Tu pasión por lo que haces es lo que te hace brillar

Por Jaider David Molina Crespo
jmolina779@unab.edu.co
Estudiante de Negocios internacionales

Muchas veces, cuando pensamos en nuestro futuro, una de las tantas cosas que pasan por nuestra mente, es en el trabajo de nuestros sueños, aquel en el que puedas sentirte cómodo, estar tranquilo y ganar mucho dinero. Cada una de las personas de las que hablaré a continuación, tienen su historia, mucho o poco por lo que han pasado, pero cada una es digna de admirar, porque, sin importar el oficio o profesión que ejercen, ellos han luchado mucho por tener un sustento y una manera de sobrevivir a los cambios que el mundo y la sociedad en conjunto, genera en su paso por el tiempo.

“Muchas veces la plata no alcanza, pero toca hacerla alcanzar para poder llevarles de comer a mis hijos”. / FOTO JAIDER D. MOLINA C.

Hermes Ríos es uno de los jardineros de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, y lleva aproximadamente dos meses trabajando para una empresa prestadora de servicios generales, en la que, le toca trabajar para otras entidades. Él tiene 45 años, dos hijos y actualmente es divorciado, pero comenta que, en los tiempos en los que no le toca trabajar para el cuidado del jardín, hace trabajos de electricidad residencial y trabajos independientes de plomería. Le pregunté que sí el pago o lo que ganaba en sus trabajos era suficiente para el sustento propio y de sus hijos, porque, a pesar de que actualmente no vive con ellos, cumple con su función de padre y le ayuda a su exesposa con los gastos y la alimentación, a lo que respondió: “Muchas veces la plata no alcanza, pero toca hacerla alcanzar para poder llevarles de comer a mis hijos”.

Robinson Blanco es el administrador de la cafetería de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y lleva ya un año y medio trabajando para la institución. Tiene 52 años, un hijo y es divorciado. Trabaja de lunes a viernes en la universidad, con un horario de 5:00 am a 7:00 pm. Cuando era joven fue agente de Policía y trabajó en La Guajira en los tiempos de Pablo Escobar, fue también vigilante bancario en varios bancos aledaños, fue mesero, y sabe bien lo del trabajo de servicio al cliente y le ha ido muy bien trabajando en la cafetería de la universidad, tanto, que muchos lo conocemos por su buen trato y por su carisma.

Fuera del horario laboral, le gusta salir a bailar con su mujer (así le llama a su novia) y dice que quiere acceder al subsidio de pensión, que tiene planes de viajar con su mujer y tomarse unas buenas vacaciones. Frente a trabajar a veces con personas intolerantes y poco empáticas, dijo: “Cuando toca, toca, así son muchas personas, pero yo vivo es de esto, y sí, toca lidiar a veces con eso, pero yo sé cómo sobrellevarlo”.

“El día que usted se queda quieto, es cuando más hambre le da”, dando a entender que cuando no hay trabajo, por un lado, busca por otro lado, pero que nunca deja de buscar del cómo mantenerse. Se visualiza trabajando todavía en la universidad a futuro porque se siente cómodo, le gusta lo que hace.

Virlas Orcasitas es un agente de la Dirección de Tránsito de Bucaramanga, y trabaja allí hace 26 años. Tiene 53 años de edad, y es padre viudo de tres hijas, que para él son su todo y es la razón por la cual a diario trabaja hasta altas horas de la madrugada. Él a diario sale en la madrugada en su vehículo y ha llegado al punto hasta de “levantar muertos”, como coloquialmente le llama, en accidentes del área metropolitana de Bucaramanga. Fue sastre, conductor de vehículo privado, en San Juan del Cesar (La Guajira). Comenta que una vez, cuando entró a trabajar con el tránsito no sabía manejar moto, y que necesitaban a alguien para manejar una moto y se estrelló, porque dijo que sí sabía, y no era así, pero en ese momento estaba necesitando del trabajo. En el tránsito es una persona bastante carismática, siempre con una sonrisa y “camellando mucho”, como él dice, para que pueda seguir sirviendo en su labor.

Doña Gilma es dueña, junto con su esposo Alfredo, de una tienda de barrio. Prefirió no decirme su nombre completo porque no suele decírselo a nadie. Siempre sonríe y atiende de forma agradable a los vecinos del barrio. Tiene 62 años, y es una de las personas más conocidas del barrio por su famosa tienda en la esquina, que, si bien nunca tuvo nombre, todos la conocen como “La tienda de Doña Gilma”.

Vianngely Orcasitas tiene 23 años y es profesora en una academia de inglés llamada “Smart”, en la que comenzó a trabajar desde hace ya un año, como fruto de su esfuerzo constante desde que terminó sus estudios universitarios en el 2021. A los 18 tuvo su primer trabajo como profesora en un colegio, donde algunos estudiantes tenían necesidades especiales específicas. Comenta que fue un reto bastante grande porque apenas estaba empezando su carrera profesional y no sabía cómo lidiar con algunas situaciones que se le presentaron.

“Había una nena que presentaba problemas de depresión hereditaria, otro niño que sufría de hiperactividad y tenía atención dispersa, uno de estos dos casos me llevó a tomar decisiones apresuradas que casi afectan mi posición laboral en ese entonces, ya que me apersoné de la situación como si fuera mi responsabilidad resolverlo y es una situación que uno como docente no debe tomar como si fuese suya”.

Después de haber trabajado por un mes en esa institución renunció para continuar con sus estudios y cuando iba finalizando su carrera tomó la decisión de trabajar de nuevo y a sus 20 años decidió empezar a trabajar en un call center bilingüe para adquirir más “experiencia” y perfeccionar su segunda lengua (inglés). Debemos aprender a valorar, no solo el esfuerzo que también hacen los demás por haber luchado tanto para llegar hasta donde están hoy en día, sino el hecho de que ningún trabajo debe tener más valor significativo que otro, nadie es más ni menos por trabajar en un lugar donde tú no planeas trabajar. Todos somos iguales y lo único que nos diferencia es lo que es lo estético y superficial que vemos por fuera.