José Ordóñez: de la comedia a la fe

Realizado por: María Camila Monsalve Martínez

Mientras la mayoría de la gente comienzan sus carreras después de graduarse o al conseguir su primer trabajo, José Bernardo Ordóñez López decidió tomar un camino diferente. Con apenas el tercer año de bachillerato completado, este joven de Bucaramanga dio sus primeros pasos en el mundo de la comedia a través de las ondas de la radio local.
En emisoras como Radio del Comercio, Radio Melodía y Radio Primavera, Ordóñez creó y presentó programas como “Los Chiflamicas” y “Carcajadas Melodía”.
Para Ordóñez, la comedia no era solo un pasatiempo, sino una verdadera pasión. Con una habilidad innata para hacer reír a la gente, se dio cuenta de que su futuro estaba en el mundo del entretenimiento. Así que, dejando atrás el escenario de “Sábados Felices” en 1987, donde había encontrado cierto éxito, decidió apostar por sí mismo y lanzarse a la creación de su propio programa de televisión.
“Yo no soy muy amigo de Sábados Felices ni Sábados Felices es muy amigo de José Ordóñez porque yo fui la competencia de Sábados Felices.
La primera vez me presenté en Sábado Felices en diciembre del año 1987 y solo estuve hasta diciembre de 1988, cuando un año más tarde me gané un carro un Renault 4 Máster último modelo. Ósea, no es que me sienta muy cómodo que me pongan el mote de que es de Sábados Felices, no, no, la competencia sí”.
El 2 de septiembre de 1995 se estrenó “Ordoñese de la Risa”. Transmitido por Cinevisión en el horario sabatino de las 7:30 p.m. En el Canal Uno, este programa rápidamente se convirtió en un fenómeno televisivo, atrayendo a una audiencia masiva en toda Colombia.
La producción del programa estuvo a cargo de las programadoras Audiovisuales y Jorge Barón Televisión, con la grabación total a cargo de TRO.
Desde su primer episodio, “Ordoñese de la Risa” capturó la atención del público con su humor fresco y original, superando incluso a su competencia directa, “Sábados Felices”, en términos de audiencia.
Uno de los aspectos más destacados del programa fue la galería de personajes que presentaba, cada uno interpretado magistralmente por Ordóñez. Desde Benito el consentido hasta El Celio, fiel hincha del auriverde, pasando por Pablo Remalas, que durante un tiempo reflejó una etapa de su vida, y otros personajes como Gomelina, Mesmer, Noraima y Wendy Vanessa.
Pero José Bernardo Ordóñez López no se conformó con sólo hacer reír a la gente en la pantalla. En 1993, se propuso un desafío aún más grande: ganar su primer récord Guinness por contar chistes durante 24 horas seguidas. Esta hazaña no solo demostró su dedicación al arte de hacer reír, sino que también lo catapultó aún más hacia el reconocimiento nacional e internacional.
Con “Ordoñese de la Risa” y sus numerosos logros, José Bernardo Ordóñez López se consolidó como uno de los comediantes más queridos y respetados de Colombia, dejando una huella imborrable en el mundo del entretenimiento.
“La rutina para el récord mundial era no tener rutina.
No hacía nada específico, o de pronto bajaba un poquito de peso, pero no tenía una preparación como tal. Preparaba el libreto, a veces, inclusive me trasnochaba antes del récord preparando el libreto, entonces ya llegaba el récord trasnochado”.
En la cima de su carrera, con su propio programa de comedia, guiness records y apuntando a las estrellas como el Atlético Bucaramanga. Sin embargo, detrás de las risas y los aplausos, una sombra oscura empezaba a extenderse en su vida personal.
A medida que su fama crecía, la distancia entre José y su esposa se hacía cada vez más evidente. Lo que una vez fue una relación sólida y cercana, ahora se veía opacada por los constantes viajes, las interminables jornadas de grabación y las tentaciones de la vida nocturna. Mientras el índice de audiencia subía, la brecha entre ellos crecía, alejándose del sueño de construir una familia perfecta juntos.
“Pero cuando a mí me hacen esa pregunta, de cómo se prepara, cuál es el secreto para hacer récords mundiales, yo les digo tengan una buena familia. Siempre necesitamos que de puertas para adentro de la casa tengamos una vida tranquila, un hogar estable, vivamos en paz”.
Cuando los reflectores aún brillaban sobre él, José Ordóñez enfrentó una pérdida que ninguna carcajada podía disimular. Su esposa, Jasmith, tomó la decisión de empacar sus maletas y abandonarlo.
A pesar de todos los logros profesionales, había un vacío que ni el dinero ni la fama podían llenar, y la partida de su esposa lo dejó confrontando ese doloroso vacío.
Durante nueve largos meses, José vivió separado de la mujer con la que había compartido siete años de matrimonio. Y fue en un momento de profunda introspección y humildad que José se arrodilló, miró al cielo y, en ese gesto de rendición, su vida tomó un nuevo rumbo.
“El cambio de mi vida hace que yo empiece a contarle a la gente lo que estoy experimentando y al contar lo que estoy experimentando, fue como empezar a predicar y al entenderlo por qué se dieron esos cambios, a leer Biblia, al entenderla, al querer aprenderla para poder explicarla, pues me fui convirtiendo en una persona que utiliza además el humor como medio de comunicación también para evangelizar. Sin llenar el evangelio, de quitarle la seriedad que debe tener. Entonces, pues gracias a Dios a esa mezcla del humor blanco, de tener una familia, de predicar a Jesús y de hacerlo con humor, pues como que digamos que tengo una versión de un comediante que no existe”.
Para él, este tipo de humor es más que simplemente una elección estilística; es una forma de promover valores positivos y construir puentes en lugar de crear divisiones. En lugar de usar la vulgaridad o la provocación, busca hacer reír a su audiencia con situaciones y observaciones que resalten lo absurdo y lo cómico de la vida cotidiana, sin recurrir a ofensas o estereotipos.
“Cuando empecé a hacer humor blanco vinieron los niños, vinieron los abuelos, vino toda la familia. Cuando tú haces un humor que es para adultos, o con morbo, o con groserías, el espectro de tu público es demasiado corto, pero además te da la satisfacción de impactar la vida del niño y además, te das la satisfacción de que la gente va creciendo y te sigue escuchando”.
y tras mucho esfuerzo y como otros dirían “remando” recuperó el amor de Jasmith Con humildad y perseverancia, demostró que su compromiso con su matrimonio y su familia era genuino. Aprendió de sus errores, se disculpó sinceramente por el dolor que había causado y trabajó incansablemente para cambiar y mejorar como pareja.
“Yo te voy a decir cómo va a ser el futuro de José Ordóñez.
Amando a mi preciosa Yazmith, no me importa si es aquí en Piedecuesta, Floridablanca, en Estados Unidos, en Guatemala, en Perú, en la Luna. Búscame en 4 años y ella va a estar a mi lado, búscame en 15 y ella va a estar a mi lado, búscame mañana y ella va a estar a mi lado. Mi futuro es amando a Dios y muriéndome al lado de Yasmith, eso es lo que le pido al Señor”.
Después de su última emisión el 25 de abril de 2009, “Ordoñese de la Risa” llegó a su fin, marcando el cierre de un capítulo importante en la carrera de José Ordóñez. Sin embargo, para él, este fue solo el comienzo de una nueva etapa en su vida.
Se mudó a Estados Unidos, donde comenzó su camino en la vida protestante, explorando su fe y su conexión con la espiritualidad. Durante ese tiempo volvió a romper records, siendo su último en 2014 con 86 horas de chistes, en el centro comercial Salitre Plaza de Bogotá con nada menos que 9,600 chistes.

