Trotamundos

Por: Juan Camilo Rojas, estudiante de Periodismo.

Abandonar el hogar y la familia por emigrar a un país desconocido, en busca de oportunidades, es un reto que día a día afrontan miles de venezolanos a la hora de partir de su país. Javier Eduardo Peraza Méndez, conocido en el mundo del Freestyle y el rap simplemente como Faker, es un joven venezolano que como tantos otros se vio obligado a buscar mejor suerte tras fronteras.

Javier es un beatmaker, productor y rapero de 23 años, nacido y criado en la ciudad de Punto Fijo en Venezuela. Nada más cruzar la puerta hacia la adultez, a los 18 años, en lo que en principio era un viaje de ida y vuelta, tuvo que partir rumbo a la que sería la primera parada en su camino: Panamá. “Yo me fui de Venezuela cuando tenía 18 años, me fui hacia Panamá. Mi plan realmente era ir a Panamá, buscar cualquier trabajo y traerme unos dólares a Venezuela para poder seguir estudiando, pero en el momento en el que entre a, por así decirlo, que llegue a Panamá, que vi que había
comida, que podía caminar con el teléfono en la calle. Tampoco era el paraíso, pero comparado con Venezuela era mucho mejor. Yo tome una decisión que fue dejar de estudiar y dedicarme a trabajar porque no tenía mucho sentido estudiar en Venezuela si el futuro se veía super borroso. Emigré cuando tenía 18 años. Emigre en 2016 si no me equivoco”.

En Panamá le tocó trabajar de lo que fuese. Su paso por dicho país estuvo lleno de dificultades. El hecho de no tener pasaporte le supuso una enorme dificultad para conseguir un trabajo lo suficientemente rentable económicamente.
“Era muy difícil, todos mis trabajos por lo menos en Panamá, el 90% fueron espontáneos, es decir eran por eventos. Como mesero, a veces descargando camiones, a veces en construcciones, todo dependía, ¿no? Obviamente también dificultades fueron al no estar legal. Me pasó varias veces que me ofrecían un pago por algo y al final me pagaban menos o ni me pagaban porque no tenía como defenderme yo al no tener un trabajo legal, sabes, un contrato ni nada. Obviamente el estar lejos de mi familia son las dificultades más grandes, creo que suelen ser morales y económicas más que otra cosa realmente”.

Su etapa en Panamá también fue marcada por los múltiples rechazos que recibió a la hora de buscar un empleo estable. Además, le tocó sufrir en carne propia la xenofobia existente contra los venezolanos, a diferencia de lo que vivió en su siguiente destino, Colombia. “Obviamente dificultades personales, el hecho de la xenofobia. Por ejemplo, en Panamá más que en Colombia, en Colombia realmente me trataron muy bien siempre. Pero en Panamá si eran medio
xenófobos, recibí insultos por ser venezolano. A veces me rompían la hoja de vida, el currículum así en mi cara cuando veían que era venezolano o decían que querían solo panameños en el trabajo, etc. Obviamente dificultades de dinero, a veces no tenía plata, me tocaba dormir en el suelo de un cuarto en un colchón sin aire, un colchón, o sea de esos de inflar, pero sin aire. Obviamente de nuevo sin dinero o a veces comía una vez al día, 2 veces al día. También no tener una estabilidad social, financiera. Tampoco un trabajo que me pudiera ofrecer un salario”.

La situación allí se había complicado para los venezolanos. Luego de casi un año en Panamá, Javier aterrizó en Colombia. Llegó a Cartagena con lo poco que pudo ahorrar en Panamá. Todo ello gracias a que Javier tenía un amigo en Cartagena y este le dijo que conocía a la dueña de un hotel, quien le brindaba la posibilidad de trabajar. “Yo llegué a Colombia después de estar en el paso por Panamá, estuve casi un año por Panamá y luego me fui a Colombia. Llegué a Cartagena con unos ahorros que tenía en Panamá. La situación en Panamá se había complicado para los venezolanos y tenía un amigo en Cartagena el cual su mamá tenía una amiga que tenía un hotel. Que según podía darme empleo entonces fui para allá. Lo del empleo fue, me estaban imponiendo un poquito más de lo que realmente habíamos
conversado al comienzo. Me estaban dando responsabilidades que no tenían que ser mías. Por ejemplo, Me habían dicho que era para trabajar como recepcionista y me ponían era a limpiar baños. Me pagaban menos de lo que me ofrecieron al comienzo. Me descontaban plata del sueldo de manera también por cualquier cosita que pasaba me descontaban plata del sueldo. el proceso de migrar no fue tan difícil. Simplemente fue compre mi pasaje y me fui como turista a Colombia”.

