Caminos hacia la maternidad

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La elección sobre la reproducción es algo que marca a la mujer durante su vida. Si es que quieren tener hijos o no, siempre es controversia a ojos de la sociedad. Por esto, en conmemoración al día de la mujer, exploramos la diversidad de experiencias en torno a la maternidad. 

Dos mujeres, dos historias, un mismo tema. Conozcamos a Daniela Rueda y María Alejandra Cardenas.

Mi nombre es María Alejandra, nací en Neiva, Huila y me crié en Girón, Santander. 

A ver, uno siempre es como el reflejo de nuestros padres y pues mi mamá, desde muy pequeña, con el ejemplo que ella me daba siempre tenía la imagen de que la maternidad era protección, sacrificio y demasiada paciencia. 

Siempre quise ser madre aunque hubo un momento, una etapa de mi vida en la que me di por vencida que fue cuando tuve el aborto no provocado. Ahí había perdido las esperanzas porque a raíz de el aborto empecé a tener muchísimos problemas de salud y también psicológicos. Entonces perdía la esperanza porque, pues, siempre que iba al médico me decían que no podía quedar embarazada, que posiblemente soy estéril, entre otras cosas. Hasta que llegó una persona a mi vida que me dio a entender muchas cosas y fue el que me ayudó a cambiar el pensamiento, me ayudó a ser más positiva y a darme como ese ánimo de intentarlo.

Para mí la maternidad es una etapa que saca una versión de ti que jamás conocías; que es a base del aprendizaje, de la protección, de la responsabilidad, del respeto y, por supuesto, demasiado amor. Siempre debe uno estar consciente de todas las cosas y responsabilidades que tiene ser madre. 

Creo que las mujeres más condenadas son las que no quieren tener hijos. La religión tiene que ver mucho en esto y es que siempre se ha pensado que forman una pareja y deben tener hijos, y pues no debería ser así porque no todas las personas, todas las mujeres piensan igual. No todas las mujeres quieren ser madres y es una decisión muy respetable, porque pues yo nunca he estado de acuerdo con el aborto, entonces prefiero que las mujeres, si no quieren tener hijos, que simplemente se cuiden.

La realidad de María ha estado definida en parte por la religión católica; sin embargo, ella no considera decisiones como la ligadura de trompas menos válidas.  

Mi nombre es Dani Rueda, nací en Bogotá y me crié en Bucaramanga y Medellín.

La idea que tenía sobre la maternidad es que era súper fácil. Eh, bueno la verdad nunca me ha llamado la atención ser madre ya que siento que es algo muy difícil y complicado, siento que uno tiene que tener mucha estabilidad económica y emocional para poder traer un hijo al mundo.

Decidí hacerme la ligadura de trompas ya que, pues, la verdad, no me gustan los niños. Soy una mujer súper impaciente, no me gusta tener como una responsabilidad fija ahí, de que tenga que estar casi 24/7 con alguien y ya.

Daniela ve en la maternidad una etapa difícil que no desea afrontar, pero es empática porque reconoce que para algunas mujeres puede ser una experiencia importante e inigualable.

Pero también siento, pues, que para algunas mujeres es una experiencia muy bonita, única e inigualable. Pues, sentir el amor del hijo, y todo eso, siento que para algunas mujeres es algo indescriptible.

Dos realidades distintas, dos elecciones válidas. Daniela optó por cerrar ese capítulo de su vida, mientras que María lucha por abrirlo. Ambas son decisiones que merecen respeto y comprensión, pero que a ojos de la sociedad son sentenciadas.

Uno de los cambios que he tenido es bajar de peso porque el mayor motivo por el cual yo no he podido ser madre es el sobrepeso. Entonces he empezado a mantener una vida más saludable, hacer ejercicio, alimentarme bien para tener un cuerpo sano…

La verdad, mi pareja me ayudó muchísimo a darme otra vez: empoderamiento, seguridad y confianza de que yo sí voy a lograr ser madre, y no solamente ser madre sino ser la mejor, tratar de entregar lo mejor de mí.

