el año 2016. Pues estos sucesos se vinieron dando, me acuerdo que al principio era cuando yo vivía en la casa de mi abuela. Él después de un tiempo tuvo una hija en el 2009, a principios del 2009, ya después de eso, pues aun así después de tener hijos los abusos se siguieron dando en diferentes escenarios”.

Tatiana es un ejemplo de la violencia implementada sobre los más indefensos; los niños y niñas. En los menores de edad, el abuso sexual repetitivo por parte de un pariente puede causarles variedad de sentimientos, pensamientos y comportamientos angustiantes. Por lo general, el miedo de ser atacado hará que el menor no hable, pero igual tendrá ciertas conductas que permita identificar a los padres o demás personas sobre su situación a través de sus interacciones, como mencionó la psicóloga clínica y terapéutica Sandra Milena Fontecha Pabón. “Se espera que el escenario de la familia sea un escenario seguro para la expresión de las emociones, sin embargo, esto no pasa y en esa medida pues los niños empiezan a crecer con esa dificultad para gestionar sus emociones para hablar acerca de lo que están sintiendo. Y es el referente esta manera en que hemos construido la relación con el papá, con la mamá se vuelve el referente que llevamos a las relaciones que construimos”.

En estos últimos nueves meses del año la Comisaria de Familia de Bucaramanga ha recibido 269 casos de violencias contra niños, niñas y adolescentes, de las cuales 175 de estas víctimas eran niñas, lo que simboliza que el 65,05% de los afectados por violencia física, sexuales y psicológica en menores de edad también pertenecen al sexo femenino. La coordinadora de las comisarias en la ciudad, María Fernanda Medina afirma que existe una preocupación en los índices de violencia contra las mujeres. “Cifras alarmantes no solamente para la comisaría familia sino para toda la comunidad
bumanguesa de que hay que seguir velando y protegiendo por la integridad de nuestras mujeres y niñas porque somos las que más estamos expuestas a ser víctimas de cualquier hecho de violencia familiar dentro de nuestros contextos”.

Cuando el individuo nace en un ambiente violento, donde ve agresiones constantes entre sus padres o los demás miembros de su hogar, es propenso a construir una personalidad retraída o baja en autoestima. A medida que va creciendo, el sujeto replicará estas conductas agresivas con sus lazos afectivos, entre ellos sociales, laborales, sentimentales y familiares. Jorge Alberto Ladino, abogado especialista en derecho penal, mencionó que cuando un
joven menor de 18 años es introducido en un contexto violento hay un régimen de protección respaldado en las leyes colombianas. “La Ley 1098 establece dos campos 1 cuando se trata de víctima adolescente infante o adolescente menor de edad o cuando se trata de victimario y establece un procedimiento muy específico para el victimario y ese procedimiento es más de resocialización más de restablecimiento más psicológico se piensa más en darle una oportunidad al menor de recuperar su camino para ser útil a la sociedad que de retribuir una pena punitiva, que
pueda alejarlo de ese camino y tienen los sistema muy especial dentro de Colombia que aparece regular una Ley 1098 y que casi en ningún evento permite que el menor vaya a estar en un establecimiento carcelario, no obstante si existen centro de retención para menores dependiendo de la reincidencia y la gravedad de la conducta que realiza”.

En el corte de enero al cuatro de noviembre del 2020, de acuerdo con la Secretaría de la Mujer y Equidad de Género, habían recibido más de 4,600 casos. En 2021, por las mismas fechas, los casos denunciados por violencia intrafamiliar son 3,670. Además, una parte de las denuncias recepcionadas en las comisarías de familia, 750 fueron interpuestas por
mujeres, o sea, lo que significa que el 88,02% de las denuncias, las víctimas han sido mujeres en nuestra ciudad.

Es notorio que las cifras hayan bajado después del confinamiento, pero en Santander es recurrente la violencia en las dinámicas familiares. Uno de los motivos que explican sobre la persistencia en este asunto, es el machismo como rasgo cultura que ha estado presente en la historia de la región. Además, el discurso repetitivo del santandereano “berraco”,
“arrecho” y “pujante” se ha traducido en expresar la “berraquera” por medio de agresiones o de la fuerza.