En un principio Javier no tenía la mejor imagen de Colombia, por lo que no estaba muy convencido de su decisión. Sin embargo, a pesar del duro comienzo, en Cartagena cambió su visión del país. “Yo realmente, siendo totalmente honesto, no quería ir a Colombia porque yo pensaba que Colombia era lo mismo que Venezuela. Tipo, para que voy a ir a Colombia, es un país donde es puro narcotráfico, pura delincuencia, para eso me devuelvo a Venezuela, tal tal tal. Esa era mi imagen principal que tenía al nunca haber estado en Colombia. Fui a Colombia por la oportunidad que salió
del trabajo y dije, bueno, que más, voy a intentar, mejor eso que estar aquí en Panamá varado. Y nada yo agarre y me fui a Colombia, y cuando llegue a Cartagena me pareció increíble. O sea, obviamente yo estuve viviendo en la parte del centro turístico que es donde estaba mi trabajo, que era un hotel. Y muy bonito y todo, me gusto bastante. Me cambió la imagen de Colombia”.

No fue hasta obtener el permiso especial de permanencia para venezolanos, PEP, cuando mejoró todo. Gracias al PEP, Javier pudo conseguir un trabajo legal como desarrollador de negocios y renunciar a su trabajo en Cartagena, donde lo estaban explotando. “La oferta me llegó desde Medellín, o sea yo estaba en Cartagena, conseguí el trabajo por internet, estaba en Medellín mi jefe y él me dijo vente a Medellín y cuando llegue a Medellín fue una cosa
increíble”.

“Pero no fue sino hasta que llegué a Medellín, cuando llegué a Medellín fue que mi vida, o sea, realmente yo sentí que estaba en un sitio super bien, super cómodo. Medellín es una de mis ciudades favoritas de las que he estado en mi vida y Medellín también fue una ciudad que me supo acoger muy bien. Muchas amistades y demás dejé en Medellín. Mi familia realmente, mis padres viven en Medellín. Porque yo cuando llegue a Medellín conseguí un buen trabajo, ahorre dinero y me traje a mi familia de Venezuela a Medellín. En Medellín siempre hemos estado muy felices. Yo cuando vivía en Medellín estuve muy muy feliz. Me gusta mucho, más que Cartagena inclusive, y nada. La cultura de la gente en Medellín también es increíblemente buena”.

Ya en Colombia, Javier recuerda lo que se encontró en sus primeros días en el país, de los que mantiene un grato recuerdo. “En Colombia lo primero que me encontré fue calor, obviamente. Mucho mucho calor en Cartagena. Me sorprendió ver la cantidad de turistas que había, sobre todo en Cartagena. Me di cuenta que también, al menos en la ciudad de Cartagena era muy parecido a mi acento venezolano, porque yo también soy costeño. Y la gente, realmente nunca tuve un problema con la gente. En Cartagena fueron un poquito más como cerrados que en Medellín. Pero por lo menos mis primeros días en Medellín fueron increíbles. Yo sentí que estaba en otro mundo. La ciudad muy limpia, la gente muy amigable, el clima muy rico, o sea, yo los primeros días en Medellín para mí fue como un paraíso”.

Con respecto a la cultura, Javier señala que son muchas las similitudes de Colombia con respecto a su hogar, Venezuela. También indica que la cultura de estos 2 países dista mucho de la de Panamá. “Comparado Colombia con Panamá, en Panamá la gente, me sentía en una cultura completamente diferente. En Colombia me sentía casi que en casa. Tengo muchos amigos colombianos que yo los considero mis hermanos y de verdad siento que son más las similitudes que diferencias que tenemos entre venezolanos y colombianos. Honestamente. La cultura, la gente, por lo menos lo que sentí es que la gente en Colombia es un poquito más quizás cariñosa que en Venezuela, pudiese ser. No sé, lo sentí un poquito más al menos en Medellín, mucho más cariñosos. En Cartagena si son un poco más cerrados. No sé, realmente somos muy similares en cuanto a también costumbres, tradiciones y demás, ¿no?”.

Los primeros meses le llamó la atención el dialecto de los colombianos. Sin embargo, en general no le ha parecido nada extraño de la vida en Colombia. “Cuando viví en Colombia no me pareció nada extraño realmente. Vivir en Colombia no me pareció nada extraño. Lo único que era, me costaba a veces acostumbrarme era a veces el dialecto,
el acento, las palabras. Por ejemplo, chimba, que es algo que en Venezuela es algo que es malo y en Medellín lo dicen mucho como algo bueno. Entonces ese tipo de cosas fue difícil adaptar un poquito, las cosas más coloquiales por así decirlo, pero nada muy bien, me gustó mucho vivir allá”.

