Llenando los vacíos con amor

Realizado por: Alejandra Sierra

Escoge un trabajo que te guste, y nunca tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida (Confusio).

Sandra Milena Rojas Forero, psicóloga de profesión con máster en infanto-juvenil, es la compañía que muchos quisieran tener, una mujer comprensiva, empática, paciente, tolerante, llena de consejos, historias y que va por la vida con un solo objetivo, ayudar a los demás, haciendo lo que ama.

Pero no todo es color de rosa…

Sandra tuvo una infancia que ella misma cataloga como “anormal”.

“Empecé a trabajar desde muy temprana edad, a mis siete años, no viví ciertas etapas que es muy importante en la vida de cualquier ser humano”.

Y al crecer, tomó estas experiencias como una prueba que la ponía a escoger qué rumbo le quería dar a su vida.

“Con el pasar del tiempo, con entender cómo es la vida y cómo son las situaciones, tenía que escoger entre que fuera para bien o que me marcara, por esa razón fue el pensar cómo lo podría hacer”.

Siguió su infancia pensando todos los días que, si ella podía solucionar tantos vacíos y entender tantas situaciones, esto la ayudaría.

Duró toda su adolescencia en la búsqueda de poder crecer de una forma adecuada y aquí apareció la psicología.

“Dentro de muchas ramas o cosas que quería investigar descubrí el mundo de la psicología y desde ahí sentí que podía cambiar mi vida y podría ayudar a otras personas entregándoles las herramientas”.

Sandra comenzó a estudiar psicología para poder tener muchas respuestas a ciertos vacíos emocionales y comprender su historia de vida.

“Vengo de un hogar muy disfuncional, la vida no me dio la oportunidad de tener ni papá ni mamá, pero pues fui criada por otra persona que me dio lo que ella podía darme, siento que desde ahí empezó el amor por descubrir quién era, el amor por lograr tener un concepto claro de mí”

Al inicio de su carrera no fue fácil, nuevas experiencias en la universidad sin un apoyo como el de todos en su clase, ella intentaba ser fuerte, pero es de seres humanos sentir…

“Ser fuerte mentalmente es algo que todos tenemos, pero es algo ilógico que en algún momento de nuestras vidas no nos derrumbemos, como psicólogos sentimos, pensamos, lloramos, tenemos días brillantes y tenemos días grises, lo importante es aprender a sentirlo y aprender a manejarlo”

A medida que pasó el tiempo, Sandra se enamoró cada vez más de su carrera, se graduó y comenzó a ejercer en una organización pública, es aquí, justo cuando empezó, que ocurrió un momento que la marcó.

“Me enviaron a la cárcel a hacer una especie de programa social por un tema de la iglesia y llegué y se sentó junto a mí una persona mucho más joven, mujer, cuando la empecé a entrevistar ella venía muy prevenida y me decía como, ustedes siempre vienen a entrevistarnos a nosotros como si nosotros fuéramos ratones de laboratorio, siempre llegan a vernos como si nosotros fuéramos casos de experimento, se quejaba mucho de las personas que pasaban indagando sobre su vida”.

“Cuando empecé a revisar su historia o las anotaciones que habían de otros psicólogos, me di cuenta que tenía cuatro hijos, que tenía una condena por drogadicción, por hurto, por muchas cosas y quise preguntarle cómo se sentía de estar allí, aunque me parecía ilógica la pregunta, pero mi sentimiento me llevó a decirle, ven ¿Cómo te sientes? ¿Extrañas a tus hijos? ¿Qué es lo que más te preocupa en este momento?”.

“Y ella me respondió con mucha rabia, con mucho dolor y me dijo, usted no se alcanza a imaginar qué es estar aquí y lo que se siente estar aquí, pero yo estoy aquí no porque yo quiera sino yo estoy aquí porque a mí mi mamá me abandonó, a mí mi papá me dejó, a mí me dejaron con una tía que tenía mucho dinero, que tenía ciertas condiciones de vida diferentes, pero yo igual no puedo vivir con ella y yo detesto a mi papá, detesto a mi mamá porque por ellos estoy aquí”.

“Ella no sabía de forma consiente que estaba diciendo una historia similar solo que yo no había tenido la tía rica que me cuidara, pero lo que ella no veía era que con sus actos ella le había hecho lo mismo que le hicieron a ella a cuatro personas más que eran sus hijos, de diferentes padres, que estaban en otro lado y en ese momento yo entendí que cada quien puede tomar su historia, reparar su vida, reasignarle un valor y salir adelante poque ninguna persona es responsable de lo que nos pasa, solamente nosotros”.

Fue como cruzar un puente entre lo que era y lo que está destinada a ser, el tiempo pareció detenerse para permitirle reflexionar, aprender y crecer. Aunque puede considerarse una experiencia desafiante o dolorosa, también fue una vía para su autodescubrimiento.

Su mayor desafío lo ha superado con los años de experiencia logró entender que, así como ella siente, todos sienten, así como ella aprende, todos aprenden, así como ella crece, todos crecen.

“Todo psicólogo debe entender es que frente a él no hay un número, no hay una consulta, hay un paciente que siente que tiene una historia de vida diferente, que tengo que darle toda mi atención y toda mi concentración para poder ser lo más objetiva posible, no involucrar mis sentimientos ni mis experiencias sino poder leer lo que está sintiendo, lo que está viviendo y ser muy objetiva en el momento de ayudarle a buscar herramientas para salir adelante”.

Tomar decisiones pudo alterar el curso de su vida, pero su pilar como siempre: trabajar en ella para ayudar a otros.

“Cada ser humano tiene una esencia diferente, tiene un sentir diferente, tiene unas emociones diferentes y que mi trabajo es estar ahí presente para ayudar a que entienda, que él se conozca y a que pueda aprender a ser feliz”.

Su vida es un testimonio vivo del poder transformador de hacer lo que amas, un recordatorio de que la verdadera plenitud se encuentra en la búsqueda apasionada de aquello que enciende tu corazón y alimenta tu alma. Que nunca se detenga la búsqueda de la felicidad y la realización, porque en el camino de seguir los sueños, se encuentra la magia de ser verdaderamente uno mismo.

Aunque sea un desafío, reconocer que se es humano, con virtudes y defectos y aceptarse a sí mismo, abre puertas a nuevas oportunidades, escoger el camino de la felicidad guiado por una pasión, nos hace llegar a una cima donde se puede ser realmente uno mismo sin miedo al juicio de los demás.

“No hay seres humanos perfectos, todos tenemos lados claros, oscuros y debemos aprender a aceptarnos, a conocernos y amarnos trabajando cada día siempre en nosotros”.