La melodía que cala el alma

Por Catalina Palencia Chiglino
cpalencia641@unab.edu.co
Segundo semestre de Psicología

Una melodía atravesando un instrumento y un profesor enseñando a su alumno cómo hacerlo, es el día a día de quien enseña su vocación. “La música le llega al alma a todo el mundo y se sienten identificados con los momentos y situaciones, además de que les gusta interpretarlo desde el corazón”, es lo que nos dice Luis Antonio Vera Guerrero, director de la academia musical Tocata.

En este melodioso lugar, se enseña a niños y jóvenes a tocar diversos instrumentos y conectar con la música, lo que le permitió a Luis tener un propósito vinculado a su vocación. Desde el colegio con un grupo de rock, inició su camino de la música con la motivación de seguir adelante en una lúdica de enseñanza y que los estudiantes, además de aprender, puedan componer sus propias canciones donde se encuentren, gracias a lo versátil y práctico que es la guitarra, instrumento que se dedica a enseñar.

/ FOTO CATALINA PALENCIA

El modelo de enseñanza manejado por Luis en Tocata es desde el constructivismo, pues deja que el estudiante progrese a su medida sin forzarlo ni condicionarlo a una nota o presión, como suele pasar en el método conductista. Así mismo, JoHn Freddy Díaz, profesor de piano en la misma academia, se guía por dicho modelo y le agrega un poco de amor y diversión a sus enseñanzas, para que los pequeños lo vean como un juego que a través del tiempo se vuelve un poco más exigente.

“Lo importante es lograr que al principio el estudiante se enamore del piano y no lo sienta como algo tortuoso sino como algo natural”, asegura Jhon. Y es que lo que más lo hace sonreír de su vocación, es ver el proceso de los estudiantes. Ser testigo de cómo van avanzando paso por paso y clase por clase para finalmente, ver el resultado después de un año de esfuerzo, es lo que más lo llena de satisfacción y felicidad.

Después de capturar los testimonios, así como las metodologías empleadas por el profesorado de la escuela musical Tocata, se decidió examinar la contraparte de esta dupla de profesor–alumno; en donde Isaac Rincón, un chico de 18 años que está aprendiendo a tocar el piano, nos permite adentrarnos en la percepción de un alumno recién ingresado en la clase de John Fredy. “Cuando toco piano en las clases de John, no me siento presionado ni regañado al equivocarme. Por el contrario, me siento corregido y orientado para que pueda mejorar. Le agradezco por enseñarme con vocación”, expresa Isaac.

De esta manera el testimonio indica la importancia de las doctrinas efectuadas por la academia Tocata, denotando la profundidad por la cual una melodía es capaz de aferrarse en las entrañas del corazón, según el modo de enseñanza. En adición, alumnos como Daniel Vega, estudiante de canto y guitarra perteneciente a la UNAB, reitera la compenetración por la cual esta metodología tan sublime es capaz de conmover al estudiante en cuestión, logrando que la enseñanza pase de ser efímera a algo casi sempiterno.

“La forma de enseñar es personal y especializada con cada alumno, y me ha ayudado a crecer como persona y entender que la música es amor”, dice Daniel. Así mismo, Jorge Pineda, compañero de estudio de Daniel, manifiesta un pleno agradecimiento por quienes le enseñaron su vocación con su instrumento favorito, la guitarra.

Por otra parte, Diana Marcela Rodríguez, directora de Tocata, egresada de la UNAB, donde es docente con casi 20 años de experiencia musical, hace posible la iniciación de los estudiantes mencionados que escogen con valentía este camino. Además de enseñar piano, guitarra, dirección coral y sonidos terapéuticos, hizo capacitaciones en técnica vocal en el Ministerio de Cultura, en vibroacústica en el centro unísono de musicoterapia de Bogotá, y en Argentina con el maestro Jorge Saín. Sin embargo, su exitosa experiencia no se compara con el amor que tiene por su vocación. “Me encantan las relaciones con los seres humanos, el poder aportar algo desde la música, y disfruto cada espacio de contacto y la creación personal del sonido para sí mismo y los otros”, expresa Diana. Ella siente que su propósito además de enseñar está en crear espacios para que las personas puedan disfrutar e identificar sus talentos por desarrollar desde la música.

De la misma forma, Ana Paola Moreno, egresada de la UNAB, quien se ha dedicado a enseñar violín por más de 2 décadas, permite que sus estudiantes tomen este instrumento como medio de expresión. Paola logra proyectar su filosofía al fomentar el intercambio directo de una multiplicidad de ideas entre sus alumnos, logrando así una reflexión y determinación ante una nueva forma de sentir; en donde a través de la música, se espera que las emociones se tracen de una manera mucho más amena, enlazando las metas con los inigualables sonetos de la música. Todo aquello lo hace a través de metodologías activas donde los estudiantes participan de su proceso pedagógico y toman decisiones sobre qué es aquello que desean tocar y no solo ser quien manda en todo momento. Al igual, Fredy Suárez, con 8 años de experiencia en el piano, enseña a través de la sensibilidad y el trabajo psicomotriz, con estiramientos musculares, pero, sobre todo, con pasión que expresa al tocar su instrumento más amado.

En definitiva, todas estas experiencias, expresiones y testimonios, nos permiten concluir que la música conecta corazones. El ser de una persona vibra con una melodía, y cuando lo hace, algo cambia dentro de esta. Sabemos que oímos porque escuchamos a los demás, porque escuchamos una canción al pasar por un lugar, el baile de una melodía o simplemente un sonido. La diferencia de este último con la música es que esta transmite un mensaje, un sentimiento, o algo que te puede transformar. Algunos la sienten más que otros, pero en definitiva quien se atreve a crearla y enseñarla a un alumno dispuesto a aprender, gana la dicha de transmitir la melodía que cala el alma.