Personajes con Historia – María Fernanda Mantilla, artista plastica

Realizado por: Dayana Parada, periodista.

A veces nuestros hobbies se convierten en señales que nos desvelan para qué seremos buenos en el futuro. Hacerle caso a la curiosidad, también es una forma de explorar la creatividad y reforzar el gusto por algo que en su momento parece sencillo o superficial. 

“Mi mamá, mi tía y mi abuela sí me cuentan que a mí me gustaba mucho bueno como de niña no dibujar pintar jugar con plastilina”. 

Ella es María Fernanda Mantilla, una artista plástica oriunda de Bucaramanga, Santander, quien, sin darse cuenta, se fue inclinando hacia el arte en miniatura desde muy niña. Uno de sus principales recuerdos se remonta a un lugar especial para muchas familias y niños, un parque de atracciones mecánicas ubicado en el área metropolitana de Bucaramanga, específicamente en Floridablanca. Allí, solía existir el Parque Recreacional El Lago, el lugar de origen para que surgiera la pasión de María Fernanda por las miniaturas. 

“Tenía una atracción que era una sala, era pequeña, entraba la persona, era un recorrido y era una ciudad en miniatura y esta ciudad miniatura tenía luces, tenía sonidos, tenía un aeropuerto, tenía tren y era genial o sea era genial”.

Este parque sería su inspiración tiempo después, ya que las terroríficas y perturbadoras canecas de payaso, se convertirían en una pieza fundamental para realizar su serie de objetos de la memoria representando su infancia.

“Yo creería que en un inicio las hicieron como para incentivar que los niños botaran la basura, pero eran feas, daban miedo eran un poco perturbadoras. Podría llamarse como el origen del porqué me gustan las miniaturas”.

Su gusto por el arte, por pintar y dibujar, cada vez se hacían más evidentes, así que al llegar al último grado antes de graduarse del colegio, debía tomar una decisión respecto a qué estudiar en un futuro no muy lejano. Arquitectura, una profesión donde las miniaturas se ven a menudo en forma de maquetas, artes plásticas, una carrera donde explotaría toda su creatividad o por qué no, ambas al mismo tiempo.      

“Cuando ya iba en once yo inicialmente estaba pensando en estudiar arquitectura, caí en cuenta de que había artes plásticas en la UIS, pero no digamos que no es una carrera cómo decir normal”.

La semipresencialidad fue el gancho para empezar a estudiar artes plásticas, pues María Fernanda solo tendría que ir viernes y sábados, y uno que otro día entre semana. Sin embargo, a pesar de los días libres, nunca existió un espacio para algo más.  

“Ni siquiera hubo intención mientras iba estudiando artes, de averiguar, o sea yo no averigüé otra carrera no averigüé arquitectura y en un momento pues realmente se volvió la única opción”.

Y así es como empieza a consolidarse la historia de María Fernanda Mantilla Silva. Una vez en la universidad empezarían a llegar las oportunidades de hacer en grande el arte pequeño. 

Ahora ella, se convertiría en la nueva cronista urbana que rememora su ciudad natal, Bucaramanga, a través de su arte en miniatura.

Cuando nos acostumbramos a nuestro entorno, olvidamos la belleza de nuestra ciudad y los pequeños detalles que nos recuerdan lo que fuimos y lo que somos. Esta es la llamada estética popular de la que María Fernanda no se quiere olvidar.

“Me empiezan a llamar la atención esos lugares que fueron tan importantes para la historia de una ciudad, como es Bucaramanga y que se empiezan a quedar en el olvido”.

Este fue el inicio para empezar su investigación a través de los lugares que quería recrear en miniatura, y que alguna vez fueron emblemáticos en la ciudad y que ya no existen como el Magará, el teatro Rivera y el mesón de los búcaros. Sin embargo, el día que decide empezar a narrar estos lugares surge cuando regresa de Guanajuato, luego de seis meses de intercambio académico de la universidad, pues cuando llegó, el Magará ya no existía. 

Por más de medio siglo, el Magará se destacó por ser un establecimiento comercial de fuentes de sodas, ubicado en conucos, frente a la clínica metropolitana, era un punto de encuentro para muchos bumangueses.

“Y se convierte en un Oxxo que carece totalmente de identidad y que es ajeno a nosotros porque es mexicano”.

