El miedo a quedarse atrás

SARA:
“Si no voy, seguro me voy a arrepentir… Todo el mundo está allá, no puedo quedarme en casa. ¿Y si me pierdo de algo importante? Necesito mirar qué están haciendo los demás. No puedo dejar el celular, algo nuevo debe estar pasando. Me quiero comprar ese producto que vi en TikTok… Siento que soy la única que no está ahí. Si no lo publico, es como si no hubiese pasado, ¿cierto?
No puedo desconectarme… me da mucha ansiedad.”

Hola, soy Sara Jamza, y en esta ocasión se hablará sobre una sensación que muchas personas, especialmente los jóvenes, experimentan sin notarlo.
¿Ha sentido alguna vez esa inquietud al ver que otras personas están disfrutando de algo y surge la sensación de quedarse por fuera?
Esa necesidad constante de estar conectados, de no perderse lo que está pasando, de no quedarse atrás…

Bueno, hoy se hablará de eso: de lo que ocurre cuando esa sensación se vuelve parte de la rutina y empieza a influir en la forma en que se vive, se piensa y se establecen las relaciones.

En la era digital, los jóvenes crecen conectados a una red que nunca se apaga. A través de sus celulares pueden saber, casi en tiempo real, qué hacen sus amigos, a dónde van, qué comen, qué compran e incluso con quién están.

Esta conexión constante ha transformado las formas de relacionarse, pero también ha dado origen a nuevas presiones sociales y emocionales. Una de ellas es el FOMO, por sus siglas en inglés Fear Of Missing Out, traducido al español como “miedo a perderse algo”. Este término describe la ansiedad que muchas personas sienten al creer que otros están disfrutando experiencias más interesantes o placenteras, mientras ellas no están allí.

Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado por psicólogos y expertos en comportamiento digital, quienes advierten que el FOMO no solo afecta el estado de ánimo, sino también la autoestima, la concentración y el bienestar emocional.
Un estudio realizado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), la Universidad de Valencia y la Universidad del País Vasco analizó una muestra de 3.569 estudiantes de entre 11 y 14 años y encontró que aquellos que manifestaban mayores niveles de FOMO tenían una mayor predisposición a involucrarse en comportamientos problemáticos en línea, tales como el uso disfuncional de redes sociales, la nomofobia (miedo a la desconexión digital) o el trastorno por juego en internet.

Para analizar este fenómeno y comprender sus implicaciones psicológicas y sociales, se cuenta con la presencia de la doctora Cindy Deossa, especialista en salud mental, con experiencia en psicología individual y familiar, y en procesos de acompañamiento a padres y jóvenes, impactando de manera positiva la calidad de vida de las personas y sus familias.

Doctora Cindy, bienvenida a Unab Radio y gracias por compartir sus conocimientos en este tema.

CINDY:
Hola Sara, gracias por la presentación que haces sobre mí y por la invitación a este espacio, en el cual estaremos hablando del FOMO.

SARA:
Doctora, ¿cómo se define el FOMO y qué lo diferencia de la simple curiosidad por lo que ocurre en el entorno digital?

CINDY:
Yo definiría el FOMO como el miedo a perderse algo. Es literalmente lo que traducen sus siglas. Es esa sensación de que la vida de los demás puede ser más interesante cuando estamos navegando en redes, y aparece el miedo de ser excluidos de ese estilo de vida.

La diferencia con la simple curiosidad es que la curiosidad es una motivación natural; generalmente nos genera placer por explorar o conocer algo, pero no nos causa angustia si no podemos satisfacerla de inmediato. Podemos tomarnos el tiempo para alimentarla.
Mientras que el FOMO es un estado negativo porque sí genera ansiedad e impulsa una acción reactiva. Revisamos de manera compulsiva el móvil, aceptamos invitaciones o incluso nos obligamos a ir a lugares donde no queremos estar, solo por cumplir con esa necesidad de “no perderse algo”.

La diferencia mayor es que el FOMO está enmarcado en una sensación de carencia y comparación social con las personas que vemos en redes, especialmente con nuestro círculo cercano.

SARA:
Desde la psicología, ¿cuáles son los factores o causas más comunes que llevan a que una persona experimente FOMO?

CINDY:
Desde la psicología resaltaría cuatro factores principales, relacionados con necesidades y carencias humanas fundamentales:

  1. El valor personal y la comparación social.
    Las personas que basan su valor en la aprobación externa son más susceptibles a creer que la vida de los demás es mejor. Esta es una de las características del FOMO: pensar que otros viven mejor, tienen más estatus o disfrutan más.
  2. Las inseguridades y la necesidad de control.
    Estar al tanto de todo puede ser un intento de controlar la incertidumbre. Algunas personas buscan esa falsa sensación de control estando siempre actualizadas.
  3. Estilos de vida incoherentes con el propio yo.
    Cuando la vida real no se ajusta a nuestras expectativas o ideales, buscamos gratificación o validación en la vida online de otros.

SARA:
Entonces, según lo que acabas de mencionar, ¿existen rasgos de personalidad o etapas de la vida en las que el FOMO sea más intenso?

