Las voces del conflicto y la resiliencia

Danilo Cardenas y Selene Valencia

Colombia ha experimentado décadas de conflicto armado interno, dejando profundas cicatrices en la sociedad con consecuencias como desplazamiento forzado, desapariciones, violencia sexual y asesinatos. A pesar de este oscuro panorama, las mujeres colombianas han surgido como agentes de cambio y esperanza.

A menudo consideradas víctimas, muestran una resiliencia notable, siendo protagonistas en la construcción de la paz y la justicia en medio del conflicto. Su capacidad para alzar la voz por la reconciliación muestra una fuerza transformadora única.

Hay mil formas de escuchar a los colombianos, mil voces que pueden contar lo que ha vivido el país. Esta vez es el turno de Betty Solano una ex miliciana y de Nicole Dayana una militar. Desde dos polos apuestos quieren construir paz, velar por lo mejor para su familia y sus seres queridos

Las mujeres han sido históricamente subrepresentadas en los procesos de paz y toma de decisiones. Sin embargo, su participación es esencial, ya que experimentan el conflicto de manera diferente y sus opiniones son de vital importancia en el entendimiento de la guerra y cómo solucionarla.

Colombia ha tenido varios procesos de paz a lo largo de su historia. Se han intentado con distintas organizaciones insurgentes, y se han firmado al menos 12 acuerdos de paz en el país Betty solano ha firmado dos. Ingresó con 17 años al M-19 con el que firmó un acuerdo de paz.  Años después firmaría el segundo con las FARC lo que la convierte en una voz capaz para hablar de reconciliación.

“Luego fue la firma del acuerdo y obviamente yo me fui a la unión patriótica, viví el genocidio con nosotros laos firmantes y la Unión patriótica”

La Unión Patriótica en Colombia fue un partido político que sufrió un genocidio, con más de 6.000 víctimas por ejercer sus derechos políticos. De estas víctimas, 4.616 fueron asesinadas y 1.117 desaparecidas forzadamente.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Colombia por el exterminio de la Unión Patriótica, responsabilizando al Estado directamente de más de 6.000 víctimas desde 1984. Betty recuerda con temor esos momentos, en los que tenía que huir de la violencia para poder sobrevivir, recorrió todo el territorio para buscar un poco de paz.

“Empecé a moverme por todo el país, obviamente tenía problemas de seguridad por todos lados y ya viendo que tenía problemas de seguridad ya por el 2004 entre a la clandestinidad con las FARC”

Entrar a la guerrilla no es fácil. Para muchas personas que viven en regiones afectadas por el conflicto, puede parecer la única opción para escapar de la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades. Betty comenta que fue la decisión correcta y no se aflige por haber elegido ese camino para su vida

“En lo de mis ideales como revolucionaria no me siento decepcionada”

Si entrar a la guerrilla no es una decisión fácil salir es más complejo y reintegrarse a la sociedad es una tarea monumental que conlleva desafíos muy grandes. Muchas personas que deciden abandonar las filas guerrilleras se enfrentan a barreras tanto físicas como psicológicas al intentar adaptarse a la sociedad. Con tristeza Betty cuenta cómo se siente al ser una firmante de paz y que la opinión pública la siga estigmatizando

“Separarse de mucha gente querida, no sentir la fraternidad del grupo cuando estamos todos unidos y no poder ayudarnos como la cuestión de llegar nuevamente a la ciudad y que te señalen, porque no lo niego soy firmante de paz”

Según la ONU, 355 excombatientes de las FARC han muerto de forma violenta después del acuerdo de paz en 2016

“Y aquí estoy firme con mi palabra y de lo que pactamos en la habana a pesar de que ya van más de 412 asesinados”.

En un país tan marcado por el conflicto y el dolor, la familia es una luz que da esperanza y alientos para llevar el día a día. Construir una familia siento una excombatiente es difícil. reencontrarse con sus hijos y ser abuela le ha dado mucha alegría a Betty, sin embargo, menciona que aún hay cosas por trabajar. 