La búsqueda de trabajo, destaca Javier que ha sido la labor más complicada a la que se ha enfrentado en los diferentes destinos en los que ha estado. No solo para él, sino para su familia. “Dura, muy dura. Por lo menos en Panamá fue super difícil. Conseguía trabajos tipo. Primero me toco vender dulces en la calle, me toco trabajar en construcción, cargando camiones, limpiando piscinas, jardinero, topo tipo de trabajos mal pagados porque no podía. Luego en Cartagena conseguí ese trabajo en un hotel que también me pagaban muy poco me trataron muy mal también. Y después conseguí un trabajo que es el que tengo ahora actualmente, desarrollador de negocios, lo conseguí estando en Medellín porque mi jefe es un argentino que vive en Medellín y nada ahí se me estabilizo todo gracias a dios”.

La búsqueda de trabajo no fue nada sencilla. Para Javier es algo que también depende mucho de la persona. Siente que logró estabilizarse debido al tipo de persona que es, alguien que siempre está moviéndose. Aunque hay personas que no están acostumbradas a salir, a buscar trabajo y son a las que les cuesta más. “Pero por lo menos mis padres también, ellos son migrantes, están en Medellín y a ellos les cuesta mucho conseguir trabajo por la edad, ellos tienen 50 años y ellos están super preparados. Tienen posgrados, magísters en periodismo y educación y aun así no, a veces ni siquiera les dan trabajo porque dicen que están sobrecalificados, lo cual es un poquito absurdo pero bueno. A ellos si les ha costado mucho más conseguir un trabajo”.

Su gran pasión es la producción musical, una faceta suya en la que a pesar de llevar poco tiempo ha trabajado con importantes freestylers y raperos de todo el circuito. “Soy productor desde hace 2 años. He trabajado con gente como, por ejemplo, de Colombia con Valles T, que es el campeón de batallas de free de Colombia. Trabajé un tema, un par de proyectos con él, y nada para ser productor musical simplemente tienes que decidirte por que género musical te gustaría hacer y empezar a estudiar eso, puede ser por tu cuenta por YouTube y demás”.

Desde muy chico, Javier soñaba con trabajar en la música, lo que lo llevó a aprender a tocar la guitarra. “Brother, más que nada fue cuando tenía como 15-16 años que me fui de mi ciudad hacia otra ciudad de Venezuela para estudiar, y escuchaba mucho hip- hop, mucho rap porque era lo que me sentía que me identificaba más. Y primero quería ser rapero y después quise ser productor porque toco guitarra”.

Dentro de los géneros en los que trabaja se encuentra todo lo que es más o menos urbano, Hip Hop, Trap y Rap. Finalmente, en Colombia empezó a dar sus primeros pinitos como productor. “Mis inicios como tal fue cuando vine a Colombia por primera vez que me compré un pequeño tecladito y yo en la laptop que tenía humilde empecé a producir. Yo solo y empecé a trabajar con una gente de Palmira cuando estaba en Medellín después. Se llama Quilimbao, se llama el chico. Que hicimos un pequeño tema así super básico por así decirlo y fue la primera vez que trabajé con un artista. Fui mejorando y creciendo. Eso fue cuando tenía como 4 meses produciendo”.

Posteriormente, gracias a su trabajo con algunos artistas del país, cruzó su camino con el rapero colombiano Valles-T con quien colaboró en una producción. “Bueno fue que yo, como él es de Palmira, la primera persona con la que trabajé me lo presentaron a él, y empecé a conversar con él por WhatsApp y le envié unas cuantas instrumentales y le gustó una de una como medio Bossa Nova que se llama una hermosa hizo un freestyle a esa canción. Nada, tenemos una buena relación, no hablamos tanto porque él está muy ocupado de su parte, yo también estoy ocupado en la mía. A veces conversamos, le mando instrumentales, me dice mira quiero hacer algo así, algo así, y yo lo envió instrumentales y así. Es una muy buena persona”.

A día de hoy, son múltiples los artistas con los que ha trabajado, en su mayoría raperos y freestylers. También colabora con La Freestyle Master Series – conocida mundialmente como FMS -una liga anual de freestyle en español que enfrenta a 10 MCs de un mismo país. “Más que todo gente dentro del mundo del freestyle. He trabajado con gente como Valles T, Lancer Lirical que es de Venezuela, Chang es de Venezuela, Yoiker de México, SNK de costa rica, he trabajado con Cocinando Skill España y soy productor oficial de la FMS”.

A pesar de todos sus logros, Javier Peraza afirma que todo lo que sabe como productor lo ha aprendido solo con internet y después haciendo breves cursos de mezclas de voz y demás elementos con algunos productores. Su familia por su parte apoya su trabajo. “Ellos me apoyan mucho porque saben que es lo que realmente quiero y nada me apoyan y están muy orgullosos de mí”.