Hasta el día en que María Fernanda se va de la ciudad, no existía ningún Oxxo en Bucaramanga, y a pesar de no tener una conexión cercana con el Magará más allá de su admiración estética y arquitectónica, sí existía un gran apego para sus padres y toda su generación que lo recordaban con cariño. Este sería un motivo más para querer inmortalizarlo en miniatura.

“Entonces me causó cierta impresión de que se haya acabado en ese corto tiempo y me empiezo a plantear todo ese tipo de lugares icónicos de la ciudad que fueron en algún momento un punto de encuentro o que fueron, yo los llamo como lugares y no lugares”.

Para María Fernanda los lugares, son los espacios en donde uno se sientes cómodo, que se nota que tienen definida una personalidad, que son acogedores, que te gusta frecuentarlos porque tienen una vibra única; mientras que los no lugares son espacios totalmente ajenos como lo puede ser un centro comercial, porque no le pertenecen a nadie.

Entonces, se da la posibilidad de hablar con don Gabriel, uno de los hijos que heredó el negocio.

“Y cuando yo hablo con él y conecto con él y él esa pasión con la que me hablaba del negocio yo decido dejar de lado los otros lugares y me dedico totalmente a este establecimiento”.

Y de esta forma, empieza a realizar su tesis de grado como artista plástica en la Universidad Industrial de Santander, enfocada a contar toda la historia del Magará, incluyendo anécdotas como que nunca tuvo música, que el único día que cerró, fue en la mañana en la que la madre de don Gabriel murió, y que aún así en la tarde estaban de regreso para seguir trabajando.

Y por supuesto el inicio de todo, cuando estaban a punto de inaugurarlo, el padre de don Gabriel, y dueño del Magará, se fue a unas ferias en Silos, Norte de Santander y se cayó del caballo, lo que produjo su muerte. Este hecho dejó a su esposa doña Maruja, sola con sus hijos y sacando adelante este negocio que se volvió tan icónico para la ciudad y para muchas generaciones.

“Realmente de ahí yo creo que surge la intención de conocer el patrimonio, de conocer aquellos lugares emblemáticos icónicos que han hecho parte de la historia de la ciudad de Bucaramanga”.

Este sería un gran paso para consolidarse como artista de miniaturas, pues no solo el Magará se convertiría en el impulso de visibilizar su arte, sino también para seguir participando en convocatorias que promovieran su talento. Su primer concurso fue en el Museo Arte Moderno de Bucaramanga, donde expuso una carroza de aguacates, un puesto de empanaditas y un carrito de tintos.

“Fue como mi primer reconocimiento, también porque me gané un millón”.

Así es, su primer millón como dice la canción… El primer reconocimiento monetario para sus pequeñas obras de arte. La motivación para crear nuevas piezas y lanzarse a convocatorias como la de la fundación BAT, enfocada en preservar la cultura popular en todas sus manifestaciones, para encontrar la identidad tanto local como regional. 

“Participé, tuve mención de honor. Incluí nuevas piezas como una carroza de frutas, y se expusieron en Medellín, en Bogotá, en Cali, en Villavicencio, en Cartagena, fue como una gira”.

En este punto María Fernanda lo tenía claro, no podía esperar a graduarse para empezar a exponer sus obras y enfrentarse a la crítica. Tenía que experimentar el proceso de montar una exposición, el paso a paso de curaduría y museografía. Así que, a mitad de carrera, junto a sus compañeros de clase realizaron en conjunto la exposición “dibujando ando”. 

“Era un dibujo mío, sentada dentro este mueble y muchas pinturas famosas alrededor no un poquito surrealista y esa fue mi primera experiencia para exponer y bueno así se fueron sumando exposiciones y todo inicia desde que yo hago la caseta”.

La famosa caseta azul, un objeto común que nos recuerda nuestra infancia, nuestra época de colegio o de universidad, y que se convierte en un elemento para la memoria colectiva no solo de Bucaramanga, sino de todo el país. Esta miniatura surgió de un recuerdo, cuando María Fernanda vivía en Provenza, con su mamá solían ir a misa los domingos, para luego hacer fila en la caseta de empanadas que estaba cerca a la iglesia.

“Eso pues las quitaron no, se desapareció y como estudiante en la UIS pues veía estas casetas donde se vendían los toxicombos, pero me daba cuenta de que este elemento de la caseta cada vez desaparecía más”.