“ha habido muchas ausencias, pero estamos trabajado y hay que empezar por lo que hay en n nuestros hogares”.

Tanto para una ex miliciana como para una militar, el concepto de familia puede ser una fuerza unificadora y una fuente de apoyo inquebrantable. A pesar de las diferencias en sus roles y experiencias, ambas enfrentan desafíos similares en la búsqueda de equilibrio entre sus responsabilidades profesionales y sus roles familiares.

A pesar de las diferencias en sus trayectorias, ambas mujeres demuestran que, con el amor y el apoyo adecuados, es posible construir una vida plena y significativa después del conflicto. Nicole Henao cabo tercero y estudiante de la escuela militar de suboficiales en Tolemaida, dice lo que piensa de la familia en a la vida militar.

“pues tiene sus esfuerzos, pero todo es posible, lo que si es que una mujer militar no le va a ir bien con su pareja civil porque no le va a aguantar el trote de lo que toca hacer en la carrera militar, porque es mucho”

El sueño de Dayana siempre fue convertirse en una militar. Tuvo el apoyo completo de su madre todo el tiempo. 

“Desde muy pequeña tenía el sueño me llamo mucho la atención y se lo comentaba mucho a mi mamá, debido a eso yo se lo comentaba mucho a mi mama debido a eso ella me ingreso al colegio militar y ya con eso decidí por irme a la carrera militar”

Para muchas mujeres, el sueño de alcanzar una estabilidad familiar representa un anhelo profundo y universal. Este deseo trasciende fronteras y contextos culturales, y encuentra su raíz en la búsqueda de seguridad emocional. No todas las familias son iguales, Betty hizo amigos en su tiempo en la milicia, amigos que hoy extraña y por los que lucha para que se cumplan sus derechos

“Llevo trabajando por las comunicadas por la defesa de los derechos humanos por los niños abusados y por las comunidades vulnerables”

Por su parte Nicole lucha contra un entorno machista, en el que tiene que demostrar con hechos que las mujeres sin son capaces de todo, que tienen la preparación y el conocimiento para realizar cualquier tarea que se les envía.

“hay mucho machismo, demasiado, pero igual nosotras como femeninas no nos dejamos de ellos y sacamos la cara por todo el nombre femenino que tiene la escuela”

Tanto las mujeres militares como las ex combatientes enfrentan una batalla adicional contra la estigmatización y el juicio anticipado. En muchos casos, la sociedad tiende a etiquetarlas sin comprender completamente el contexto en el que han vivido y las decisiones difíciles que han tenido que tomar. Esto explica Dayana, diciendo que las personas no se toman el papel de conocer de verdad lo que se vive dentro del ejército

“entonces creen que nosotros como femeninas somos incapaces de realizar las cosas, creen que porque es pesado no lo podemos hacer. Pero nosotros tenemos muchas veces más preparación que los hombres”

Por su parte Betty tiene un pensamiento similar, desde su posición trata de hacer charlas contando lo que vivió.  Expresando que algunas veces los medios de comunicación tergiversan las historias.

“Es delicado porque muchas personas hablaban de lo que no vivieron o no conocen, ella trata de hacer charlas y contar vivencias para que sepa la verdad. los medios hablan cosas que nunca existieron y cosas que no ocurrieron”

Después de la firma de los acuerdos de paz en los que participó Betty los secuestros disminuyeron drásticamente en más de un 95% entre 2016 y 2022, con solo algunas decenas de casos reportados en los últimos años.

Mientras que Nicole entró al ejército en el 2023 cuando reabrieron las convocatorias para que las mujeres prestaran servicio militar. Ese año ingresaron 1296 mujeres dispuestas a enlistarse en las filas del ejército nacional.

Estas fueron las historias de dos mujeres que con base a sus ideologías expresan un sentido de lucha por el bien del territorio colombiano.

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