Bueno, las dificultades que tuve fue que apenas cumplí los 18 yo me quería hacer operar, pero el médico me decía que no, que porque “estaba muy pequeña”; que me iba a arrepentir, que pensara bien lo que iba hacer con mi vida. Me juzgaban mucho la verdad y no me pareció lo correcto, ya que, pues, deben respetar las decisiones de los demás, pero ya, pues me costó tres años para poder que me hicieran el proceso.

Mi reto más grande ha sido controlar mis emociones porque es un proceso que tiene muchos altibajos. Cuando uno cree que todo está súper bien, siempre va a haber algo que lo hace dudar y volver a tener como esa mentalidad positiva es demasiado difícil.

A nivel social, independiente al camino que se tome con respecto a la maternidad, siempre hay un pero. Tanto Daniela como María han recibido juicios por sus decisiones.

En el hospital, el día que me estaba operando, habíamos como 40 mujeres y 3 de ellas sí tenían hijos. Una de ellas me decía que no, que no me operara, que estaba a tiempo de arrepentirme. Pues me insistía mucho y ella estaba súper joven, pues, tenía 24 y tenía 3 niñas, entonces yo le decía: “Respeto tu opinión, pero no la comparto, pues esta fue mi decisión. Yo decido ser libre, yo decido, pues, qué hacer con mi vida” y siento que, eh, respecto a mi personalidad, y a cómo soy, siento que no debería traer un hijo al mundo.

Ha sido difícil porque mis hermanos nunca han estado de acuerdo con que yo sea madre. A mis 23 años, por motivo de que ellos tienen una ideología de que primero hay que trabajar, primero hay que estudiar y para ellos la edad buena para tener hijos es de 27 años en adelante, pues, claramente tenemos pensamientos diferentes, entonces siempre vamos a chocar. 

A veces me siento como que un poquito acosada o regañada, no sabría cómo decirlo. Ya que, pues, cuando cuento de que no tengo hijos y que me opere para no tener hijos me dicen: “No, qué mala decisión”, “te vas a arrepentir más adelante”, “tener hijos es lo mejor del mundo”… Y, pues, me parece que deberían respetar, pues, las decisiones de cada uno.

Muchas personas se pusieron en mi contra. A mi suegra no le gustó para nada; ya me trata diferente y ella, pues, está súper ofendida, ya que, los otros hijos de ella tampoco quieren hijos y ella está loca por un nieto. Y yo le dije pues que no, por mi parte no fue. Entonces en este sentido si tuvimos como problemas porque no le gustó mucho la decisión, pues ella quería que yo hiciera lo que ella me dijera y a mí no me pareció eso, pero pues, bueno ya todo por el momento ya está bien, ya se les olvidó que me hice eso y todo súper bien.

La maternidad es una experiencia única y personal, cada mujer tiene derecho a tomar sus propias decisiones en torno a ella. No se trata de juzgar ni de imponer, sino de respetar la diversidad de caminos que existen.

Tengo mucha libertad, pues, puedo viajar, puedo trabajar todo el tiempo que yo quiera, no tengo que estar desesperada porque tengo que llegar rápido a la casa a atender a mi hijo a mi hija. Siento mucha libertad y me gusta mucho porque puedo hacer lo que yo quiera, y es siempre lo que he querido, ya que siempre he hecho, por decirlo así, lo que a mí se me dé la gana.

Me imagino mucho más estable emocionalmente, me imagino con hijos y teniendo mi propio negocio, junto a mi pareja.

Ambas son decisiones que merecen respeto y comprensión, pero que a ojos de la sociedad son sentenciadas. Desde la elección de la ligadura de trompas hasta el tratamiento de fertilidad. Recordemos que la maternidad ni se impone, ni se condena; simplemente se vive de formas diferentes, todas igualmente válidas.