Un amor sin fronteras

Por: Natasha Parra, estudiante de Periodismo.

“El amor no tiene fronteras, no tiene edad, no tiene religión”. Afirma Pedro Pablo con los ojos aguados mientras cuenta la historia de amor que lo hizo emigrar de Cuba a Bucaramanga hace doce años.

Esta es la historia de Pedro Pablo Peña Sánchez, mejor conocido como: “Cuba”, un hombre intelectual de 65 años que emprendió un viaje por seguir a su corazón pero que en el camino, hasta el día de hoy, se ha ido enamorando de nuestra bella ciudad de los parques, Bucaramanga. “Yo tengo varias profesiones y una de mi profesión es el pastor evangélico, ella fue a mi iglesia y estábamos solteros los dos, nos enamoramos, nos casamos. Ya casado por los trámites normales todo el protocolo de migración normal de Ministerio Relación Exterior de Cuba a Colombia. El
amor, como dice la biblia todo lo cree. Simplemente que ella es colombiana y yo soy cubano, pero es la misma forma de hablar, es el mismo lenguaje internacional, el lenguaje del amor”.

Desde el primer momento en el que se conocieron, Cuba sabía que ella iba a ser la persona que lo iba a acompañar por el resto de su vida. “Hay cosas que ni uno mismo se puede explicar cómo suceden, pero si hablando la realidad, a
veces Dios habla a la vida de uno y al corazón y me habló, esa es su compañera, eso es todo. Me ha incentivado mucho y me ha dado mucho ánimo para poder seguir hacia delante, como he tenido un apoyo total de su parte. La relación es excelente y el nivel de comprensión, el nivel de ayudarse mutuamente es muy relacionados, muy bueno”.

Mientras su cara irradia alegría, Pedro Pablo afirma: “Siempre vale la pena, cuando tú mires las cosas que tú haces desde un punto de vista correcto siempre le ves una óptica buena y yo creo que sí, que vale la pena, valió la pena. Ahora el cinco de mayo cumplimos como 13 años, 13 añitos”.

Quedarse en Cuba no fue una opción, pues su esposa ama tanto a Colombia que no quiso estar lejos del lugar que la vio crecer. Sin embargo, la decisión de venir a Colombia la tomaron los dos porque desde el primer momento soñaron con hacer una vida juntos. “Ella ama Colombia y prefirió venir y quedarse acá y me invitó a quedarme acá, y yo me quedé. Lo primordial no es vivir en un país o en otro país, lo primordial es amarse, quererse. El noviazgo duró como un año y meses, después nos casamos y estuvo como ocho meses mientras hacía los papeles y de una vez todo el protocolo internacional migratorio vine para acá”.

Llegar a un país desconocido es difícil, hay que adaptarse a costumbres y formas de vida muy diferentes a las del lugar de origen, y se torna peor cuando la situación económica se complica. Pedro Pablo dejó su trabajo de juez lego en Cuba, quien en Colombia es el juez de paz y reconciliación. Llegó a este país con la esperanza de seguir con su trabajo pero no pudo ejercer y terminó vendiendo tintos en Cabecera. “Usted en Cuba puede trabajar con la edad que tenga, simplemente mostrar su expediente laboral. Allá se dice expediente laboral y aquí se dice hoja de vida. Aquí ya es muy difícil como un universitario le cuesta trabajo encontrar trabajo. Una de las cosas que traté de buscar fue por la vía de juez lego, otro pudiéramos decir por las conferencias y de hecho estudié periodismo y locución y me hice fisioterapeuta, todavía no he hecho nada quizás porque no haya puesto la presión para hacerlo, pero si le digo que es muy difícil encontrar un trabajo y es muy difícil también encontrar algo que te pueda gustar de acuerdo a lo que aprendiste”.

Sin embargo, para Pedro Pablo vender tintos es un trabajo del que está agradecido, aunque no gana dinero de sobra, le alcanza para lo que necesita. Esto no le impide seguir soñando y tener sus ganas de vivir intactas. Este soñador intelectual siente que la edad y lo material no es impedimento para ser feliz y serle fiel a su filosofía de vida, “camino hacia la excelencia”.