Ángel Barba Rincón, director de departamentos socio-humanísticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, agrega que el tema educativo es otra de las consecuencias de que persistan los casos de violencia en la región. Al no enseñar con enfoque de género desde la institución, educar con base al manejo de las emociones o a identificar los abusos, es fácil que las nuevas generaciones sigan reproduciendo patrones dominantes de control de poder. Los medios y los productos culturales también provocan la normalización de las relaciones familiares con la figura destacable de un patriarcal y el maltrato físico, económico, psicológico, emocional y sexual.

“La falta de educación emocional ha hecho mucho daño, por ejemplo, nosotros deberíamos tener una clase de cómo manejar el dolor, cómo manejar la tristeza, cómo manejar el amor, pero esas cosas se las dejamos a Pasión de Gavilanes, a Betty la fea, a las 50 sombras de Grey. Generalmente todos esos programas y textos etcétera. Tienen una concepción muy rara en las relaciones entre hombres y mujeres. Los cuentos de Disney, La bella y la bestia, Blanca nieves y los siete enanitos, la Cenicienta”.

Las mujeres y las niñas son las principales denunciantes, pero en la línea de Santander 6910980, en lo que va en el año se han atendido 950 llamadas, en las que aproximadamente 25 hombres han denunciado sufrir violencia doméstica. De igual forma, en la comisaría de familia, hasta septiembre del 2021, 102 casos de violencia han sido interpuestas por el
género masculino, y entre ellas 94 han sido sobre la vulneración de derechos contra niños y adolescentes. Ángel Rincón adiciona que el bajo índice de casos en los hombres se debe a la cultura de la región, a la vergüenza de ser señalado de “débil” por parte de las autoridades o por la misma sociedad.

Nubia Ramírez, instrumentadora quirúrgica, menciona que, con su relación amorosa actual, Walter Coronel Rodríguez, ha visto como él sufre de acoso verbal por parte de su ex-esposa. El miedo de denunciar surge por parte de no lastimar a la hija común entre ellos dos. Una situación angustiante para Nubia. “Walter es muy temeroso en ese sentido. Él no quiere de pronto de que ella tome alguna acción y el deje de ver a Gabriela, entonces por eso él es tan permisible por así decirlo por miedo a que a él le quiten su derecho de ver a su hija. La mamá a ella la pone como entre la espada y la pared con respecto a venir acá con el papá, a compartir acá. Se nota a legua, por encima que le dice cosas al principio cuando la niña venía. La mamá la llamaba y la niña se ponía a temblar. Cuando notamos que ella sí tenía esas reacciones, Walter la puso en varias oportunidades en el altavoz para ver qué era lo que realmente le decía a la niña”.

Las víctimas de violencia intrafamiliar para denunciar deben acudir a alguna de las comisarías habilitadas en la ciudad. En el caso de La Joya atiende las 24 horas de los 7 días de la semana. Si se desea recibir asesoría antes de colocar la denuncia, los afectados pueden contactarse en la línea directa de la comisaría de familia: 3183506345 y la línea del centro integral de la mujer (312 6740066) que es un establecimiento que orienta a las víctimas en cuanto sus derechos. Si hay lesiones físicas, lo ideal es primero acudir a medicina legal.