Estos eran los recuerdos de María Fernanda, sin embargo, al verlos en formato pequeño cobran otro sentido y se reconocen como parte de la estética popular de Bucaramanga, lo que llama la atención de sus habitantes, ya que cada uno tiene un recuerdo diferente relacionado a ese mismo objeto.

“Sí me doy cuenta de que sí hay una identidad colectiva, hay una identidad como bumangueses o como habitantes de una ciudad con los elementos que hacen parte de la calle”.

Esa misma identidad, haría que esa famosa caseta se volviera viral en Tik Tok, en Bucaramanga y en diferentes partes del país, al desbloquearnos un recuerdo.

“Genera como mucha controversia, se difunde muchísimo y se vuelve meme también”.

Más allá de las visitas que generó, su sorpresa fue la cantidad de comentarios que tenía, cada uno con una historia diferente. Sin planearlo, este se convirtió en el objetivo de la obra, crear una memoria colectiva a través de la caseta en miniatura del colegio. Fue tanta la fascinación que generó en el público, que atrajo a su primer comprador, Freddy Suarez, un bumangués radicado en Argentina, coleccionador de arte latinoamericano, e historiador.

“No me imaginé que me la fuesen a comprar, te lo digo acá sinceramente”.

Esta era la primera vez que tenía la experiencia de vender una de sus obras. Experiencia, porque no sabía que el arte se registra con certificado de autenticidad póliza de seguro.  Así fue como Freddy Suarez, su primer comprador y curador de su exposición, la visitó en su taller, le compró otra obra y le propuso hacer su primera exposición individual, dando como resultado “Entre Calles, Ciudad y Memoria”, obras de objetos populares en la Alianza Francesa de Bucaramanga. 

“Así surgió la exposición más que todo. Siempre ha sido un tema que surge de mí, de mis inquietudes que tengo como habitante de esta ciudad de Bucaramanga”.

De esta forma, María Fernanda pone sobre la mesa los objetos típicos que vemos cuando caminamos por la ciudad, como los típicos carritos de frutas y aguacates que vemos en las aceras, el puestito de raspados de los parques, un carrito de perros calientes, los termos de los tintos, la terrorífica caneca de basura de payaso de El Parque Recreacional El Lago y los famosos juegos criollos: el tejo, la rana y el bolo. Porque de eso se trataba, de contar lo propio. 

Sin embargo, este objetivo no siempre fue tan claro, pues María Fernanda se cuestionaba si debía realizar obras más nacionales, que hablaran de la cultura colombiana en general, o si por el contrario, debía inclinarse por movimientos en vanguardia, los estilos europeos, internacionales e incluso optar por encontrar su propia técnica. Pero un día, le dio sentido a una famosa frase del novelista ruso León Tolstói. 

“´Si quieres ser universal habla de tu aldea´. Nunca se me dio tan fluida hacer arte y expresarme a través de él que cuando empecé a hablar de lo mío, de donde crecí y empecé a representar cosas que son parte de nosotros”.

Fiel a las palabras de Tolstoi, María Fernanda pretende continuar hablando de sus raíces, de la tártara y la piña que caracterizan a los bumangueses, y de los lugares olvidados de su ciudad como la plaza San Mateo, la primera plaza de mercado de la ciudad y el teatro Rivera, el primer teatro de Bucaramanga.

“Estas ventanas hablan de esos lugares abandonados que están condenados a pudrirse y a la indiferencia entonces me llama mucho la atención ese tipo de conceptos”.

El olvido, aquél que abarca lo desechable, las cosas que se consumen rápidamente porque carecen de significado y caen en la basura… Con ese olvido profundo es que María Fernanda quiere sensibilizar a las personas, llevarlas a reflexionar acerca de su entorno, el por qué de las cosas, lo bello y no tan bello de su ciudad, a través de sus miniaturas, o por qué no a través de una técnica diferente.

“Por qué no seguir explorando como una red de email usando objetos (..) vamos a ver adelante qué otros conceptos van surgiendo porque es como lo que yo sienta como artista deba transmitir”.

Como artista, María Fernanda nos invita a detenernos por un momento y cambiar nuestra perspectiva, mirar a la ciudad con ojos de turismo para reconocer la belleza entre cada esquina y la historia que narra lo olvidado.