A pesar de todo, en su oficio como productor, las dificultades y los problemas también están a la orden del día. “Gente que no quiere pagar y gente que menosprecia un poco a los otros productores, a los productores más que todo raperos y demás. Y también obviamente el costo de comprar equipos y demás”.

Actualmente, Javier se encuentra radicado en Polonia, ya que su novia, con la que lleva 2 años de relación y está comprometido, es polaca. Ella es su razón para vivir tan lejos de su antiguo hogar. “Una hermana, una media hermana que actualmente vive en Estados Unidos, que está casada con un hombre de Escocia y ellos estuvieron por acá por un año trabajando y ella me dijo que la visitara, la visité y conocí a mi novia. Eso fue en el 2018, conocí a mi novia y después me regresé a Colombia, después mi novia fue a Colombia a visitarme y nada estuvimos por Medellín, por Cartagena también. Y después yo me vine para acá en 2019 de manera definitiva”.

Antes de llegar no conocía nada. Solamente Lewandoski, el futbol y que era un país frío, muy frío. Rápidamente las comparaciones con Venezuela se hicieron presentes. “Similitud realmente ninguna. Polonia es un país que realmente no está desarrollado, se está desarrollando en los últimos años. Es un país que sufrió muchas guerras y por ende se vino a desarrollar tipo comienzos del año 2000, 2005 por ahí, cuando se unió a la unión europea. Y similitudes no hay casi ninguna de verdad. Y diferencias bueno muchísimas. La cultura, la gente es más fría, el clima es mucho más frio, la comida es totalmente diferente, las costumbres… Lo único que si tiene similar son un par de celebraciones católicas porque por lo menos Venezuela es un país católico y tiene sus celebraciones que son iguales que en Venezuela. La gente, la gente es un poco rara, la verdad. La gente es muy fría, muy reservada. También tiene que ver por el clima. El clima la verdad siento que afecta mucho a las personas también, porque obviamente aquí al estar a -10 grados, -15 grados nadie quiere hablar con nadie. Todos quieren estar en su casa y ya. Lo más extraño es eso, el clima que es horrible y las personas son un poco frías y cerradas”.

En Polonia, también sufrió un ataque de xenofobia, aunque en este caso, no precisamente por ser venezolano.
“Fue más por ser extranjero. Me pasó solamente una vez que un señor me empezó, cuando no hablaba el idioma, ya yo hablo polaco, cuando no lo hablaba un señor me empezó a gritar que me vuelva a mi país, que yo no soy de aquí, que tengo que hablar polaco, que Polonia es para los polacos y tal pero no por ser venezolano precisamente sino simplemente por ser extranjero. pero no pasa mucho. Aquí la gente no son malos”.

Actualmente sus planes pasan por radicarse en Polonia, aunque siempre con Medellín en sus pensamientos. “En Polonia si tengo planes de quedarme, igualmente yo también tengo planes de volver a Colombia por lo menos a visitar. Porque yo amo Medellín de verdad. He estado en España, Alemania, y todo de paso y hay ciudades que siento que ni se comparaban a lo que es por ejemplo Medellín. Es simplemente increíble, yo estoy enamorado de Medellín, y nada, mis padres acá. Yo me fui solo pero luego me los llevé a ellos a Colombia. Y ellos viven muy felices también, obviamente muy tranquilo. Pero siempre extrañando un poco la casa y difícil para ellos también no tener trabajo”.

Su vida en Venezuela ya queda muy lejana. A pesar de que su situación en su país nunca fue precaria, emigrar hacia otros países le dio un giro de 180 grados a su vida, transformándola por completo. “Yo en Venezuela era estudiante. Estudiaba en una universidad en la ciudad de Barquisimeto. Estudiaba derecho, estaba cursando mi segundo año de derecho, pero mi vida era normal. No estaba tan mal, por así decirlo, en comparación con otras personas porque estaba trabajando con un familiar el cual tenía un negocio ya y trabajaba con el como intercambio para que me ayudara con los estudios y demás. Pero si obviamente lo típico que todo venezolano vivía, inseguridad,
delincuencia y demás. Tener que hacer colas para comprar comida y ese tipo de cosas. Pues la verdad no fue tan duro, fue más duro el tiempo después que me fui. Porque yo me fui con la idea de volver, por eso no me dolió tanto por así decirlo. Me dolió fue estar lejos de ellos después. Realizar que por ejemplo navidades, año nuevo, cumpleaños, fechas en las que estoy completamente solo, sin ningún amigo, fue difícil. Lo único es que por lo menos en Panamá estuve
un tiempo con un medio hermano mío y eso me hizo sentir un poco mejor, pero pasé navidades completamente solo y demás”.

Lo que en un inicio se contempló como un viaje temporal se convirtió en toda una travesía llena de capítulos, de experiencias vividas y de un invaluable aprendizaje. Una travesía en la que no hubo tiempo de despedidas.