Tatiana Camacho, luego de tantos años de estar en silencio por miedo y culpa, en el 2019 tras un suceso con un profesor que la acosaba, decidió declarar ante las autoridades su caso. Sin embargo, cuando tomó las fuerzas para enfrentarse de manera legal contra el agresor, se encuentra que su caso no ha avanzado por los malos procedimientos judiciales. “Estaba muy animada por poder después de tanto iniciar un proceso para supuestamente hacer justicia, pero ahorita me encuentro, digamos que bastante bajo de nota y acongojada porque pues ya pasó más de un año de la denuncia y no ha pasado nada, hay un rollo porque la persona que me recepcionó la entrevista de la denuncia, me dio la medida preventiva que yo había solicitado, pues hizo eso mal, me archivo el caso. ¿Entonces qué pasó? Que yo la busqué. No me quiso atender. Me dijo que tenía que volver a hacer otra denuncia. Y yo le dije cómo es posible si usted me entrevisto y usted me dijo que tenía que hacer como un diario relatando los hechos con lo que más se pueda acordar, con espacio, tiempo, lugar, mejor dicho, hasta con que ropa tenía puesta en esas ocasiones. Bueno, a mí
me tocó con la abogada hacer un derecho de petición y pasarlo y ahí esperar que contesten. Tengo que esperar más o menos 15 días”.

En Santander se han establecido medidas para el acompañamiento y seguimiento de las víctimas de este tipo de agresión por medio de la línea 155 a nivel nacional. En tiempos de pandemia, la gobernación activó la ruta y el call center 6910980. Otras de las medidas es la Casa Refugio que pretende acoger de forma gratuita y apoyar con ayuda psicológica-jurídica a las víctimas. La patrulla en casa es otra de las campañas de prevención y atención a víctimas de violencia intrafamiliar y género, que va hasta las puertas de las viviendas afectadas. No obstante, el problema no radica tanto en donde acudir o cuales sean las rutas de atención, sino en la recepción de las denuncias. La insuficiencia de personal hace que no se inicie de forma inmediata los casos, siendo archivados, o los funcionarios encargados no hagan el proceso debido, demorando aún más el tratamiento judicial.

Yinni Valencia, abogada especialista en derecho de familia, afirma que los procesos legales de violencia intrafamiliar no son ágiles a comparación del dolor de la víctima. “En Colombia hay muchísima muchísima normativa y eso es un poco lo que nos ayuda uno a tratar en los procesos, ante la tutela y demás ganar cosas porque la normativa maravillosa en Colombia tenemos derechos de las mujeres, de las víctimas, se ha hecho un trabajo bueno, pero a la hora de hacerlo cumplir, de entender de qué se trata, ahí está el complique. Tiene que ver porque los funcionarios y las funcionarias también tienen un pensamiento machista también no tienen una sensibilización al tema, hay muchos mitos y muchas cosas desde la entidad. Entonces la sensibilización es fundamental”.

La ausencia de sensibilización hace que las víctimas no hablen a veces, por el miedo de ser objetos de señalización, de su propia familia, de la sociedad y de las mismas instituciones. De igual manera está el temor de que ellas sigan siendo las que carguen con la culpabilidad, porque tal vez “estuvieron en el momento equivocado” o “provocaron al agresor”. Tatiana Camacho, menciona que descubrir los comportamientos de su tío desde antes de que ella incluso naciera fue inesperado. “Porque a mí me hubiese encantado que alguien antes de mí hubiese sido la zancadilla con esta persona hubiese denunciado hubiese tomado cartas en el asunto y así hubiese evitado que yo tuviera la vida miserable que viví por culpa de esta persona, ya las invito a denunciar porque eso es quitarse una carga encima”.

El contexto y la cultura santandereana es uno de los factores determinantes de que en la región y en otras cinco zonas del país se concentra el 75% de las llamadas que se hacen a las líneas de ayuda de violencia intrafamiliar. Este tipo de violencia por lo general sigue siendo uno de los principales indicadores que se registran en el país y en el departamento. A consecuencia de ello, comenzaron este año a capacitar a las comisarías de Bucaramanga con enfoque de género, para no seguir re victimizando a las víctimas y generar consciencia en el asunto. Adicionalmente, según la secretaría de la mujer y equidad de género de igual forma están trabajado con la niñez en las instituciones educativas de los municipios de Betulia, Lebrija y Sabana de Torres, para enseñar catedra de género, con el fin de que en futuras
generaciones no persistan los índices de violencia doméstica.