CINDY:
Sí, sin duda. Hay patrones claros:

  • Rasgos de personalidad: El FOMO es más fuerte en personas con altos niveles de neuroticismo, ansiedad social o necesidad constante de aprobación externa.
  • Etapas de la vida: Es más común entre los 15 y 30 años, cuando la identidad social se está formando y la validación de los pares es crucial.
    Además, es la población más expuesta a redes sociales.
    A medida que las personas maduran y consolidan su identidad, la dependencia de la validación externa suele disminuir.

SARA:
También te quiero preguntar: ¿de qué forma el FOMO puede influir en conductas cotidianas como compras impulsivas, necesidad de estar siempre conectados o comparación constante con los demás?
Decidí abordar este tema porque en mi entorno cercano veo ese desespero por no quedarse fuera de algo: conciertos, fiestas, tendencias, compras… especialmente en redes como TikTok, donde todo pasa tan rápido que quien no sigue la corriente parece quedarse atrás.

CINDY:
El FOMO influye de manera directa en conductas cotidianas y es un motor de comportamientos impulsivos y dependientes.

  • Compras impulsivas:
    Surgen del miedo a perder una oferta o un producto que “todos están usando”. Es consumo social: se compra para evitar el arrepentimiento.
  • Necesidad de estar siempre conectados:
    Genera un estado de vigilancia constante, con el celular siempre en la mano, revisando notificaciones. Esto deteriora la concentración y el bienestar.
  • Comparación constante:
    Las redes muestran solo lo mejor de los demás. El FOMO intensifica la tendencia a compararse, generando insatisfacción crónica y frustración.

SARA:
Y para finalizar: ¿qué acciones o hábitos pueden ayudar a disminuir el FOMO en los jóvenes actualmente?

CINDY:
Algunas acciones importantes son:

  • Conciencia y conexión con el presente.
    Hablo mucho del propósito: identificar lo que nos mueve, lo que da sentido a nuestras vidas desde etapas tempranas.
  • Practicar la atención plena.
    Enfocarse en lo que se está haciendo, no en lo que ocurre en otro lugar.
  • Zonas libres de tecnología.
    Por ejemplo, durante las comidas o la primera hora después de despertar.
  • Priorizar el bienestar personal.
    Entender que el descanso es más importante que cumplir con una actividad social.
  • Validar el tiempo a solas.
    Aprender a disfrutar la propia compañía es clave.
  • Limitar la exposición a disparadores.
    Dejar de seguir cuentas que generen comparación negativa o insuficiencia.
  • Fomentar interacciones reales.
    Privilegiar el contacto cara a cara y las actividades presenciales que fortalecen la conexión auténtica.

SARA:
Con esta conversación llega el cierre de un tema que invita a detenerse un momento y mirar hacia adentro.
El FOMO, o miedo a perderse algo, es cada vez más común entre los jóvenes, marcado por la presión de estar siempre conectados y la comparación constante con lo que otros muestran en redes.

Sin embargo, como se escuchó, existen formas de afrontar esa sensación y construir una relación más saludable con la tecnología y con uno mismo.

Se agradece profundamente a la psicóloga invitada, Cindy Deossa, por compartir su conocimiento y por ofrecer herramientas prácticas para manejar el FOMO desde la conciencia y el bienestar.

Entre las más importantes se destacan: fortalecer el propósito de vida, practicar la atención plena, equilibrar el uso de redes sociales y priorizar la calidad de las relaciones personales.

Estas acciones no solo reducen la ansiedad, sino que permiten disfrutar con mayor plenitud los momentos reales, esos que no siempre se publican, pero que construyen bienestar.

CINDY:
Sara, nuevamente, muchas gracias por el espacio. El FOMO es un fenómeno que hay que estudiar y atender, porque detrás de él pueden aparecer otras situaciones complejas, sobre todo para nuestros adolescentes, tan expuestos y en riesgo por el uso de redes sociales.
Me encanta que se visibilicen estos temas y que sean los jóvenes quienes puedan reflexionar sobre lo que están viviendo.

SARA:
El mensaje final es claro: no es indispensable estar en todo para sentirse parte de algo.
En una época donde las notificaciones no se detienen y las redes muestran una versión acelerada del mundo, tomarse un respiro es un acto de autocuidado.

Desconectarse un momento, mirar alrededor y enfocarse en lo que realmente aporta valor puede transformar la forma de vivir.
Cultivar la calma, encontrar un propósito y actuar con conciencia son pasos fundamentales para resistir la presión del “deber estar” que imponen las plataformas digitales.

Más allá de la pantalla existen experiencias reales y vínculos genuinos que merecen gratitud y atención.
Reconectar con ellos alivia la ansiedad y permite disfrutar el presente con autenticidad.

Nuevamente, gracias a nuestra invitada por acompañar este espacio y por su mirada humana ante un tema que atraviesa la vida de muchos jóvenes.

En tiempos donde todo parece urgente, recordar que cada persona tiene su propio ritmo es una de las lecciones más valiosas.

Informó Sara Jamza, Unab Radio.