Hoy, el hombre que una vez fue el comediante sensación es conocido como pastor de Casa Sobre la Roca, una iglesia cristiana donde predica la palabra de Dios.
Aunque muchos no lo sepan, y al parecer tampoco Wikipedia, José Ordoñez nació en Bogotá, la capital de Colombia. Sin embargo, su corazón y su lealtad siempre han pertenecido a su tierra por adopción, Bucaramanga, a la que él llama “el mejor vividero del mundo”.
Después de vivir 17 años en Estados Unidos, José regresó a su querida Bucaramanga, donde piensa pasar el resto de su vida. Criado en esta tierra y con un corazón santandereano desde pequeño, ha cultivado un amor profundo por su equipo del alma, el auriverde Atlético Bucaramanga.
“Duré mucho tiempo sin ir, porque estaba radicado en los Estados Unidos, a veces por cuestiones que estoy en un show o estoy ocupado, no puedo ir, pero cuando puedo me pegó la escapadita. E inclusive me gusta entrar a occidental baja, que es como como más meterme con la gente a disfrutar de las barras y a recibir un poquito el cariño de las personas. Que también reconocen que uno ha estado ahí toda la vida, haciendo barra por El Bucaramanga.
Me llaman el hincha número uno y a mí eso me encanta, no solamente por el equipo de fútbol, me gusta que me identifiquen con una región”.
José Ordóñez es un autodidacta de sepa, aprendió a hacer televisión con la experiencia, escribe todos sus libretos, es editor, musicalizador, diseñador gráfico. Ha hecho además radio, teatro, cine, ha escrito siete libros de humor, lanzado varios DVD, tiene 19.000 chistes en su repertorio y 9 guiness records.
Pero más allá de todos estos logros profesionales, José reconoce que su mayor éxito y el verdadero propósito de su vida es su fe. Hoy en día, sirve como pastor de matrimonios, compartiendo su sabiduría y experiencia para ayudar a otros a fortalecer sus vínculos familiares.
“Enséñanos a amar, como tú nos amaste subiendo al madero del calvario, y entregando tu vida por cada uno de nosotros. Padre, gracias, gracias, en el nombre de Jesús, este pueblo que vive bajo pentecostés te dice gracias y amén”.