“Con la edad que tengo soy un eterno joven, un joven eterno. Estoy muy bien, me siento muy bien de ánimo, espiritualmente, materialmente así que nada me afecta. Me levanto con el propósito de que, por ejemplo, el día de hoy tiene que ser mejor que el de ayer, y cuando me levante mañana, el día de mañana tiene que ser mejor que el de hoy. Es decir, yo vivo una vida ascendente no descendente”.

Incluso, este joven eterno tiene el deseo de poder ayudar a muchas personas por medio de lo que, según él, lo hace único: su don del habla. “Ayudaría a muchos necesitados porque, por ejemplo, yo puedo trabajar cualquier acuerdo, es
decir que hablando soy polifacético y puedo trabajar en cualquier en cualquiera de esas vías y mejorarlo, ¿no? Me gustaría mucho hacerlo si me diera la oportunidad en cualquiera, mayormente me gustaría trabajar con la juventud que está sumido en la droga sumido en las desviaciones que realmente no son las más idóneas para los jóvenes”.

Bucaramanga es la ciudad a la que llegó para empezar esta travesía. El 27 de febrero de 2009, fue el día en que un cubano de nacimiento como don Pedro Pablo Peña se convirtió en un santandereano de corazón al pisar por primera vez, tierras bumanguesas. “Los árboles, las calles, el trato de las personas y una ciudad que geográficamente me gusta
mucho es muy bonita, la he aprendido a querer, y Bucaramanga una ciudad bonita desde el punto de vista geográfico y estructuralmente es muy es muy hermosa. Creo que está catalogado como la octava ciudad del mundo bonita”.

El trato de la gente fue lo que cautivó a “Cuba”, pues desde el primer momento en que llegó recibió un trato muy diferente al que estaba acostumbrado. “Los colombianos son muy buenos, son agradables, son humildes. Claro, el cubano también pero el carácter del cubano un poco más fuerte que el de los colombianos porque Cuba fue colonizada por España y España tiene un carácter fuerte; y Colombia no, Colombia fue otro tipo de colonización. Encuentro que las personas colombianas son humildes, sencillas y agradables”.

La tristeza y la nostalgia han estado presentes en estos doce años fuera de su país. Aquellos días en los que pasaba su vida en Matanzas, una ciudad al occidente de Cuba que está atravesada por tres extensos ríos. “No, en cualquier momento yo quiero ir a Cuba, voy a Cuba, voy de visita, estoy con la familia, pero regreso. Va a ser desde el 2013 en agosto, va a hacer ocho años precisamente”.

Para Pedro Pablo hay valores primordiales tanto en la vida, como en las relaciones. Es por esto que esta persona es una muestra de que realmente se puede atravesar el mundo y hacer cualquier cosa por amor, desde dejar su trabajo hasta cambiarse de país. “Porque hay sentimientos, hay valores, hay cosas que realmente no se puede jugar con eso. Los
principios no se negocian, a nosotros los cubanos nos enseñaron eso, que los principios son innegociables. Me gustó mucho la historia de un soldado profesional de Colombia de 23 años que le ofrecieron 80 millones para que lo dejaran libre por una libre por una lancha y él dijo, no señor, y los cogió presos. Eso es una prueba. Dios no es un Dios de infidelidad, por ahí tiene que ser. Es un consejo a grandes rasgos, pero el matrimonio y la relación de noviazgo es más profunda de lo que usted se puede pensar, no es solo una cosita de huevo, porque hay sentimientos, hay valores. Cosas que realmente no se puede jugar con eso y los principios no se negocian”.

Pedro Pablo se despide dando las gracias y diciendo que debe seguir vendiendo. Más que una persona, don Pedro Pablo es un ícono para los Bumangueses que cada día lo ven pasar por las calles de Cabecera con su carrito tintero, su gorro bohemio y una sonrisa que da fe de que el amor por la vida, impulsa a cualquier persona a hacer que cada día sea mejor que el anterior.